ENTREVISTA AL HISTORIADOR FERNANDO LÓPEZ D´ALESSANDRO

Vivian Trías, el espía que vino de 25 de Mayo y Misiones

Los archivos aportaron los datos, pero faltaba someterlos al método histórico para llegar a la verdad.

El supervisor de la StB con Vivian Trías, esquina de las calles Colonia y Andes, Montevideo
El supervisor de la StB con Vivian Trías, esquina de las calles Colonia y Andes, Montevideo. Foto: Archivos StB checos.

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Hoy, en Uruguay, es difícil encontrar gente que desprecie la democracia. Hace 50 años no era así. Se podía, con cierto esfuerzo, trazar una línea que separaba a los demócratas de los antidemócratas. Entre éstos últimos la democracia podía ser sinónimo de caos, relajo, debilidad, o un sistema que defendía los privilegios de la “burguesía” y había que eliminar.

Es en ese contexto que comienza a tomar sentido la increíble historia sobre Vivian Trías que trajo el libro La StB, El brazo de la KGB en Uruguay de Vladimír Petrilák y Mauro Kraenski, que ya tuvo repercusión en televisión y prensa escrita (ver El País, 27/11/2018). Aunque no está todo dicho. En el libro los propios investigadores hacían una advertencia: ellos abrieron los archivos, pero todavía era necesario dar sentido a los hechos, ponerlos en su contexto, contrastarlos. Faltaba la verdad.

Vivian Trías fue un reconocido hombre público que escribió decenas de libros, y que como Secretario General del Partido Socialista del Uruguay desplazó al histórico líder de ese partido, Emilio Frugoni. Pero 50 años más tarde no se termina de entender por qué un señor con esa dedicación al servicio público estuvo dispuesto a vender información y a jugar el peligroso juego de espías por las calles de la Ciudad Vieja de Montevideo bajo el nombre de agente “Ríos”, como si fuera protagonista de una novela de Graham Greene o John Le Carré, incluso bien avanzada la dictadura militar.

El historiador uruguayo Fernando López D’Alessandro publicará en junio el libro Vivian Trías, El hombre que fue Ríos (Penguin Random House) donde explica y contextualiza las razones que lo llevaron a convertirse en espía, y la influencia que esto tuvo en todos los libros que Trías publicó desde comienzos de los 60 hasta el año 1977 cuando la StB checoeslovaca dio por terminada la rezidentura local, es decir, las operaciones en Uruguay.

—¿Qué peso tenía Vivian Trías entre los intelectuales de la izquierda latinoamericana?

—Era un intelectual de mucho peso.

—¿Como el peruano Mariátegui?

—No llegó a dar ese tono, pero sí fue de peso. Por ejemplo su libro La crisis del dólar y la política latinoamericana llegó a publicarse en la España de Franco.

—Era socialista.

—Claro, de la izquierda nacional. Fue partícipe directo de un proceso que se dio en el socialismo uruguayo a partir de la década del 50 que termina hundiendo al Partido Socialista en una crisis muy profunda, una crisis de identidad que se arrastra hasta hoy, donde se desplaza a la cultura democrática por lo que yo llamo “cultura comunista”. Cultura que se instala de forma hegemónica en la izquierda a partir del año 1966.

—¿Y Trías tuvo que ver en ese proceso?

—Él creía que las revoluciones nacionales eran la fase previa a la revolución socialista. Eso, creo yo, lo llevó a cometer graves errores de interpretación que se terminaron pagando muy caro. No sólo acá, en todos lados. Y además fue un tipo que se deslumbró de manera descomunal con la revolución cubana, sin dar pie a matices. Eso me asombra, él era una persona muy inteligente pero a la vez muy ingenua. Por entonces comienza su relación con el espionaje checoeslovaco.

Operaciones activas.

—¿Cuándo comienza el vínculo?

—Se inicia en 1961, pero se convierte en agente en 1964, cuando lo contratan. El agente hace dos tipos de operaciones, las AO, Operaciones activas, que eran operaciones psicológicas. Todos los artículos, papers y libros que escribió Trías a partir de esa fecha los desarrolla en el marco de estas operaciones activas de espionaje.

—No era un James Bond.

