Ensayo y novela de Claudio Magris

Las historias destituidas

No solo se trata de contar las historias, sino insistir en aquellas no contadas o destituidas por la gran Historia.

Foto María Teresa Slanzi
Claudio Magris (Foto María Teresa Slanzi)

Llegan, casi al mismo tiempo, dos libros de Claudio Magris, el italiano que ha trabajado el vínculo entre viajes y literatura. El primero es un ensayo, El secreto y no, una indagación del secreto como arma de poder, instrumento de la religión y componente clave de la literatura, y el segundo es una novela, No ha lugar a proceder, basada en la historia real de un coleccionista de Trieste empeñado en montar un museo para todas las armas del mundo, cuya finalidad era lograr la paz universal.

Magris (Trieste, 1939) se ha ganado una reputación con la pregunta ¿por qué viajamos?, cuyo resultado está en obras como El Danubio o Microcosmos. En el prefacio a la recopilación de notas de viaje publicadas en el diario Corriere della Sera (El infinito viajar) le dio a esa pregunta once posibles respuestas. Dijo, entre otras cosas, que la forma cómo viajamos es la forma cómo vivimos, pues toda la vida es un viaje. Puede ser apremiante y apremiado, para que sea otra etapa más a cumplir, o puede estar centrado en el presente, en el disfrute de cada momento, en el aquí y ahora de cada instante, y dispuesto a hacer paradas imprevistas, desviaciones no programadas, para convertirlo en una experiencia confiada al sentido de las posibilidades. Viajar, dice Magris, es dar cuenta de la realidad, pero también de sus alternativas, sus vacíos, sus historias no contadas, impedidas o destituidas por la gran Historia.

NOVELA TOTAL.

No ha lugar a proceder toma la historia del personaje real de Diego de Henriquez, un ser desmesurado que en vida buscó montar con las numerosas armas de su colección un "Museo total de la Guerra para la llegada de la Paz y la desactivación de la Historia". Magris intuye que detrás de esa aparente locura hay una gran historia no contada, impedida o destituida. Henriquez, por ejemplo, llegó a publicar en prensa escrita, estando acosado por deudas y acreedores, un aviso que decía "Submarinos usados. Compro y vendo", frase con la que Magris abre la novela. Henriquez murió en un misterioso accidente, un incendio en una de las salas de su futuro museo, y el caso fue cerrado por las autoridades con un "No ha lugar a proceder", que Magris toma para el título. Entiende que no es posible cancelar la Historia con una sentencia. Al final el museo se concretó y se llama Civico Museo della Guerra per la Pace Diego de Henriquez, y está abierto al público en Trieste, como se puede comprobar en Internet.

Magris cree que detrás de cada arma hay una historia que vale la pena contar. Desarrolla entonces una novela total, y lo hace a partir de varios personajes donde destaca el de Luisa, hija de una judía deportada por los nazis y de un sargento afroamericano; es la encargada de ir dando forma real a ese museo en la novela. También aparece, entre muchas, la historia de un soldado alemán ejecutado por la Wehrmacht por negarse a disparar contra la población polaca, o los arcos y el hacha de Cerwuis Piosad Mendoza, el indio chamacoco paraguayo llevado a Europa por un famoso etnólogo europeo, que luego hace de las suyas con historias delirantes, para terminar de vuelta en Paraguay durante la Guerra del Chaco. Cada sala y cada arma dispara nuevas historias o anécdotas, sea una ametralladora automática alemana, la MP-44, antecesora de la simple y económica Kaláshnikov soviética, o un U-boot, submarino alemán de la Primera Guerra Mundial, o las plantas carnívoras de la sala No. 21, porque sus raíces emiten toxinas para destruir otras raíces en alianza con las acacias y una especie de hormigas, hecho que en su momento motivó una conferencia del coleccionista "sobre las guerras en el mundo vegetal".

Y de a poco surge el gran enigma: la desaparición de unos papeles con los nombres de los delatores y traidores de la Risiera, en la periferia de Trieste, donde funcionó el único horno crematorio nazi de Italia durante la guerra. Esos nombres, escritos en las paredes de las celdas por los propios presos antes de morir o ser deportados a los campos de exterminio, fueron registrados por el coleccionista. Evocan una materia que aún hoy quema, porque la Risiera existió de verdad y fue mantenida en secreto por autoridades aliadas luego de la "liberación" de 1945, sus verdugos y torturadores recibieron visados para emigrar a los Estados Unidos con una facilidad asombrosa, y todos los documentos referidos al lugar permanecen, aún hoy, no consultables en archivos ingleses. Entre las muchas historias impedidas o destituidas que Magris recupera ésta es, quizá, la más dolorosa y repugnante.

NO SOLO ESPÍAS.

El ensayo El secreto y no trata del secreto en diferentes esferas de la vida, sea en política, religión, literatura o en la propia intimidad de cada ser humano. Magris, por ejemplo, recuerda a un primo de cuando eran niños cuyo mayor anhelo era que le regalaran una placa de agente secreto no para guardar secretos sino para ser él mismo secreto, oculto a todos los demás, historia que le lleva a explorar así las contradicciones que ese deseo desata en la intimidad. Luego indaga en el vínculo entre secreto y poder político, sobre todo en la forma cómo los grandes déspotas han llevado esa ecuación hasta límites insospechados, aprovechando esa condición difusa del secreto. "Cuando Goldstücker el gran crítico de Kafka, militante comunista en los años terribles y después embajador de la República Popular Checoeslovaca fue sacado de la cama y arrestado durante la noche por la policía secreta comunista y preguntó de qué se le acusaba, un esbirro le propinó una bofetada diciéndole que él ya lo sabía y que tenía que confesar sus culpas secretas. Algo que se desea indefinible, porque, si fuese definible, sería también limitado. La figura por excelencia del déspota envuelto en el secreto es la de Stalin, que quizá por eso parece infundir, en el imaginario, más terror que otras figuras no menos sanguinarias, como la de Hitler".

La exploración de la relación entre el secreto y la literatura es aún más provocadora. Si Magris recomienda la novela La guarida, de Norman Manea, es porque en ella hay un personaje que representa la "desvergonzada cultura que indagó genialmente en el universo del mito, y a veces lo emborronó y lo falsificó, despreciando las ideologías (liberales y democráticas) en nombre de las inefables verdades de lo oculto, esto es, de las peores ideologías", el fascismo y el antisemitismo nazi. Propone a su vez a Javier Marías como "uno de los grandes escritores que ha afrontado la ambigüedad del secreto, su revelación y su custodia", sobre todo en su novela Corazón tan blanco, cuyo protagonista dice desde las primeras líneas que "no he querido saber, pero he sabido", y eso define su desgracia.

Y dedica dos páginas al secreto que mantuvo oculto al crematorio de la Risiera. Un secreto "necesario" para el poder, cuya prerrogativa es "esconder, cubrir, borrar, hacer desaparecer la verdad". Todo es parte, entonces, de una misma historia, destituida y oculta, y ahora recuperada.

EL SECRETO Y NO, de Claudio Magris. Cuadernos Anagrama, 2017. Barcelona, 48 págs.

NO HA LUGAR A PROCEDER, de Claudio Magris. Anagrama, 2016. Barcelona, 384 págs.

Ambas traducidas por Pilar González Rodríguez. Distribuye Gussi.

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