Relatos de Rubem Fonseca

Divertimentos de un fabulador

Humor, exceso y grotesco en piezas breves de dos o tres páginas.

Rubem Fonseca

Nacido en Minas Gerais en 1925, Rubem Fonseca ha escrito una obra moderna y salvaje que lo llevó a alcanzar los más altos reconocimientos de la lengua portuguesa y de la literatura continental (el premio Camões, el Juan Rulfo, entre otros). Ha dado cuenta de la violencia en las grandes ciudades, del crimen, de la vida de los marginados, de los absurdos del sexo y de la corrupción, en alrededor de cuarenta libros, entre novelas y cuentos, pero antes como abogado y empleado de la policía de Rio de Janeiro, lo que le permitió conocer de primera mano la convivencia áspera de la ley con toda clase de transgresiones sociales.

El humor ácido y la mordacidad de su mirada le ha permitido deslizarse con ductilidad entre la novela negra y la crítica social, al punto de convertirse en un referente ineludible de las letras brasileñas. Ineludible y misterioso porque igual que su amigo John Updike, siempre se negó a las notas de prensa y ha preferido darse a conocer por su obra. A punto de cumplir 93 años, llega a las librerías con un nuevo volumen de relatos titulado Historias cortas, un conjunto de divertimentos breves, de dos o tres páginas, en los que proliferan personajes delirantes y criminales, capaces de retratar con sus grandes salvajadas el caos y los tormentos de la vida urbana. Un hombre pretende ametrallar a todos los racistas y a modo de protesta acaba por casarse, primero con una negra, después con una india; un obeso, gracias a su doctora, también gorda, descubre que la grasa es buena para las hormonas sexuales y decide no adelgazar, un niño comienza con el hábito de masticar alas de pollo y con los años no puede evitar roer huesos humanos.

Sus relatos no cargan ya con la ambición literaria de sus novelas más celebradas, como El caso Morel o Agosto, ni con la estructura de los excelentes cuentos de sus libros El collar del perro o Feliz Año nuevo. Acercan su prosa más descarnada, apoyada sobre argumentos caprichosos y febriles, a veces para dibujar un personaje irredento, a veces para presentar una aventura desquiciada, y en la mayoría de los casos para levantar una historia y seguirla en el humo que levanta un cigarro. Abunda el humor, el exceso y el grotesco como una marca de furia y juego que no quiere rendirse, pero ofrece poco más que las espirales imaginativas de un autor consagrado.

Es necesario avisar que el libro fue traducido al español en México, y cada tanto el lector tropezará con el DF mientras camina por Copacabana, pero los “padrotes” y “banquetas” (por veredas) no levantan una barrera sobre los propósitos de Fonseca: divertirse una vez más.

HISTORIAS CORTAS, de Rubem Fonseca. Tusquets, 2017. Buenos Aires, 172 páginas. Distribuye Planeta.

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