Novela premiada

Guillermo Arriaga sobre amor y violencia en México

Del amor cómodo al amor peligroso hay sólo un paso, y es lo que Guillermo Arriaga explora en esta novela del dolor y la violencia, en un México implacable.

Guillermo Arriaga
Guillermo Arriaga (foto Ruben Márquez)

Con miles de muertos y desaparecidos, el flagelo de la violencia se esparce a lo largo y ancho del territorio mexicano. Eso está en el libro de Guillermo Arriaga Salvar el fuego (Premio Alfaguara 2020) ambientado en una actualidad que a nadie deja indiferente, porque después de leerlo uno queda como temblando, patitieso.

Salvar el fuego es una novela compleja y larga que requerirá del lector una atención permanente, y en algunas partes de relecturas. Los relatos son variados y asincrónicos: hay siempre una historia que corre detrás de otra, y de esta manera, muchos entresijos que no cierran en alguna parte, lo harán más adelante. Hay una tercera historia igual de reveladora, en cursiva, y que no se sabe bien ni cómo ni cuándo, y que el lector podrá adivinar al final de la trama. También las cartas, los poemas, los cuentos, los miedos de los presos, todas escritas a máquina: las cartas que el fuego salvó.

Para estos diferentes relatos está Marina contando al mundo su vida trepidante. También Francisco reprochándole al padre cosas del pasado. Y está el narrador que lo sigue a José Cuauhtémoc allá donde va, perseguido siempre por unos y por otros. Así el universo se completa, las visiones se entrelazan, cierran los círculos; Arriaga arma un rompecabezas donde ninguna pieza puede faltar. En lenguaje literario es una osadía de riesgo, pero que al final, aunque algo enrevesado, sale bastante bien.

Dos en uno

El libro empieza así: “Este país se divide en dos: en los que tienen miedo y en los que tienen rabia”. Es el encabezado del manifiesto de José Cuauhtémoc, “JC” en la jerga del bajo mundo. Esta división no podría anticipar mejor lo que está por venir. Los que tienen miedo son la minoría burguesa, gente muy rica que vive en enormes caserones, con sus nanas, sus choferes y sus cocineros, con su séquito de guardias y, por qué no decirlo, con sus prejuicios atávicos sobre el diferente, el otro de allá, el inculto, aquel con cara de indio. Prejuicios, en definitiva, sobre el que habita el otro México, pasando el muro infranqueable donde Rosalinda, una mujerona (y personaje de la novela) grita a los cuatro vientos: “Yo corté dedos, pero a mí y a mi gente, en este país de mierda, nos cortaron las alas y los pies”.

Entre los que tienen miedo —o parecen tenerlo— está Marina Longines, una “burguesita” de un barrio de los buenos del DF, casada con un financista de prestigio y con quien tiene tres hijos; una mujer de prosapia, Marina Longines. Bailarina de joven, ahora lleva adelante una academia de danza. Una vida buena, tranquila, sin sorpresas ni contratiempos. Claro que, al igual que los de su especie, Marina no tiene idea de las tragedias del otro lado. En tanto José Cuauhtémoc está en un limbo; si bien nació de buena familia, de muy joven se ve tentado por el arte de matar. Una cosa lleva a la otra y luego a otra, hasta quemar al padre con un bidón de gasolina, y así a la cárcel, luego a la libertad, y otra vez a matar por matar hasta que vuelve a la cárcel donde le esperan al menos cincuenta años.

Así las cosas, en una visita de la academia de danza a la cárcel, Marina y José Cuauhtémoc (nunca es José a secas) se pegan un flechazo apenas con la mirada. Parece un cuento de hadas, un amorío imposible al estilo Di Caprio y Kate Winslet en Titanic. Pero las pulsiones del alma y en especial las del corazón, son dos cuestiones inescrutables. Para Marina, en verdad, no solo se trata de enamorarse de aquel rubio enorme y fornido como “vikingo”: también está la curiosidad por salirse de las cadenas y traspasar el área de confort. Soltarse de rutinas, liberar los impulsos, dejarse arrastrar.

El lector podrá pensar que es una locura, lo mismo que los allegados de Marina, quienes además de cómplices, una y otra vez le advierten de los peligros de seguir adelante. Si el secreto del amor se rompe, si se propala, podría ser terrible. Marina bien que lo sabe. Entonces la narración toma ritmo y se vuelve trepidante, sazonada además por los distintos planos. Nunca se sabe hasta dónde podrá llegar la aventura. Arriaga indaga no solo en las pulsiones del alma: también en el inconsciente, en la voz interior que nos dice qué hacer, hacia dónde ir. Amor sí, amor no, familia sí, familia no.

Sexo y descontrol

A medida que avanza (o no) el affaire, también se desarrollan otras aristas tumultuosas, contadas ellas no con florituras ni grandilocuencias, sino con un lenguaje directo, cortante, por momentos soez, sin tabúes ni ocultamientos de ninguna clase; un lenguaje donde abundan los circunloquios, no por mera repetición sino para reforzar una idea; con expresiones muy mexicanas de todo tipo y color, un lenguaje lleno de anglicismos.

Imposible, si no, describir las diversas escenas de erotismo que atraviesan la novela como si fueran “pirotecnia sexual”; momentos que derriban cualquier intento de pudibundez. No es un sexo banal ni per se. Es una tormenta que desgarra vestiduras y que también acaricia, y cuyo erotismo explora y descubre cosas nuevas una y otra vez. Es provocativo, morboso, incomprendido, de múltiples aromas y texturas: un coqueteo constante con lo supuestamente prohibido, como todo el libro.

Sin aquel lenguaje sería imposible desembozar varios de los submundos que se describen. El submundo del crimen organizado, con sus códigos, sus leyes, sus jerarquías, pero en especial el desprecio irreverente por la vida misma, porque todo vale con tal de llegar al poder y tener más de lo que sea. El submundo de la cárcel, con sus chantajes, sus corrupciones, un lugar donde con plata todo se puede comprar. Y por último el submundo de la política, con sus conexiones, sus tajadas, sus “negociones” aberrantes. Estos tres ámbitos forman una tríada que parece en un momento irse de las manos, un total descontrol.

En medio de todo, y pese a un amor a prueba de balas. Marina y José Cuauhtémoc, y en especial Marina, deberán mostrar hasta dónde son capaces de llegar en su improbable romance.

SALVEN EL FUEGO, de Guillermo Arriaga. Penguin Random House, 2020. Buenos Aires, 659 págs.

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