Poéticas

Eduardo Milán sobre el objeto del deseo

Volveré sobre esto, Orfeo, porque creo en volver la mirada.

Eduardo Milán

Entiendo al Heidegger último, el de la entrevista de Der Spiegel del 23 de septiembre de 1966, donde proclama (para ser leída póstumamente a su pedido, publicada el 31 de mayo de 1976) “Sólo un dios puede salvarnos”. Cómo riñen la precisión de la fecha con la palabra “dios”. La fecha contra la fe. Cae una sílaba, por lo menos. ¿Estaba desesperado Heidegger por la especie? ¿O por la raza? O por las dos juntas. Nunca vio un zanate a medio metro. Y eso que caminaba por el bosque. Era un gran caminador. El Johnnie Walker de la filosofía, el Johnnie Walker etiqueta negra. No tanto por el precio más caro que el rojo: por la Selva Negra. El rojo está abaratado por la izquierda gestionadora del capital. El etiqueta verde es más caro. Es la etiqueta del zanate que es más negro que un cuervo. Casi azabache. Pero con plumas, sin montura. Yo creo sólo en volver la mirada. No volver a: volver la mirada, Orfeo. (El riesgo es desaparecer lo que se ve —o se encuentra en esa vuelta. No por curiosidad, no para medir la verdad de los dioses —o el engaño). Para hacer memoria, para atraer la memoria. Los dioses dieron de sí. Manfred Frank habla de “un Dios venidero” que por el momento está (o estaba según el propio Frank) en el exilio. Yo pensé que era el lugar de los salidos políticos. Y el lugar donde uno encuentra. O donde uno se encuentra con uno como si fuera Rimbaud —el otro. Pero cuando uno manda al dios al exilio da la impresión de que lo quiere salvar. Y salvar es el verbo que no banco. Bancar, por ejemplo, es el verbo de la izquierda auto-designada “gestionadora del capital” que en los progresismos políticos latinoamericanos en vez de crear estructuras que aseguraran a la población se limitaban a hacerla sujeto de crédito para entrar al gran mundo inagotable de la mercancía. Encadenar al crédito, la salvación por la mercancía. Hay unos “capitalismos de plataformas” que quieren liberarnos del pasado practicando un “de aquí en adelante”, un tabla rasa, un corte de peso que nos libre del abismo de no ser Leonardos, Ilustración, Comuna de París y Rimbaud, todo junto. Ese peso. Volveré sobre esto, Orfeo. Porque creo en volver la mirada sin desaparecer el objeto del deseo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados