relatos de banana yoshimoto

Historias de juventud

Narradas en primera persona, la mitad por una voz masculina y la otra por una femenina

Banana Yoshimoto. (Foto: Itsumi Ino/Planeta)
Banana Yoshimoto. (Foto: Itsumi Ino/Planeta)

El concepto de levedad aplicado a la narrativa japonesa ya es un lugar común y parece designar algo que arrastra por igual partes de ingenuidad, liviandad y cierta interminable adolescencia, por lo menos a ojos occidentales. Algo así como un elegante flotar entre las nubes con el riesgo de estrellarse en el suelo torpemente. Aplica tanto a Sei Shônagon como a los contemporáneos Haruki Murakami o Banana Yoshimoto, con resultados dispares. El caso de esta última tiene algunas particularidades que para algunos lectores pueden acercarse a lo flagrante y para otros dar lecciones de humildad y modestia. También puede definirse como estrategia de marketing el hecho de que Yoshimoto en sus libros incluya posfacios donde nos agradece que la leamos, nos promete que seguirá esforzándose "para escribir cosas interesantes" y, por si no se advierte, nos dice de qué va la cosa. De qué escribe, qué quiere decir, etc. Así pasa en Lagartija, un volumen de seis relatos que Banana, nacida en Tokio en 1964, había publicado en 1993 y ahora llegan en español por medio de editorial Tusquets. Son historias de juventud narradas en primera persona, la mitad por una voz masculina y la otra mitad por una voz femenina, posteriores al debut exitoso de la autora con una novela titulada Kitchen (1987), tan etérea y evanescente como estos relatos.

En "Recién casados" un joven esposo viaja borracho en un tren y se pasa de la parada que lo dejaría en su casa. Como eslabones delirantes de su culpa se sientan a su lado primero un anciano andrajoso y luego una mujer atractiva con la que conversa, haciendo un retrato poco favorecedor de su propia esposa. Podría convertirse en un Odiseo o un Wakefield que retornara una vida después, pero difícilmente en la literatura de Yoshimoto, donde un baño de claridad restaura siempre las pequeñas tragedias. Lo mismo ocurre en "Lagartija" donde el refugio del amor combate la "energía negra" del mundo. En "Soñando con kimchi" la protagonista cuenta cómo logró casarse con su amante, y sustituyó la espera de ser elegida por la espera de ser dejada. En "Una curiosa historia a orillas de un gran río" una joven deja el sexo grupal cuando enferma del hígado y se vuelca a una relación monogámica a la vez que descubre un terrible secreto ligado a su nacimiento. Y todo, por supuesto, se arregla.

No son solo los finales neutros y sin tensión, ni los diálogos insustanciales, ni las voces que se autodescriben pero sin carnadura, ni el ligero aire de sensiblería que exhala en cada historia (por imaginativa que parezca en algún momento). Es todo eso y es sobre todo la presencia de un discurso correcto y superficial que se quiere vender a toda costa como un sorprendente surtido de lecciones de vida.

LAGARTIJA, de Banana Yoshimoto. Tusquets, 2017. Barcelona, 158 págs. Trad. de Gabriel Álvarez Martínez. Distribuye Planeta.

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