EL ÚLTIMO LIBRO 

Las entrañas de Manuel Vilas

El novelista y poeta español presenta una autobiografía sin contar toda la verdad y con mucha ficción y en su último libro.  

Manuel Vilas, escritor español
Manuel Vilas, escritor español

Es difícil definir lo que el español Manuel Vilas hizo en Ordesa, su último libro, que parece una extensa autobiografía pero no, porque el escritor relata diferentes aspectos de su vida advirtiendo que ese relato no será toda la verdad, solo una parte, y con mucho de ficción.

Novelista, poeta y activo en prensa, el autor aragonés nacido en 1962 tiene una obra que le ha dado un merecido reconocimiento en el mundo de habla hispana. Posee una legión de fans. También frecuenta Twitter con frases que terminan por definir al personaje, y que en Ordesa se muestra en todo su esplendor. Es la figura del escritor valiente y honesto que enfrenta los fantasmas de su pasado, sus fracasos, errores, y de paso discute los mayores dolores de España, las heridas históricas que marcaron y siguen marcando a la comunidad.

En Ordesa Vilas expone su reciente fracaso matrimonial, su vida en solitario, la muerte de sus padres, la relación con sus hijos y otras derivas vitales, dolorosas, como el recuerdo del cura que lo manoseó cuando tenía 9 años, “y no supe si tenía que decírselo a mis padres, y no lo dije porque pensé que era culpa mía”. Recuerdos neblinosos, obturados por el dolor y la angustia, pues trata de recordar qué pasó con ese cura abusivo y confiesa que “no lo sé. No sé hasta donde llegó. No lo recuerdo”, para despacharse luego contra todos los curas gordos, de barriga abultada, que hablaban cariñosamente y te acariciaban el cabello: “El franquismo estaba lleno de curas tarados”. A partir de allí Vilas elabora su propia teoría del Mal, ese que “te convierte en culpable si te toca”, porque la compasión es siempre simulación (en el fondo siempre hay desprecio hacia la víctima, dice), y porque “las víctimas son siempre irredimibles”.

Un tema recurrente es la pobreza, la suya y la de su familia, pero también la de toda España. No se encandila por estar cerca de reyes, de recibir reconocimientos; se desmarca y pone el acento en la soledad del crítico, del descastado, del desesperado. No calla. Ni siquiera tratándose de las viejas heridas compartidas como la de esa España pobre, un auténtico “país atrasado, pero por qué lo era tanto, ningún historiador lo sabe. Ningún historiador tiene la más mínima idea de esto. El enigma español, lo llaman”.

La prosa de Vilas a veces deslumbra por su certeza, otras genera rechazo. Y también se enmaraña en giros poéticos inverosímiles, de musicalidad encantadora, pero que no se entienden (seguro él sí). Ahí, sin embargo, está la belleza de esta escritura: en su honestidad intransigente alejada de todo intento por seducir.

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