Emilio Fernández Cicco
HUNTER STOCKTON THOMPSON empezó a escribir su novela Miedo y asco en Las Vegas, hoy considerada una obra maestra, en un momento de especial precariedad en su vida. En 1971, publicaría su primera parte con seudónimo en la revista Rolling Stone. Después, en 1998, poco antes del quiebre del siglo, figuraría en los estantes de la colección de clásicos estadounidenses Modern Library, ubicado entre Thackeray y Tolstoi.
Pero allá en Las Vegas, cuando plasmó su primer capítulo en una noche de insomnio, Thompson estaba más lejos del bronce y más cerca del abismo. Tras una frustrada cobertura de una carrera de motos, el periodista estadounidense necesitaba escapar de un hotel donde había acumulado miles de dólares de deuda, con la habitación destrozada, una pistola cargada y una gran cantidad de drogas en el baúl de un auto de alquiler también destrozado. Él mismo recordaría ese estado de súbita inspiración: "Presión... Eso es lo que era. Presión extrema. Es como el calor que crea el diamante".
PROYECTO FRUSTRADO. Hunter Thompson, periodista, escritor, adicto a todo, pensaba vivir intensamente hasta los 27 años y luego dejar el mundo del mismo modo en que Jimmy Hendrix, Jim Morrison, James Dean y Janis Joplin habían dado, a esa edad, un paso al costado. El asunto es que hoy, a los 64 años, su corazón sigue latiendo, su pulso es normal (los médicos dicen que está perfecto), y continúa escribiendo libros descerebrados en una estancia armada hasta los dientes, en Colorado, al Norte de los Estados Unidos. Johnny Depp, Sean Penn, Jack Nicholson, dueños de cabarets, dealers, estrellas porno, alcohólicos sin dientes, hombres con dientes pero sin dinero para alcohol, se calzan las botas de nieve y atraviesan el país para ver cómo trabaja una de las dos o tres últimas leyendas vivas de la literatura americana.
Hasta hoy, Thompson sobrevivió al Festival de Woodstock, a la pandilla de los Hell’s Angels (Angeles del Infierno), a la campaña de Richard Nixon, al Watergate, a trece episodios con riesgo de muerte —él mismo los contó—, al whiskey bourbon Wild Turkey —su trago favorito—, a las drogas psicotrópicas, a las drogas alucinógenas y a las drogas recreativas. Sobrevivieron junto a él sus crónicas, que narran el sueño americano al desnudo, patas para arriba, con un toscano en la boca y un chaleco de fuerza.
Afortunadamente su vida, o al menos buena parte de ella —la más violenta—está registrada y a salvo: dos biografías sobre su obra (una de Paul Perry, y otra más minuciosa y testimonial de E. Jean Carroll), tres tomos que recopilan su correspondencia, un puñado de novelas, tres tomos que recogen sus artículos —el mejor es La gran caza del tiburón, con las notas de su primera época—, dos películas inspiradas en Miedo y asco en Las Vegas y otras dos en preparación. Todos narran la historia de un genio a prueba de balas, un hombre que empezó como niño rebelde y terminó por convertirse en el más lúcido gurú de la psicodelia americana. La influencia de su personalidad es tan poderosa que Bill Murray, luego de interpretarlo en el film When the Buffalo Roam, necesitó un plazo de cinco años para quitarse sus tics de encima. Y a Johnny Depp, que lo recreó en Pánico y locura en Las Vegas, le ocurrió algo similar. Basta con verlo cinco años más tarde en La maldición del Perla Negra donde interpreta a un pirata calcado de Thompson. El actor, que estuvo en su casa en Woody Creek, Colorado, se probó su ropa y se sumergió en sus cajas de apuntes de aquella época, llegó a decir de su novela: "Creo que el libro es una versión reposada de lo que verdaderamente sucedió. Así que imaginen lo que ocurrió en ese viaje".
HASTA EL LIMITE. Nacido en Louisville, a pocas manzanas de donde vivía Cassius Clay, Hunter era famoso en el barrio. Todo el mundo se hacía la misma pregunta: ¿cómo es que el hijo de Virginia Ray y Jack R. Thompson, un vendedor de seguros, siendo tan brillante se pasa de farra en farra, bebe como una esponja y aún así mantiene una lucidez milagrosa?
Un día, el FBI llamó a la puerta de la casa de los Thompson. Los hombres de negro aseguraban que Hunter, junto a su pandilla de amigos, había arrojado un buzón delante de un micro. "Delitos como éste, señora, tienen una sentencia de cinco años", explicaron. "Ay, Dios, oficial, pero es sólo un niño", dijo la madre. "Mire, señora, hay testigos que lo señalan como el autor de este acto de vandalismo. Así que su hijo debe confesar". Pero Hunter no confesó, no había testigos y el caso se cerró. Tenía nueve años.
