Oportuna reedición del Premio Nobel de Literatura

Otra gran novela de Peter Handke

Una novela de viajes, o de redención, donde la trama tiene tanto o más peso que la escritura poética. Es Peter Handke en estado puro.

Peter Handke
Peter Handke

Fue uno de los libros que nos salvó del desierto. En 2014 la editorial El cuenco de plata publicaba Lento regreso, novela de Peter Handke de 1979, y los fanáticos volvían a respirar. Handke había desaparecido de librerías. Si faltaban títulos, el polémico episodio de la Guerra de los Balcanes lo había convertido en un maldito. Al desinterés, entonces, se sumó el miedo. Publicarlo era exponerse ante los bienpensantes, los idiotas de turno.

Lento regreso se acaba de reeditar y hay que festejar, por varias razones. Porque es una gran novela del actual Premio Nobel de Literatura donde el argumento —siempre una excusa— aparece aquí con fuerza sin ir en desmedro de la escritura poética. Porque llega en traducción de Eustaquio Barjau, su mejor traductor al castellano. Y porque leer a Handke nos convierte en mejores personas: su escritura obliga a observar nuestros propios mecanismos mentales, a lidiar con nuestra neurosis.

El protagonista de Lento regreso, el alemán Sorger, protagoniza un viaje que se inicia en Alaska y pasa por la costa oeste de Estados Unidos, para finalizar en Nueva York. El clima extremo del norte, la relación de pareja con una india local, con su compañero de trabajo y con otros residentes marcan la deriva de la escritura. Sorger se siente cómodo, no precisa involucrarse demasiado, logra aislarse sin comprometerse, “sin tener que someterse a las costumbres a las que obligan los espacios interiores”. Y aun así se siente parte. Esa relación con la geografía, con una lengua local que aprende y sólo usa en determinadas circunstancias, pone al protagonista en un sitio diferente, ambiguo, desde donde mira y advierte. “Vio a su lado una hoja de sauce amarilla, una sola, junto a una rama de color rojo brillante, y supo que, incluso después de su muerte, de la muerte de todos los humanos, esta hoja seguiría brillando en las profundidades de este paisaje y daría perfil a todas las cosas en torno a las cuales se estaba posando ahora su mirada; y sintió con eso una beatitud que lo elevaba por encima de todas las copas de los árboles”.

Cuando abandona el norte, el lugar “sin nombres” en busca del sur, “el mundo de los nombres”, el protagonista continúa su búsqueda revisando sus culpas, las propias y las de su comunidad, porque se siente “descendiente de criminales; y se veía a sí mismo como un criminal y los genocidas de su siglo eran sus antepasados”, en referencia a Auschwitz, tema recurrente en su obra.

Vale la pena. Es un Handke en estado puro.

LENTO REGRESO, de Peter Handke. El cuenco de plata, 2014/2019. Buenos Aires, 174 págs. Distribuye Gussi.

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