Novela de autor uruguayo

Gonzalo Baz no huye del complejo

La novela Los pasajes comunes de Gonzalo Baz ofrece una mirada dura y descarnada de la vida en un complejo de viviendas montevideano.

Gonzalo Baz
Gonzalo Baz

Son un mundo aparte en el entramado de la ciudad. De sus laberintos internos exhala un destello a barrio privado, pero sin guardias al acecho. Allí vive una comunidad de hombres, mujeres, niños y ancianos que no se ven en ninguna otra parte, y que hacen a lo que se llama “complejo habitacional”. Que es, para quienes viven allí, un sentir, un motivo de orgullo.

En Montevideo los hay en distintos puntos, y se conocen como Malvín Norte, Parque Posadas o Buceo, entre muchos otros. Edificios de ladrillo gastados, unos pegados a otros, con cientos de ventanas que generan desde afuera la incógnita para quienes pasan a diario, quienes se preguntan cómo serán por dentro. Se ha escrito mucho sobre los complejos habitacionales, sea con la mirada del cronista que lo ve de afuera, o el arquitecto que pondera con mirada aséptica un modo de convivencia y conservación de la vivienda. La novela Los pasajes comunes es muy distinto a eso. Es la mirada cruel de uno que la vivió desde adentro.

A juzgar por el prólogo, es el joven autor Gonzalo Baz el propio narrador de esta corta novela, en la cual hace catarsis de un pasado tormentoso que lo persigue hasta en los sueños. Los pasajes comunes no es una novela de formato clásico, sino conformada por relatos mínimos, fragmentos de puzzle que el lector deberá ir componiendo con la imaginación.

El protagonista se vale de sus recuerdos, pero también de los de sus otrora compañeros de aventuras, Sami y Lucas. También hay una historia más corta, de los años que el autor vivió en San Pablo. Pero esto no aporta demasiado, más bien entrevera la narración.

Lo importante es el recuerdo de Lucas, Sami y el propio Gonzalo. Son ellos los que se enfrentan día a día a la policía hostil, porque unos tiran piedras y botellas, y los otros responden con palos y tiros. Es una tensión constante, pavorosa, y que hace temblar al lector. La misma tensión que hay, por caso, en las “inocentes reuniones festivas”, donde están en juego reprogramaciones de deuda, plazos de desalojo y la presencia policial desmedida. Sí, la policía, que no da tregua y vuelve una y otra vez.

Además de dar un pantallazo sobre la vida intramuros, el autor hace énfasis en la noción de decadencia, no solo material sino también humana. En resumen, el libro es una suma de recuerdos fragmentados, con varias lagunas, sí, pero con una prosa trabajada, por momentos poética, que se deja llevar. Se lee en no más de tres horas.

LOS PASAJES COMUNES, de Gonzalo Baz. Criatura, 2020. Montevideo, 92 págs.

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