La vuelta de El Jefe

Gran reencuentro de Bruce Springsteen

Con la E Street Band el norteamericano Bruce Springsteen produjo, quizá, lo mejor del 2020.

Bruce Springsteen
Bruce Springsteen

En 2016 y comienzos de 2017, Bruce Springsteen se embarcó en una larga gira con la E Street Band llamada “The River Tour” con la que celebraba los treinta y cinco años de ese álbum. Los conciertos llegaron a durar cuatro horas, algo típico de Springsteen. En ese tiempo El Jefe, como lo llaman sus seguidores, vivió una etapa de reflexión y balance. A fines de 2016 publicó su elogiada autobiografía Born to run (El País Cultural No. 1307) donde, además de narrar su vida personal y artística, abordó con sinceridad temas espinosos como la relación con su padre, demonios personales y su batalla contra la depresión. Un año después llevó adelante un espectáculo apoyado en esas memorias, en el que relataba anécdotas junto a parte de su historia y cantaba, en forma despojada, varias de sus canciones clásicas acompañado en un par de temas por su esposa Patti Scialfa. El espectáculo, denominado Springsteen on Broadway, fue dirigido por Thom Zinny y tuvo lugar en el Walter Keer Theatre de New York, teatro que no llega a tener mil localidades. Las actuaciones iban de martes a sábado con entradas agotadas. Pensado para durar un mes, la demanda de localidades hizo que se extendiera a doscientas treinta y seis funciones finalizando en diciembre de 2018. El espectáculo fue grabado y, hasta el momento, se encuentra disponible en Netflix. Allí Springsteen cambia de guitarra en forma constante, se sienta al piano y logra, a través del relato con mucho humor, que el interés no decaiga en dos horas y media de show. Reconoce que varias de sus canciones hablan sobre huir del lugar donde nació (New Jersey), descubrir Norteamérica y buscar la tierra prometida. Luego de un silencio dice “hoy vivo a diez minutos de donde nací”, lugar del que nunca se fue. Tampoco tuvo un empleo de ocho horas y nunca trabajó cinco días a la semana “hasta este espectáculo y lo odio”. Suele narrar historias de obreros y trabajadores norteamericanos que se reconocen a través de sus canciones, y los hace sentir como la columna vertebral de la nación. Toda su vida ha compuesto y cantado temas sobre cosas que nunca experimentó en carne propia. En 1978 compuso “Racing in the street” (Carreras en la calle) y no sabía manejar. “Eso demuestra lo bueno que soy”.

En julio de 2018 se entera de que su amigo George Theiss sufre una enfermedad terminal. George, que salía con la hermana de Bruce, fue el primero que le ofreció ingresar a una banda. A partir de junio de 1965 Springsteen fue el primer guitarrista del grupo The Castiles que tuvo cierto renombre. Interpretaban canciones famosas de la época y llegaron a grabar un par de temas. “The Castiles duró tres críticos, históricos y explosivos años… una eternidad para los sesenta”. La banda se disolvió en 1968 “pero hay cosas que se imprimen en vos y no te dejan ir”. Theiss se casó y se dedicó a la carpintería mientras Springsteen seguía su carrera en la música. Al saber la noticia, viajó a Carolina del Norte y pasó junto a su ex compañero de banda los dos últimos días de su vida. Unos meses después se recluyó en su granja de Colts Neck, donde posee su estudio de grabación.

Comenzó a sentir ganas de componer canciones y usó una guitarra que un fan italiano le había regalado a la salida de uno de los shows. “A veces la música viene a ti, otras no”. Iba de habitación en habitación y sintió que los temas aparecían uno tras otro. Entendió que todos los integrantes de The Castiles habían fallecido y que era el único integrante de la banda vivo, el último hombre de pie. Era necesario convocar a sus camaradas de la E Street Band para contar esas historias. Ellos son los que le hacen “componer canciones grandes”.