Tiempo después no tuvo la misma suerte. Lo arrestaron por vandalismo y pasó unos días en un reformatorio. Once días antes de completar el colegio, en junio de 1955, estaba de vuelta en la comisaría con dos amigos. Como sus padres eran influyentes en Louisville, ambos quedaron libres. Pero a Hunter lo sentenciaron a seis días en un nuevo instituto de menores, y a empezar de imediato en una escuela como pupilo o inscribirse en el servicio militar el día después de su liberación. Eran elecciones que no auguraban nada bueno. Especialmente para alguien como Thompson.
Uno de sus compañeros de aquella época cree que en ese momento, Hunter forjó su personalidad huracanada: "Las frustraciones por su situación social, sumadas al hecho de haber ido preso, donde vivió atrocidades y tenía un miedo constante a ser víctima de abusos sexuales, deben de haber sido los responsables por su odio y su comportamiento errático". Otro lo retrata como un niño insaciable e insatisfecho, un motor sin fondo y sin medida: "Hunter trataba de llevar al límite todo lo que hacía. Se emborrachaba al límite. Escribía al límite de sus habilidades. Buscaba manejar el auto más rápido que lo que permitía su motor, y cuando estaba con una mujer quería hacerla ir más rápido de lo que ellas deseaban. Así transcurrió casi toda su vida".
El mismo año en que lo sacaron de las narices del colegio, Thompson escribió sobre la seguridad para el Athenaeum Spectator, un grupo cultural del que formaba parte. En aquel ensayo palpitaba lo que se le vendría encima, bueno o malo, pero siempre alocado y salvaje: "Seguridad... ¿qué significa esta palabra en relación a la vida tal como la conocemos?... Lo único que sé es que un hombre lamentará siempre el hecho de no tener coraje suficiente para aceptar el desafío de la libertad y abandonar el confort de la seguridad, y ver la vida tal como es en lugar de vivirla de segunda mano".
Desde 1956 trabajó, obligado, en la base aérea de Kelly. Llegó al alistamiento debidamente borracho. Y cuando los oficiales lo llamaron por lista, vomitó debidamente a sus pies. Tuvo la suerte de que el periódico de la base, el Command Courier, buscara un nuevo editor de deportes. Hunter era un fanático del béisbol, había escrito unas líneas para diarios de Lousville y en seguida obtuvo el puesto. Se vestía como quería, se escapaba cuando quería, y escribía lo que quería, suma que finalmente le dio también lo que quería: la expulsión irrevocable de la Fuerza Aérea.
A los pocos meses, consiguió empleo de corrector en la revista Time. Luego, se instaló en Puerto Rico como redactor del diario Sportivo y más tarde, entre 1962 y 1964, fue corresponsal en Latinoamérica para el National Observer. En esos años, Hunter estuvo en Brasil, Perú, Colombia. Contrajo disentería, perdió el pelo y cambió la forma de hablar. "Cuando regresó, hablaba como una ametralladora", cuenta Gerald Tyrrell, un amigo de toda la vida. Cliff Ridley, su editor del National Observer, admiraba las crónicas de Hunter, pero seguía preguntándose si su redactor estrella no le metía el perro y novelaba un poco: "A la luz de sus trabajos posteriores, releí sus artículos para nosotros y me pregunté qué había de verdad y qué no. Pero era un material maravilloso y prácticamente imposible de chequear".
Paul Semonin, un amigo pintor que lo acompañó a Puerto Rico, furioso con Hunter porque había mentido en un artículo sobre una de sus exposiciones, concluyó lo siguiente: "Si no le gustaban las citas, creaba nuevas. Si no le gustaban los hechos que lo rodeaban, creaba otros". De ese modo Semonin fue tal vez el que mejor definió el periodismo "gonzo". Definición cruda, pero definición al fin.
EL UNICO "GONZO". En 1979, la palabra "gonzo" fue incorporada al léxico en el diccionario Webster como un adjetivo "de origen desconocido. Bizarro, descontrolado. Designa un estilo muy personal de periodismo". Más allá de su obra Hunter es pionero de un género periodístico que comenzó y culminó en él. Thompson mismo consideró Miedo y asco... un proyecto gonzo frustrado, método que, juzgando objetivamente su obra, quizás plasmó con éxito en media docena de artículos. Eso no le quita mérito a alguien que encontraba en la ficción, tal como afirmaba William Faulkner, "la mejor herramienta para contar la verdad". En verdad, como método, era demasiado exigente: plantea que las opiniones vertidas en un artículo deben ser espontáneas y no hay bajo ningún aspecto que corregirlas (Hunter llevaba anotador y grabador portátil para asentar sus observaciones). Por otro lado, el "gonzo" coloca al periodista en el centro de la escena y como eje de toda la historia. Eso requiere alguien con carácter de acero y de rápidos reflejos.
La historia del "gonzo" está ligada al Kentucky Derby, la popular carrera de caballos que se celebra en Louisville. Thompson fue a cubrirla en junio de 1970 para una pequeña revista llamada Scanlan, y la contó con una maldad suicida que entusiasmó a su editor de tal modo que exclamó: "Viejo, esto es puro gonzo". El término quedaría grabado en la historia como la vertiente más audaz y descabellada del nuevo periodismo, así bautizado por Tom Wolfe. Un movimiento de liberación del género donde la crónica periodística echa mano a los trucos de la buena ficción.
