Prensa escrita e internet

Los dilemas del periodismo en la era digital

Bernardo Marín García, de El País de Madrid, discute problemas y plantea salidas a la crisis que vive el periodismo.

Bernardo García Marín
Bernardo Marín García

Desde la introducción de las computadoras en las redacciones de los diarios, esas empresas resistieron varios embates que auguraban catástrofe. Pero desde hace unos años, el cruce entre internet y los teléfonos móviles pone en peligro no solo su rentabilidad, obligadas a entrar en el terreno digital, sino también la calidad de la información y la ética periodística.

Bernardo Marín García lo sabe desde adentro. Es subdirector de El País de Madrid, donde trabaja desde 1998. En La tiranía del clic, estudia los riesgos de recurrir a titulares trampa para generar más tráfico y más ingresos por publicidad, aunque la nota no justifique el título. Alumbra, también, caminos de salida posibles para esta crisis.

No es que esté en contra de los titulares atractivos, recurso periodístico honesto. Lo que analiza es cómo mantener la vieja ética periodística en el nuevo estado de cosas. Hasta hace unas décadas, el periodista trabajaba a la vez para un público lector que podía ser muy caprichoso, pero también para sus editores, profesionales honestos y solventes. Esto hacía un equilibrio que permitía al lector promedio diferenciar periodismo serio de prensa amarilla.

El periodista escribe hoy para esos mismos lectores y editores pero también para motores de búsqueda como Google, por lo que al titular una nota tiene que tener en cuenta qué es lo que escribirá como consigna de búsqueda para la mayoría de los cibernautas, para que su artículo trepe a la cabeza de la lista de resultados. Esto puede hacerse de modo serio, recurriendo a especialistas informáticos pero preservando los criterios de rigor y calidad, o dar pie para la trampa y el abuso. Para colmo de males, la gratificación inmediata que provocan las redes sociales, donde cada like o compartido es una dosis inmediata de dopamina en el cerebro del usuario, dificulta captar lectores para notas serias en los medios digitales. En las redes no se lee, se picotea. Y la lectura demorada de un periódico —incluso si es digital— informa más y mejor, aunque requiera más tiempo.

Marín García apuesta a una solución que pide un sacrificio: aumentar los contenidos por suscripción paga. Llama a una alianza entre lectores exigentes y medios periodísticos, por el rigor y la calidad. Debe estudiarse que la prensa seria e independiente, también digital, es uno de los pilares de la sociedad democrática.

LA TIRANÍA DEL CLIC, de Bernardo Marín García. Turner, 2019. Madrid, 96 págs.

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