POÉTICAS

Expulsados

Buscando el lugar real de la poesía.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Eduardo Milán

El lugar del no-lugar de la poesía sería en apariencia su lugar real. De hecho, de cara al mundo, el lugar del no-lugar fue durante todo un siglo el lugar real de la poesía. Traté eso, en la medida en que es tratable lo intratable, en un texto de Resistir: "El no lugar de la poesía" (1994). No se trata, por respeto a lo intratable, de una repetición minimalista, infatigable, donde sólo una pequeña variación —un pico de la cresta, ahora el menos alto— cambia todo el movimiento de la ola hacia su concavidad. La vida, por ejemplo: un aliento continuo en la ola que cae buscando cueva. Y en las estepas no estériles del sueño se abría utopía, esa alegría no siempre amarga luego. Mientras había un sueño de utopía —utopía soñaba consigo misma y así consistía su ser— mientras se pensaba en posibilidades de cambio, en alternativas al sistema carnívoro y omnívoro del capital. Mientras se pensaba. Pero las cosas cambiaron en sentido inverso. La utopía se consideró abolida y la última posibilidad —sin alternativa— fue el propio sistema y sus interiores. Poco a poco el mismo sistema fue eligiendo quiénes realmente tienen lugar en el sistema y quiénes no. Necropolítica de Mbembe o Expulsiones de Saskia Sassen tratan eso desde diferentes miradas que van a dar al punto común: la aniquilación de quienes no tienen lugar en el mundo. La analogía inmediata se haría entre el no-lugar de la poesía y el no-lugar en el mundo de quienes no tienen lugar. Ese sería el verdadero lugar de la poesía, el lugar que habitaron siempre los poetas reales —y no digo verdaderos. Reales, porque habitaron el lugar real de la poesía. La conexión secreta o no con los no-lugares del mundo —y de la gente del mundo que está en esos lugares— en general dependía de una analogía, de una operación metafórica. Desde las vanguardias, desde el gran movimiento de ruptura que significó la vanguardia al habilitar todos los espacios con la promesa de disolución del arte en la praxis social, el no-lugar de la poesía es un espacio de coexistencia con todos los espacios no privilegiados del mundo. Pero ahora suena la alarma porque las expulsiones de los que no tienen cabida en el sistema traspasa la metáfora, abolida la tentativa de la vanguardia de disolver el arte en la praxis social. Traspasa la metáfora: los expulsados del mundo van camino al afuera del mundo que es el afuera de la vida y el afuera del afuera. Si uno impulsa el lugar del no-lugar como "lugar posible" de la poesía puede quedar parado en un lugar en falso, asimilado al sistema que con un movimiento de lengua devuelve todo hacia adentro. El sistema ballena. Mientras, los que no tienen lugar real en el mundo real avanzan solos o agrupados hacia la disolución. O se rebelan y luchan. Y el no-lugar de la poesía vuelve a ser el lugar real de la poesía.

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