Nueva novela

El escritor Eduardo Halfón no es un impostor

Eduardo Halfón continúa indagando en las imposturas. En su nuevo libro, un judío guatemalteco llega a Japón disfrazado de árabe.

Eduardo Halfon (foto Peter-Andreas Hassiepen)
Eduardo Halfon (foto Adriana Bianchedi)

Llegó el sexto libro del escritor Eduardo Halfón, la novela Canción, y retorna con él un texto que envuelve al lector, lo chupa, lo instala en las historias que relata el protagonista, también llamado Eduardo Halfón. Que es otro, en realidad, un personaje que sigue haciendo de las suyas (como en sus novelas anteriores), imprevisible, curioso, a veces fabulador, otras al borde de la furia, pero siempre indagando y planteando situaciones incómodas, y generando evocaciones contundentes en la cabeza del lector. Se sabe que Halfón es un escritor mayor, y esta novela lo confirma. Todos sus libros se consiguen localmente.

El protagonista llega invitado a Japón donde participará de un coloquio de escritores de origen libanés. Sabe que es un impostor, un autor judío-guatemalteco disfrazado de árabe. Habla, entonces, de su abuelo judío tratando de reafirmar su lejano origen libanés, pero sólo para quedar bien ante sus anfitriones. Dice poco sobre el Líbano y mucho —ya dicho en sus libros anteriores— de su abuelo y el Holocausto, de por qué el anciano odia a los polacos, por qué eligió primero París y luego Guatemala para vivir, para procrear, y cómo sobrevivió en ese país caribeño donde hasta fue secuestrado por la guerrilla —entregado por otro judío.

Aquí es donde aparece el guerrillero llamado Canción, que titula el libro. Canción está y no está, es un fantasma con un destino inevitable. El que crece siempre, nítido, es el abuelo. Como en el conmovedor El boxeador polaco (Libros del Asteroide, 2008) donde el anciano logra dejar una marca a fuego en la memoria del lector.

En Canción cambian los temas: está la corrupción de la política caribeña, el fallido Jacobo Arbenz, los abusos norteamericanos en Guatemala, la guerrilla, las matanzas indígenas, todo con una brutalidad y una cercanía difícil de digerir.

Mientras, el judío disfrazado de libanés sigue en el coloquio frente a muchos japoneses que lo miran serios, dudando y tratando de entender las imposturas que conlleva toda identidad. Entonces, en un corte de café del encuentro, conoce a una japonesa originaria de Hiroshima, nieta de un hibakusa, un sobreviviente de la bomba atómica. Allí, como por arte de magia, todos los holocaustos se funden y se confunden, generando una sensación tan ansiosa como frustrante, porque no permite dirigir la ira hacia un culpable concreto, y sí hacia algo difuso, nunca definido. El del origen del mal.

El año pasado el autor confesó a este cronista que quizá deje de escribir luego de Canción. Que eso no ocurra, por favor, porque esta literatura de la lucidez, de la indagación, es más necesaria que nunca.

CANCIÓN, de Eduardo Halfón. Libros del Asteroide, 2021. Barcelona, 122 págs.

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