poéticas

El fraseo, terreno del cambio

Es lícito comerse una sílaba.

Eduardo Milán
Eduardo Milán

El fraseo pertenece al terreno del cambio, no el sentido, predeterminado. El fraseo inaugura un mundo –bueno, algo así como un mundo, la palabra orden es un gasto inútil si no hay justicia: la injusticia desmantela el mundo. No es un alba, una aurora, sol naciendo con rayo que apunta a una cierta altura del pecho. Un micro-mundo. En el caso de que “mundo” constituya un orden todavía. “Cruzando el Puente Milón/ acordate/ hay un lugar/ donde las garzas rezongan/ al lado/ de un manantial”. Lo que se cruza es el puente del río Santa Lucía. Jaime Roos se come la última sílaba y en vez de hablarle a la milonga, -“cruzando el puente, milonga”, algo muy de Dino y Zitarrosa- le da un nombre al puente. La gente del dolce stil novo del pre- Renacimiento italiano -Dante que es Dante, los dos guidos, Cavalcanti y Guinizelli y luego un siglo en pleno Renacimiento un poco de Petrarca: había una piedra en el arca y no en el medio del camino, mientras Cavalcanti hace dudar: ¿anuncia “aquí va” o manda cavar el canto?, uno nunca sabe del poema más que lo que reconoce no saber- le hablaban al texto. Conversaban con lo que hacían. Jorge Medina Vidal –uno de los más notables poetas uruguayos para mí- fue jurado en un concurso de poesía que ganó Zitarrosa, no sé en qué año. Lo raro –Uruguay, tierra de raros- es que Zitarrosa entrara al canto popular. Ahí fue la voz que definió el rumbo poético. Pero la gravedad de la voz de Zitarrosa lo mantiene entre un lenguaje culto –culto: de cultivo, de cultivar, de plantar la voz como quien sienta plaza y cosechar mucho después el afecto de todo un pueblo oyente que lo va a esperar al Aeropuerto cuando regresa al Uruguay- y el lenguaje popular -el que habla el pueblo que iba en la caravana. No era el éxodo –pésimo nombre bíblico para nombrar la épica de Artigas, primer exilio para la gente del Uruguay-: la gente iba con zapatos. Abrevio: hay tres milongas que me tocaron de cerca: “Milonga de pelo largo” (Dino), “El Loco Antonio” (Dino-Zitarrosa) y “Milonga de Gauna” (Jaime Roos). Los tres cantan la versión de “El Loco Antonio” donde Jaime ejercita ese fraseo que lo vuelve Jaime Roos. No es el sentido, predeterminado: es el fraseo que define o no un nuevo mundo. América, un bautismo en el nombre de un equívoco, por ejemplo, así como Perú, cuenta el indio Garcilaso, fue un nombre producto de haber escuchado mal, pero, por lo menos, siguiendo el sonido, no el sentido de un Vespucio. O Montevideo, por ejemplo, una palabra valija que se lleva el que se va de allí, palabra inventada por un vigía que balbucea desde un barco mareado por el agua que a esa altura ya perdía sal. Nada le falta a un río salvo la sal. Es la falta lo que posibilita la comparación: el río como mar. La legalidad en el fraseo la da entrever el cambio: comerse una sílaba es tan lícito que puede nombrar.

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