Blanco y negro

En el comienzo del documental Letter to you (Carta para ti) que también dirigió Zinny con guion de Springsteen, los integrantes de la E Street Band llegan a la granja. Los campos están cubiertos de nieve. Todo luce calmo y silencioso. Hace más de cuarenta y cinco años que lo acompañan. Son el vehículo ideal para que pueda concretar ese “ardiente deseo” de comunicarse con el público que nunca lo abandona. “La E Street Band no es un trabajo, es una vocación, es una de las más importantes cosas en la vida y, por supuesto, es rock and roll”. Las imágenes muestran a cada uno de ellos, mientras Bruce los presenta: Roy Bittan, Steven Van Zandt, Max Weinberg, Garry Tallent, Nils Lofgren, Patti Scialfa, Charles Giordano y Jake Clemons. La presentación incluye a los dos miembros de la banda fallecidos que forman, acaso con mayor fuerza, parte del grupo: el tecladista Danny Federici, muerto en 2008 y el gran Clarence Clemons, tío de Jake, ese enorme saxofonista que murió en 2011. Con Clarence a su lado, dice Bruce, fueron capaces de “contar una historia mucho más profunda que la que simplemente contenía nuestra música”. Todos ellos tienen su vida profesional independiente e incluso la E Street Band ha tenido su carrera en solitario o acompañando a otros grandes artistas como Bob Dylan, Neil Young o Peter Gabriel. Pero basta que Springsteen los llame para que abandonen todo compromiso y se junten a revivir el fuego y la magia que logran con solo mirarse a los ojos. Esa magia de tocar “todos juntos, en el mismo lugar y al mismo tiempo”.

Genera ternura ver a esos grandes músicos formar un círculo, cuaderno en mano, para anotar acordes, ritmos e inflexiones de las canciones que les presenta Bruce. Opinan, intercambian posibilidades, buscan la mejor forma de traducir esas confesiones que Springsteen quiere hacer, una vez más, a su público sin que sobre o falte nada. Una larga carta que relate los sentimientos de un hombre que ha pasado los setenta años. Como los define el guitarrista uruguayo Carlos Da Silveira, los músicos de la E Street Band “hacen todo lo que está bien, sin excesos”. Las canciones fueron grabadas en cuatro días, en muy pocas tomas y muchas veces con la banda tocando en vivo. Las sobregrabaciones fueron pocas. Luego se tomaron un quinto día para escuchar y realizar correcciones. El mismo torrente creativo que atacó a Springsteen contagió a los demás. Jon Landau, el legendario crítico, productor, manager y amigo, dijo “si nos hubiéramos quedado el fin de semana teníamos un álbum doble”. Steven Van Zandt, que además de excelente guitarrista fue el recordado Silvio Dante de la serie Los Soprano, asegura que siguen la rutina de The Beatles grabando “una canción cada tres horas”. “No es un mal plan” concluye Bruce. Ron Aniello colabora, junto a Springsteen, en la producción. Son el puñado de personas que aparecen en el documental filmado en blanco y negro. Varias veces, cuando la historia hace foco en el pasado y en los que ya no están, las tomas son en color. El blanco y negro no refleja tristeza sino sabiduría con algo de melancolía. A los que se fueron antes se los recibe como inspiración a través de esos recuerdos y vida compartida que llena el aire de luz.

Canciones

Como en los libros de cuentos cuyos relatos fueron ordenados por el autor siguiendo una lógica, es conveniente escuchar Letter to you, el nuevo álbum de Springsteen con la E Street Band que salió a fines de octubre de 2020, en la forma en que los temas fueron dispuestos. No hay ninguna canción que sobre, todas tienen su razón y su lugar. El comienzo es calmo. Casi en un susurro, Bruce canta “One minute you are here”. Habla de los trenes que llegaban y se iban del condado de Freehold, New Jersey, donde vivió su infancia en los cincuenta. En el verano subían a ellos por unas estaciones o dejaban monedas sobre los rieles para recuperarlas calientes y chatas. El recuerdo se mezcla con la costumbre de aquellos años, la de llevar a los niños a los funerales, lo que les hacía entender que la vida podía terminar en cualquier momento. “Un minuto estás aquí, en el siguiente te fuiste” es el estribillo de la canción, donde se habla de soledad y de retornar a casa. Suena lógico que luego de esa canción se ubique “Letter to you”, en la que levanta el ritmo para contar que escribió una carta con tinta y sangre, en la que puso todos sus sentimientos. Luego sigue la furibunda “Burnin train”, donde la canción parece correr sobre rieles a velocidad creciente mientras le pide a esa mujer que lo lleve en su tren ardiente.

