POESÍA DE TATIANA OROÑO

Cuentas que no cierran

Como en el "Libro de horas" medieval, cuenta su vida a medio camino entre la prosa y la poesía.

Tatiana Oroño. Foto Marina Pose.
Foto Marina Pose.

Desde la tapa, este Libro de horas propone ser leído como una "autobiografía poética". Tatiana Oroño (1947), poeta, traductora, crítica de arte y literatura, docente, madre, mujer, todo sumado sin orden posible, pone a jugar en este texto fragmentario, moroso e intenso, una voz que despliega saberes abiertos y conectados en una persistente búsqueda de sentido."En el caso de Tatiana, la poesía es un comportamiento", escribió Alicia Migdal en La palabra entre nosotras (2005). Parece, entonces, casi inevitable que vida y escritura se cruzaran explícitamente, como sucede en este libro. En la primera página advierte Oroño: "Escribo lo que pasó para que pase algo que modifique lo que está pasando".

Como en un palimpsesto, se escribe sobre lo ya escrito y borrado. El modelo primitivo evocado es el libro de horas medieval: un manuscrito que contenía rezos y salmos, "iluminado" por pinturas o dibujos de figuras, en miniatura, que representaban historias sacras. Esta era una escritura con fines prácticos, sustentada en la devoción, que se recitaba o cantaba en cada hora litúrgica del día. La conexión de palabras y plástica hace que este libro tenga rasgos de los llamados "de artista". Carlos Liscano proporciona un ejemplo cercano: son libros únicos, pequeñas obras de arte, en las que lo material resulta inseparable del texto y las imágenes. El Libro de horas de Oroño es, en cambio, de producción industrial, pero la disposición interior del texto, los dibujos, la tapa con la letra y la pintura de uno de los hijos remite a la condición de libro objeto.

Todo invita a asociar las "iluminaciones" (pinturas) del libro de horas de la Edad Media con los dibujos infantiles que la madre-poeta guardó y reproduce y comenta en el presente de la edición. Las creaciones de los hijos transforman, por la emoción y la gracia, el espacio representado y el del libro. A través de ellas, la voz poética conversa con la del padre, el pintor y docente Dumas Oroño, autor de libros didácticos entre los que se encuentra La expresión plástica infantil (1951). El término "iluminaciones" excede la esfera de las pinturas; en un sentido amplio, puede servir para acercar la forma de este libro singular, elaborado en base a irrupciones, conocimiento intuitivo, esclarecimiento interior.

CUENTA ABIERTA.

Tatiana Oroño tuvo sus hijos durante la dictadura, sufrió allanamientos, fue destituida como docente y publicó su primer libro, Alfabeto verde (1979). En un verso del poema "Aquí" se refiere a "mi destino grupal, mi infatigable rumbo". El libro siguiente, Cuenta abierta (1986), comienza con una cuenta insaldable. "Ahora somos esto: los que estamos/ afuera de la cuenta/ de 90.000 muertos/ o desaparecidos…". En su obra el mundo interior, preservado disciplinada y laboriosamente, es un lugar de encuentro y libertad, de elaborada resistencia en dictadura y democracia. La vida personal en Libro de horas "surge en la esfera de lo privado pero rápidamente toma otro sentido: la historia personal se enlaza con la del país", dice Norah Giraldi Dei Cas en la contratapa. Las dos perspectivas, la íntima y la política, se viven juntas. Cuando quien escribe convoca sus estudios de literatura en el IPA, en la década del sesenta, recuerda la frase del Dr. Fausto: "Dos almas habitan en mi pecho". Aclara que "no expresaba dilemas vitales. No había dilema en los estrechos pasillos de las disciplinas cotidianas: pegada a la vida iba la revolución".

Esta conciencia política gestada en los sesenta ha ido adquiriendo un perfil feminista que acompaña, en términos generales, los avances del movimiento en Uruguay desde la salida de la dictadura. Decía en el libro Morada móvil (2004) cuyo título ha contadose le ocurrió en el velorio de Marosa di Giorgio: "Escribir para ser una, para echar cuerpo. Pero antes, tener que hacer mil cosas. Por tanto: para ser una, hacer mil y una. ¿De qué escribir? De una cuenta que no cierra: para llegar a una, pasar por mil y una". Un reclamo que recorre también Libro de horas. Cuando en la "Advertencia" presenta al lector el libro que va a leer, dice: "Fue concebido como un libro futuro. Un libro 'para cuando pudiera ser'. Un libro en defensa de la lentitud. Y, a la vez, una denuncia contra las causas que hicieron engorroso el proceso, que lo paralizaron y a la larga lo enlentecieron. Así, entraña una requisitoria contra la falta de tiempo que como mujer de mi generación he sufrido y barajado".

"LA MEMORIA EN DONDE ARDÍA".

Con esta cita de Francisco de Quevedo tituló Hugo Achugar su conferencia de cierre del coloquio "Hablan las memorias" realizado en Montevideo (setiembre 2017). Los estudios sobre la memoria en los países que sufrieron dictaduras plantean la contradicción existente entre la voluntad de no olvidar, que se ha vuelto consigna política, y el carácter íntimo e imprevisible del recuerdo. Las palabras de Quevedo quedaron resonando al leer este libro de Tatiana Oroño que parece surgir de la combustión del recuerdo. Las imágenes aparecen por sí mismas e investidas de una resonancia interior que es la impronta de esta poesía en prosa. Con intermitencia, emergen algunos momentos agrupados en ocho partes en las que predomina un tema, una imagen, una idea. Esta es una "autobiografía" que no sigue un orden cronológico, sino una línea interrumpida y espiralada que no ahoga la continuidad de un sujeto que se percibe a medida que traza su historia. Pero también está la otra memoria, la que surge del anhelo de justicia, del descontento con el presente, de la necesidad de pensar en un futuro. La docente que vuelve a clase después de la dictadura está decidida a mantener la memoria de lo sucedido, al mismo tiempo en que se arroga el deber y el derecho de dar sentido.

La escritura de Libro de horas crea una autorreferencialidad ladeada. Obviamente una autobiografía es el reino del "yo". Pero, en esta obra, los espacios, los acontecimientos parecen desplegarse por sí; brotar de una voz recatada y ardiente que envuelve al que lee y que crea una distancia con el mundo rescatado. Solo dos de las ocho partes en que está dividida la obra empieza con la primera persona. La quinta, "Esto es lo otro", con una decisión personal que la reenvía al ámbito familiar; y la sexta, "Territorios", con un sujeto que reflexiona sobre la vivencia del tiempo. El subtítulo "Esto es lo Otro" evoca la famosa expresión "Je est un autre" (Yo es otro) de Arthur Rimbaud. Es solo un eco que permite señalar diferencias. Puede entenderse que la frase rimbaudiana alude a que el poema debe dejar hablar al otro que está en mí. La expresión de Oroño parece ir por otro lado. Los pronombres "Esto"/"Otro" se contraponen por cercanía o lejanía en relación al sujeto y la frase que los identifica parece sugerir una imagen cara a Amanda Berenguer: la continuidad adentro/afuera, que diera lugar al poema "Cinta de Moebius" incluido en Materia prima (1966).

Esta lateralidad puede tener que ver con una idea de Andrea Carriquiry expuesta el día de la presentación del libro: Oroño parece elegir la periferia para escribir. No lo hace desde el lugar de crítica reconocida o poeta laureada, sino como hija, madre y docente destituida. Pone en juego sus saberes artísticos al decir su vida porque no acepta la distinción entre vida y creación, entre comportamiento y poesía.

LIBRO DE HORAS, de Tatiana Oroño. Estuario, 2017. Montevideo, 140 págs.

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