Novela negra uruguaya

La estafa, el incendio, y un enigma que todavía quema

La periodista María Urruzola explora detrás de estos notorios casos, pero a través de la ficción.

María Urruzola
María Urruzola

En 1993 la comarca se vio conmovida por el incendio de uno de sus edificios emblemáticos, el de la empresa estatal de electricidad UTE, una joya de la modernidad cuyos últimos tres pisos ardían en la madrugada como una pira funeraria. Murieron cinco empleadas de la limpieza, y Bomberos dictaminó que el origen del incendio había sido un cortocircuito. Días más tarde fue asesinado un empresario de apellido González. También se supo que unos días antes del incendio se frustró, por una casualidad, un intento de estafa millonario en dólares contra UTE a través del Banco Central del Uruguay. Algún declarante afirmó en televisión que el incendio buscó borrar las huellas del intento de estafa, pero sin aportar pruebas. Tres años más tarde, en 1996, María Urruzola en un artículo del semanario Brecha titulado “UTE y la estafa que nadie investigó” vinculó cabos sueltos de una aparente trama. Pero el gran misterio, la identidad de los estafadores, persistía. También la sofisticada red que habría permitido tan elaborada conspiración. Es uno de los grandes enigmas criminales uruguayos.

Como todo enigma, invita a ser explicado por teorías conspirativas. También a inspirar novelas. La propia Urruzola tomó el desafío y escribió una ficción, La hora del lobo, que toma el título de un film de Ingmar Bergman que refiere a esa hora entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere. Pero además, de entrada y como advertencia, sugiere que en 2021 se habría intentado una estafa similar a la descripta en el libro, y que los ideólogos de 1993 aun estarían entre nosotros. Como es una novela, el lector no se sabe si el dato es ficción, o una suposición basada en hechos. Se instala, de entrada, un conflicto.

Detalles

De lo que no hay dudas es que hay lectores ávidos de consumir buenas novelas negras, bien narradas, y con personajes verosímiles. La hora del lobo reúne esas características. Porque parte de un caso real llamativo y nunca resuelto; está bien escrita, con una prosa a la cual se le quitó todo lo que sobraba, pues queda en evidencia, como diría Carlos Gamerro, que “en lo que queda está la fuerza de lo que se sacó”; y los personajes —una periodista, sus hijos, una amiga también periodista y otros protagonistas secundarios— están construidos de forma convincente desde el detalle que revela un mundo. Cabe inferir, en esto, la capacidad previa de Urruzola como investigadora para observar aquellas señales e indicios en sus entrevistados que podrían revelar profundos universos, y así iluminar aspectos ocultos de una personalidad. Trasladar eso a la ficción ya es harina de otro costal, pero la autora lo logra. La propia protagonista de la novela, Morena, una periodista investigadora, heredó el buen ojo de su creadora.

El ojo atento de Morena le ha permitido conocer aspectos más profundos de la psiquis, costumbres y cultura de sus habitantes: “Ella había aprendido con sudor, y a veces con lágrimas, que existían dos países; uno de papel, construido de leyes, decretos, resoluciones y todo un arsenal de teorías escritas y ejércitos de interpretadores muy bien pagos; y otro real, de carne y hueso, de prácticas enraizadas en la costumbre, de viveza criolla, de amigos de los amigos, una burocracia antigua que resistía con uñas y dientes cualquier intento de que los procedimientos fueran diferentes al modo practicado durante toda una vida”.

Morena pregunta y escucha, es amenazada e incluso casi asesinada. Es una cronista famosa que se ha quedado sin trabajo, sin medio de prensa donde publicar (su revista cerró), y cuyo esposo desapareció en un reciente accidente de avión en Brasil. Su ausencia duele y desconcierta. El sostén emocional desde el inicio son sus hijos y su amiga. Todo eso la sitúa en una curiosa tierra de nadie, muy vulnerable, mientras una serie de hechos y casualidades —esas que ocurren en una comunidad pequeña donde al final, aunque no lo admitan, todos se conocen— la obligarán a remar como en dulce de leche. El lector empatiza con ella en su cruzada por la verdad, mientras se le acumulan dudas y dificultades en el camino. “Nada se inventa de cero” reflexiona Morena. “Nada desaparece sin dejar huella, nada es perfecto si incluye a más de una persona. La peripecia humana es básicamente descuidada y va dejando pistas, aun cuando intente no hacerlo”.

Un buen manual

La novela es ambiciosa, pues explora la idiosincrasia local más allá del caso criminal. Morena piensa en voz alta sobre sus compatriotas uruguayos, los define en breves y certeras líneas, o se pone a relatar aspectos del ejercicio del periodismo no menos reveladores, y lo hace de forma didáctica, transparente, al punto que La hora del lobo también puede ser un buen manual para jóvenes periodistas.

Por ejemplo, sobre cómo abordar un expediente judicial de un caso notorio, que puede ser enorme y tener miles de páginas. “Quizá ningún otro documento oficial muestre de manera tan nítida la idiosincrasia de una comunidad. Resistir la lectura de uno entero es casi un examen profesional (...). Morena lo hacía como si fuera un ejercicio de yoga, en el que la paciencia, la concentración y la minuciosidad eran ineludibles para llegar a una postura lúcida (...). Se trataba de inferir si había poderes ocultos moviéndose detrás”. O sobre la cultura local que podía premiar al buen periodista, como también pasarlo al ostracismo sin más trámite. O sobre la crisis del periodismo actual que repercute en el negocio de los medios de prensa escritos, crisis que Morena analiza de forma equilibrada y con la mirada resignada de una periodista desempleada, y que tiene por delante un futuro incierto. “Todos los medios de prensa del mundo estaban en crisis a partir de la aparición de Internet, y nadie había encontrado aún su lugar en el nuevo escenario”.

La hora del lobo se lee como bala, y resulta muy uruguaya, abordando aspectos laterales de la cultura local que explicarían la no resolución del caso, porque en realidad la novela no resuelve el enigma. Y todo eso... a pesar de María Urruzola. Quienes la conocen personalmente, o a través de su trabajo, saben que posee una personalidad particularmente intensa y polémica. Eso provoca otro conflicto en la cabeza del lector quien se pregunta, desde la página uno, si el personaje Morena es o no Urruzola, o cuánto tiene Morena de su progenitora. Pero ese conflicto se resuelve a medida que pasan las páginas. La novela se impone como escritura. Morena controla la trama, expulsa los intrusos imaginarios, y se consolida lidiando con los desafíos que se le van planteando. Morena tiene vida propia, y así crece en la cabeza de los lectores, lejos de todo control.

LA HORA DEL LOBO, de María Urruzola. Planeta, 2022. Montevideo, 348 págs.

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