La banda suena como si ese diálogo de cuarenta y cinco años nunca se hubiera interrumpido o, como dice Springsteen, solamente se interrumpió para ser mejores. Todos encajan en el lugar perfecto. Las guitarras de Van Zandt y Lofgren dialogan con la de Springsteen. Los teclados de Bittan y Giordano saben complementar a esas guitarras agresivas mezclando pianos con el sonido inconfundible del órgano Hammond que también nos lleva a los setenta. La voz de Patti Scialfa es ideal para engarzarse con la de su marido. Toda la banda se apoya en ese gran bajista que es Gary Tallent y Max Weinberg, un baterista con una enorme versatilidad y solvencia. Sus drums fill —combinación de recursos del baterista que sirven de transición entre las distintas partes de una canción— marcan los cambios en el ánimo de los temas. Junto a Tallent, conforma una base tradicional e imprescindible para que las canciones suenen “a Springsteen”. Cada vez que aparece el saxo de Jake Clemons, el alma de su tío —el “Big Man”— llena el lugar. Las almas suelen ser obstinadas. “Prepárense para escuchar algunas letras raras”. Al día siguiente graban tres canciones inéditas compuestas en los setenta, “Janey Needs a Shooter”, “If I Was a Priest” y “Song for Orphans”. Springsteen mantiene una especie de diálogo con el que era a los veinte años, antes de grabar su primer álbum y vivir lo que ha vivido. En 1972, cuando el productor Clive Davis escuchó “Song for Orphans” le preguntó si quería utilizar todas las palabras del idioma inglés en una canción: “eso solo lo puede hacer Dylan” remató. “Canción para huérfanos” tiene una clara influencia de Dylan y no desentonaría en su repertorio.

Fantasmas

“Last man standing” fue la primera canción que compuso luego de despedirse de su amigo. “Imágenes descoloridas en un álbum de recortes antiguos, fotografías borrosas que alguien tomó, cuando eras duro, joven y orgulloso” dice en el comienzo. Relata la forma de vestir de George, los clubes donde tocaban y concluye que él se ha transformado en “el último hombre de pie” que ve pasar el tiempo mientras “vas contando los que se han ido como contás los años que te quedan”. La canción es reflexiva hasta llegar al saxo de Clemens que una vez más revuelve recuerdos. Theiss vuelve a aparecer en la mejor canción del álbum: “Ghosts”. Los tontones y el redoble de batería de Weinberg marcan el ritmo hasta que aparece la voz de Bruce. “Escucho el sonido de tu guitarra, que llega místico desde lejos, piedra y grava en tu voz, entras en mi sueño y me regocijo, es tu fantasma moviéndose a través de la noche, tu espíritu lleno de luz, te necesito a mi lado, tu amor y yo estoy vivo, puedo sentir la sangre temblar en mis huesos, estoy vivo y solo, estoy vivo y vuelvo a casa”. La guitarra eléctrica de doce cuerdas de Van Zandt, junto a la de Lofgren, enriquecen la canción que derrama fuerza a través de los coros. Un tema que tiene el espíritu del mejor Springsteen, pasando por varias secciones hasta terminar con todos los integrantes de la banda batiendo palmas y tarareando la melodía.

Lograron, en pocos días, hacer el mejor disco del año y uno de los mejores en la carrera de Springsteen. Un álbum conceptual sobre el recuerdo, fantasmas de seres queridos, el amor y la propia vejez con tres pinceladas de juventud dentro de antiguas canciones. En el documental Bruce se pregunta dónde vamos después de la muerte. “Quizás a ningún lado, quizás estemos en todos lados… ese pasado nunca muere; los vemos en las calles, en clubes vacíos… y se mueven entre las sombras, en la esquina de nuestros ojos y los vemos en nuestros sueños”. Su padre, Clarence, Dany y George son actores protagónicos de sus noches. Desea, en el futuro, ser a su vez parte de los sueños de los que queden, esconderse en sus recuerdos. Mientras escuchan en silencio la grabación de “I’ll see you in my dreams” que cierra el álbum, su manager y amigo John Landau intenta disimular las lágrimas hasta que se quiebra. Cuando finaliza la canción, El Jefe apenas dice “Linda”. Landau se pone de pie y murmura “Magnífica historia”, mientras se retira de la habitación. Un rato después, todos se juntan en un último brindis por la próxima vez que se reunirán para crear canciones que también hablen de nosotros, de nuestras vidas, de nuestros recuerdos y queridos fantasmas. En esa próxima reunión, estarán una vez más los que se fueron “porque la muerte no es el final y te veré en mis sueños”.

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