Tiempos de revolución

Sobre cómo Ginebra oculta a Lenin y a su propio pasado bolchevique

Los ginebrinos destacan a Rousseau y a Juan Calvino para los turistas, pero poco hacen para indicar dónde vivió Lenin y qué hacía en la ciudad mientras planificaba la revolución bolchevique.

Lenin en Ginebra
Lenin en Ginebra (foto Mathías Da Silva)

La ciudad de Ginebra está asociada al severo reformador Juan Calvino. También está muy orgullosa de Henry Dunant, el empresario que fundó la Cruz Roja y fue galardonado con el premio Nobel de la Paz. La ciudad tiene un circuito para seguir los pasos de uno de sus hijos más famosos, Jean-Jacques Rousseau, cuya casa natal pronto será reinaugurada. Sin embargo, oculta su pasado bolchevique.

Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, el fundador del primer Estado comunista del mundo, vivió solamente 53 años. De ellos, seis y medio en Suiza, y más de tres años en total los pasó en Ginebra. Su huella está en la ciudad, donde fraguó sus planes revolucionarios, pero no salta a la vista. Un recorrido por los al menos ocho domicilios que tuvo permite constatar que solo en dos de ellos hay modestas placas que lo recuerdan.

Turistas rusos

Primero vivió en una modesta casita en la Rue de Tannerie 2, en el barrio de Carouge, que estaba lleno de exiliados rusos. Esta vivienda, difícil de encontrar, tiene una placa y se puede ver a turistas rusos fotografiándola. En esta etapa vivió de forma intensa y operó políticamente. Leyó y escribió muchísimo. La comunidad de exiliados rusos, huidos del zarismo, era muy importante en la ciudad desde mediados del siglo XIX. En 1883, Gueorgui Plejánov había fundado en ella el grupo marxista “Emancipación del Trabajo”. Lenin, que entonces era un joven revolucionario radicalizado tras la ejecución de su hermano Alexander en 1887 por conspirar contra el zar, admiraba a Plejánov y lo quiso visitar. Llegó a la estación de trenes de Cornavin en 1895 y mantuvo un encuentro con quien luego sería su orientador ideológico —más tarde se pelearía, al igual que le ocurrió con otros muchos que buscaban terminar con la monarquía de los Romanov.

Volvería a Ginebra en 1900 y a comienzos de 1903 regresaría otra vez, ya a instalarse e impulsar la publicación Iskra (“La Chispa”). En 1967 se colocó una placa recordatoria en la casa en la que vivió en la rue de Plaintporrets. Se comenta que la embajada soviética tuvo que hacer mucha presión sobre unas muy renuentes autoridades ginebrinas.

Su llegada en 1903 no pasó desapercibida a la Okrana, la policía política zarista, que informó a las autoridades suizas. Sin embargo estas no dispusieron ninguna vigilancia especial sobre el exiliado. En realidad, estaban más preocupadas por los anarquistas violentos que por esos años mataban a jefes de Estado con frecuencia. El 10 de setiembre de 1898 el ácrata italiano Luigi Lucheni había asesinado de una puñalada a Isabel, la emperatriz de Austro-Hungría (“Sisi”) a la salida del elegante hotel Beau Rivage, a orillas del lago Lemán, en uno de los puntos más pintorescos de la ciudad.

Lenin aprovechó su estadía ginebrina para realizar largas caminatas por los Alpes y las cercanías de la ciudad. Estuvo en el castillo de Chillon, en Montreux, en Aigle. Y subió el Saleve, la montaña francesa que domina la ciudad. Lo hizo con su sufrida esposa Nadeja Konstantinovna, que debía soportar su difícil carácter. Estas caminatas eran fundamentales para preservar su siempre frágil salud. Hiperactivo y obsesionado por el activismo revolucionario, le servían además para distenderse.

Era un apasionado ciclista. En octubre de 1903 sufrió un grave accidente cuando una de las ruedas de su bicicleta se atascó en un riel de tranvía. Se lastimó mucho la cara y aun así, con el rostro maltrecho, fue a pelearse con sus rivales mencheviques en tumultuosas reuniones que se realizaban en el restaurante Landolt. Este restaurante siguió funcionando hasta 1999, y reabrirá en fecha próxima con el mismo nombre y en el mismo lugar.

Las mejores bibliotecas

A Lenin le encantaba ir a leer y a documentarse a la biblioteca de la universidad y a la “Societé de Lecture”. En este precioso edificio del siglo XVIII se conserva la solicitud de ingreso que hizo el 12 de diciembre de 1904 en la que se presentó como “publicista”. El edificio está en el número 11 de la Grande Rue, en la Ginebra medieval, a pasos del número 28 en el que vivió Jorge Luis Borges y del 40 donde estaba la casa en la que nació Rousseau. En la “Societé de Lecture” los registros muestran que leyó a Guy de Maupassant, a Friedrich Nietzsche y la Vida de Jesús de Ernest Renan. En el pasaje en el que Renan señalaba que Cristo quería el reparto de la riqueza, Lenin anotó: “como el socialismo moderno”.

En 1905, en el 91 de la Rue de Carouge, funcionaba el archivo y la biblioteca de los bolcheviques rusos de Ginebra (hoy hay allí una panadería). Cuando llegó la noticia del levantamiento de 1905 en Rusia, los exiliados se reunieron allí, eufóricos. Lenin decidió volver a Rusia a participar de la revolución que tanto ansiaba.

En 1908, tras el fracaso del levantamiento, recaló abatido en Ginebra. Llamó a la ciudad “maldita”, aunque escribió que “ya nos acostumbraremos”. Sin embargo, más adelante reconocería que fue uno de sus lugares preferidos entre los muchos en los que estuvo exiliado. “De todos los lugares de mi vagabundeo, son Londres o Ginebra los que elegiría si no estuvieran tan lejos. Ginebra está bien, sobre todo por su cultura general y sus extraordinarias condiciones de vida”, escribió luego. Consideraba que la organización de las bibliotecas de Suiza era modélica y quería reproducirla en Rusia. En cierta medida, siempre quiso “europeizar” a Rusia.

Ese año de 1908 vivió en la rue de Maraichers y en la de Deux Ponts. Ambas viviendas siguen en pie pero nada las identifica como lugares de residencia de Lenin. El revolucionario se volvió a hacer socio de la “Societé de Lecture”, y cuando se mudó a París, le envió una carta muy amable a su director agradeciéndole y dándole su nueva dirección en la capital francesa. Lenin viviría también en Berna y en Zurich, aunque no logró despertar mucho ardor revolucionario en la izquierda suiza.

En marzo de 1917 el gobierno alemán, astutamente, le facilitó el regreso a Rusia desde Suiza para que agitara aún más las aguas y contribuyera a hacer caer al gobierno provisional que había sustituido a Nicolás II y al que Lenin consideraba demasiado burgués. Alemania quería provocar la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial entonces en curso, para poder concentrar todas sus fuerzas en una ofensiva final contra Francia. Lenin, ya con las riendas del poder, firmó un armisticio con Alemania en 1918. El imperio alemán, de todas formas, fue derrotado.

Lenin, el ratón de biblioteca, el teórico, el pensador, pasaría luego a ser un hombre de acción que consagró lo que le quedaba de vida a implantar con mano de hierro el primer Estado comunista, sacudiendo así a Europa y al mundo.

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