—No. Y luego participa en operaciones de infiltración contra el enemigo principal que era Estados Unidos, donde fueron relativamente exitosos. Lograron infiltrar, por ejemplo, la Embajada de Estados Unidos. Pusieron un topo dentro que pasó la lista de quiénes trabajaban para la CIA en la embajada de Montevideo. Arma también otras actividades en contra de Estados Unidos, pero no se sabe qué suerte tuvieron, porque los archivos checos están muy mutilados.

—O sea, Trías estaba subordinado a una estructura de espionaje extranjero. ¿Cómo afectó esto su lealtad hacia sus compatriotas, los uruguayos?

—Les hizo llegar a los checoeslovacos documentos que le pasaban políticos uruguayos —que ignoraban el destino final de los mismos—, por ejemplo los tratados militares firmados con Estados Unidos, sacados del Parlamento. Tenía también muchos informantes en las Fuerzas Armadas, o en el Ministerio de Defensa. Conseguía cosas.

—Pero todo esto no podía hacerlo solo. Necesitaba de una infraestructura.

—Sí, tenía casas de conspiración ubicadas en la Ciudad Vieja. Eran tres, en la calle Buenos Aires 519, en la calle Treinta y Tres 1483, y en la calle 25 de Mayo 477, escritorio 25, casi Misiones. Ahí conspiraban, intercambiaban, tenían conversaciones políticas.

—¿Quién pagaba esas casas?

—El StB checoeslovaco. Funcionaron diez años, entre 1966 y 1976. Y poseían todo un criterio de seguridad, para evitar que los siguieran. Está en los archivos.

—¿Trías tenía agentes a su cargo?

—Su mujer, la agente “Falda”, que la recluta en 1970, por ejemplo.

—Pero debía haber gente que ayudaba o aportaba sin saber que Trías era espía. Es lo que ocurre habitualmente.

—Claro, estaban lo que el StB llamaba agentes “bajo bandera”, de gente que no sabía. Yo conocí a muchos de ellos que trabajaban por mera coincidencia ideológica. Él organizó una red con ellos.

—Estamos hablando ya de dictadura. Los archivos lo registran como agente hasta el año 1977.

—Cuando finaliza la operación del StB en Uruguay, y se van para Buenos Aires. Ahí los checoeslovacos le pasan todos los agentes a la KGB, lo establece un documento.

—¿Trías trabajó para la KGB?

—No. Quizá aparezcan mañana documentos que digan que sí, pero no lo sabemos, los archivos soviéticos permanecen cerrados. Él fallece en 1980, sus escritos de entonces son muy críticos con la Unión Soviética. Yo leí toda la obra de Trías, y de ella puedo deducir con claridad que el vínculo entre él y la KGB no existió.

—Pero volviendo a la dictadura, ¿por qué no fue preso?

—Porque el Partido Socialista a la dictadura no le importaba, solo el Partido Comunista y los Tupamaros. Se ve en la acumulación de material que hay en los archivos de inteligencia de la época. En los hechos el Partido Socialista a partir de 1974 no existe, y se reconstruye muy dificultosamente a partir de 1977, con golpes duros como el de principios de los 80. Era un partido que no les molestaba. ¿Y qué era Trías, para los militares, en ese contexto? Un gordo boludo que escribía libros.

Espías extranjeros.

—Muchos, sobre todo los más jóvenes, buscan encontrarle sentido a esto. Saber más de la Guerra Fría y su radical polarización ideológica. O entender por qué un país extranjero llevaba a cabo operaciones de espionaje tan sofisticadas en un país tan pequeño y, en apariencia, al margen de los grandes aconteceres políticos.

—Checoeslovaquia tenía entonces una relación muy fuerte con Uruguay. Pero también todos los servicios de inteligencia importantes y que se valen en el mundo tienen una sección en Uruguay.

—¿Por qué?

—Porque Uruguay es un país democrático, estable, abierto, y un lugar así siempre es un muy buen sitio para tener una central de servicios de inteligencia. Quizá también porque acá no pasa nada, no puede pasar nada. Uruguay era refugio, lo fue para los anarquistas en la primera mitad del siglo XX hasta el asalto al Cambio Messina, que ellos mismos condenaron. Los anarquistas expropiadores hacían de las suyas en Argentina y venían a refugiarse acá. Lo mismo con los peronistas, la cantidad que vinieron. La StB tenía que estar.

—¿Cuál era el vínculo con la KGB?

