la biografía del tola invernizzi

El día en que el arte enfureció y fue pura ternura

Carlos María Domínguez cuenta una vida sin evadir un problema: el lugar de su pintura.

Vestido y ventanas, 1993. Tola Invernizzi
Vestido y ventanas, 1993. Tola Invernizzi

La biografía que Domínguez le dedicó al Tola Invernizzi discute desde el comienzo el lugar de su creación plástica. Lo hace recreando un diálogo entre dos parroquianos:

"-¿Y la pintura, che?

-No le dieron pelota.

-Fijate vos, él decía que no pintaba para mostrar sino para decir.

-Pero si fuera así no lo hubiera complicado tanto, ¿no? Casi nadie le entendía un carajo".

Es desde ese problema que Domínguez entra en la biografía y lo hace con una narración adictiva, divertida, llena de datos, buscando revelar las claves que explican al protagonista. "Una noche de copas se cruzó en el centro con el pintor Alfredo de Simone, al que admiraba profundamente. Le tomó del brazo para decirle lo que le gustaban sus cuadros. Quiso hablarle, preguntarle cosas, mientras desesperado, de Simone retrocedía gritando: "¡déjeme! ¡déjeme!", convencido de que lo acosaba un ser monstruoso. Y no se equivocaba porque Tola no tenía proporción. Lo colmaban ambiciones del tamaño de sus huesos". Y aún así, todavía hoy, hay quienes lo recuerdan por su perfil bajo.

Domínguez recorre todos los hitos biográficos. Desde sus padres, los amigos, los vecinos, su amada Piriápolis, los círculos artísticos que frecuentó, su amor por la plástica hasta su actividad política, tan extravagante que terminó siendo percibido como un outsider, lo que derivó en persecuciones, detenciones infames, y deportaciones. Afín al Partido Comunista, siendo electo edil (1972-73) participó de una declaración contra la violencia dedicada a los secuestrados de la guerrilla Ulysses Pereira Reverbel y Carlos Frick Davies, y al recién asesinado obrero Luis Batalla, víctima en la tortura. Luego, a favor del peón asesinado Pascasio Báez. En una carta Tola escribió: "yo no soy comunista aunque nunca estaré en un lado opuesto al PC". Pascual Grippoli contó que nunca le escuchó un discurso típicamente comunista, consideraba que era un humanista que rescataba lo mejor del socialismo, el anarquismo, y el mensaje cristiano. En el cierre del libro dos parroquianos discuten. Uno dice que era comunista. El otro dice "No, no era comunista. Era Tolista".

Pintó cuadros enormes que podía exponer en sitios como gimnasios. "Fue la única exposición que pude recorrer en bicicleta" recuerda el escritor y amigo Mario Levrero. Buscó conciliar la pintura y el grafiti. Para ilustrarlo Domínguez hace un paralelo entre Torres-García y el Tola, que se reconoció en el cubismo, el expresionismo y la obra de Picasso. "La descomposición de los planos, la simultaneidad, la trama deshecha en el aire, podían dar cuenta de la vida que llevaba. Pintaba y rompía, regalaba y buscaba un camino en el color sin restricciones", opuesto a los sienas, ocres terrosos, al equilibrio de los grises y el blanco tiza de Torres-García, tan afín al espíritu uruguayo. "Pero Tola tenía demasiado sol en la espalda".

TOLA INVERNIZZI, LA REBELIÓN DE LA TERNURA, de Carlos María Domínguez. Banda Oriental, reedición 2018. Montevideo, 222 págs. Distribuye Gussi.

Nota: Para los más curiosos el libro Tola Invernizzi, El tiempo en que el arte se enfureció, de Alicia Haber (Trilce, 2007) es una referencia ineludible.

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