—La StB funcionaba en referencia a la KGB, colaboraba con ella. Trías no podía no saber. Y había una influencia. Cuando la Unión Soviética apoya a Cuba a mediados de los 60, el discurso del Partido Socialista cambió. La Unión Soviética no era más imperialista, había un solo imperialismo, el de los Estados Unidos. Cuando la invasión soviética a Checoeslovaquia (1968) la palabra imperialismo no aparece en ninguno de los textos ni en las declaraciones del Partido Socialista.

—Trías no era comunista.

—No, pertenecía a la izquierda nacional.

—Pero colaboraba con un servicio de inteligencia comunista.

—Los checos dicen en sus documentos que sabían que Trías no era comunista, pero que había coincidencias. El enemigo en común era Estados Unidos. Pero también había un interés por el dinero. La StB sabía que Trías, una vez que pierde la banca en el Parlamento, tiene problemas económicos. El tema del dinero está. Llega un punto en el cual Trías depende económicamente de ellos. Las planillas con los pagos que le hicieron ya se pueden ver en la Facultad de Humanidades, el grupo de estudios de Historia Reciente publicó en Internet todos los documentos de Trías en español. Cobraba, y cobraba muy bien, en dólares. Nadie puede negarlo; el que lo niega, miente.

Comunicados 4 y 7.

—Volviendo al tema de las coincidencias ideológicas, y por más que se declararan no comunistas, se puede decir que en la izquierda nacional de entonces el componente democrático venía en baja, ¿no?

—La gran desgracia que tuvo la izquierda uruguaya es que mataron al socialismo democrático. A lo largo de todo este proceso, que yo analizo en mi nuevo libro, vos ves la falta de Frugoni, que se va en 1963 del Partido Socialista.

—Se va el referente democrático.

—Claro. La democracia en Vivian Trías no está. A Trías no le importaba la democracia, le importaba la revolución. La socialista, la que sale desde las revoluciones nacionales. Pero la democracia no está, los derechos humanos no están, a lo que se suma una profunda incomprensión del Uruguay de entonces. Los contenidos de los análisis de Trías son muy buenos, porque era un artista contándote el proceso histórico. Sus análisis de coyuntura económica están bien, pero no tiene una perspectiva cultural y política de lo que era el Uruguay. Que Frugoni la tenía muy clara. Trías no vio la dimensión del Uruguay cultural, clase mediero, democrático, lerdo. Tuvo una falta de visión y de calibre brutal. Se equivocó además con los militares en toda América Latina. Con Onganía, con el hijo de puta del general Viaux, el chileno que mató a Schneider, y también se equivocó feísimo en la evaluación del golpe de Videla en Argentina. Y se equivocó, obviamente, con los comunicados 4 y 7 de los militares golpistas uruguayos, de acá a la luna.

—Los apoya.

—Con las dos patas. Él con el Partido Socialista. La falta de visión se debe al déficit democrático. Y había un problema de percepción de la realidad, grave.

—Pero no fue monolítico el apoyo. Tuvo resistencias dentro de su partido. Guillermo Chifflet y Reinaldo Gargano no apoyaron los comunicados 4 y 7.

—Ambos representaban el componente democrático. Y el último libro de Chifflet fue sobre Frugoni. Lo presenté yo.

—Su nuevo libro explica cómo Trías veía el golpe de Estado en proceso.

—Sí, sabemos los hechos históricos, el desconocimiento del General Francese como Ministro de Defensa por parte del Ejército y la Aviación el 9 de febrero de 1973, cómo la Armada no apoya esto y se atrinchera en la Ciudad Vieja, la soledad del Presidente Bordaberry que hace un llamado a la oposición y al pueblo y nadie se movió. Lo que no sabíamos, y ahora sí gracias a los archivos checos, es que Vivian Trías no dejó sus vacaciones en el balneario Costa Azul. La StB se entrevistó allí con él en plena crisis, donde le informó que iba a estar en la playa hasta mediados de febrero cuando tuviera que reincorporarse a la Cámara de Representantes. La democracia era un valor para muy pocos en ese momento.

Fernando López D'Alessandro
Fernando López D'Alessandro. Foto: Francisco Flores

Perfil.

Fernando López D’Alessandro es uruguayo, magíster y profesor de Historia, especializado en historia contemporánea e historia regional del Río de la Plata. Ha escrito la “Historia de la Izquierda Uruguaya” en varios tomos. En su nuevo libro, “Vivian Trías, El hombre que fue Ríos”, vuelca su experiencia de décadas trabajando sobre la obra del dirigente socialista.

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