"A diferencia de Tom Wolfe o Gay Talese, por ejemplo, yo casi nunca trato de reconstruir una historia", argumentaba él. "Ellos son mejores cronistas que yo, pero sucede que en mi caso no me considero un cronista. Gonzo es simplemente una palabra que elegí porque me gustaba el sonido. Ellos tratan de ir hacia atrás y recrear historias que ya ocurrieron, mientras que yo me involucro en el medio de lo que sea que estoy escribiendo de la forma más personal posible. El verdadero periodismo gonzo necesita el talento de un maestro de periodismo, el ojo de un artista y fotógrafo y las pelotas de un actor. ¿Qué es gonzo? Gonzo es lo que hago yo".
Su amigo Don Cooke, que leyó los manuscritos de sus primeras novelas —muchas sin completar—, opinaba: "Sus cartas y sus artículos estaban llenos de una increible vitalidad. En cambio, su ficción era completamente banal y dispersa. No iba a ninguna parte. Era como si necesitara un tipo de inmediatez para reaccionar. Y la vida real le daba eso".
David Felton, el editor al que primero le exhibió un capítulo de Miedo y asco en Las Vegas, lo alentó a completar el relato: "Era una forma involucrada y particular de periodismo, que ocurría en el mismo momento de la acción, no una vez que ésta concluyó. Pero era diferente a la forma tradicional de hacer periodismo porque Hunter provocaba los hechos. La mayoría de los sucesos eran reales, por supuesto, pero nada de eso hubiera ocurrido si él no los hubiera alentado a que salieran a la luz".
Hunter Thompson no se hizo verdaderamente célebre hasta 1965, gracias a un artículo para The Nation por el cual cobró 100 dólares sobre los temibles Angeles del Infierno. Eran una pandilla de motociclistas que metía miedo, cadenazos y un rugido demente entre los norteamericanos allá en la década del ‘60. Thompson alquilaba un pequeño departamento en San Francisco donde pagaba 100 dólares de alquiler. "En ese momento, hacía cualquier cosa por cien dólares", recuerda. A través de un amigo miembro de la pandilla, pudo conocer y entender a la banda por dentro. Con el artículo publicado, donde abordaba a la banda desde una intimidad asombrosa, empezaron a lloverle propuestas para hacer un libro ampliando la información. Una editorial le ofreció 1.500 dólares sólo por compremeterse a que, si llegaba un día a escribirlo, lo haría con su sello.
Con ese adelanto, Thompson se compró la moto más rápida según la Hot Rod Magazine (una BSA 650 Lightning) y paseó junto a los pandilleros a lo largo de un año. Cuando tenía el libro prácticamente terminado, discutió con un Angel y lo molieron a palos entre varios en un bar.
El libro fue un éxito y todos empezaron a ver en Thompson un abanderado del periodismo salvaje y una llave para conocer a los Angeles del Infierno en persona. Así, gestionó una reunión cumbre en una granja de La Honda con los hippies lisérgicos liderados por el escritor Ken Kesey, donde participó el mítico poeta Allen Ginsberg. Aquella vez asistieron medio centenar de motociclistas, que probaron por primera vez el sabor del LSD de la casa, Hunter incluído. Había custodia por todas partes. Pero la reunión fue un éxito: quedará en la historia como un triunfo social de unión entre opuestos.
Tras la investigación, dejó la moto y se postuló como alcalde de Colorado. Entre sus propuestas, estaban liberar el consumo de drogas —empezando por sus propias drogas— y pulverizar el avance del turismo en la zona. Alistó en sus filas a los freaks, a los borrachos y a las prostitutas. Perdió por pocos votos. De primera mano, escribió sobre su campaña para Rolling Stone. Jann Wenner, el mítico fundador de la revista, recuerda la tarde en que lo conoció: "Llegó con un pack de cervezas, una botella de bourbon Wild Turkey, papeles, una pistola y una valija que vaya a saber uno lo que contenía". En un momento, Hunter sacó una inyección, extrajo whiskey, se la inoculó en el estómago y eructó. En la redacción, los periodistas quedaron pasmados. Todos ellos habían entrevistado y escrito sobre estrellas del rock pero nunca habían tenido alguien con ese tipo de mística salvaje trabajando codo a codo en la oficina.
Thompson y Wenner serían grandes amigos. A cargo del área de política nacional, Hunter cubrió la campaña presidencial de 1972 y viajó en el auto con Richard Nixon hablando de fútbol americano. Más tarde, compilaría los artículos en un libro, Fear and loathing on the campaign trail ’72, a juicio de las universidades de periodismo norteamericanas uno de los diez mejores relatos de no ficción. Sus editores padecían noches de insomnio, estrés y efectos colaterales a causa de su inmanejable técnica de trabajo. David Felton, su jefe en Rolling Stone, recuerda los días en que Thompson enviaba sus crónicas de la campaña presidencial: "Normalmente, lo llamaba una hora antes del cierre para tratar de que Hunter me enviara aunque fuera unos párrafos. La siguiente hora, trataba de que me enviara un poco más, rogándole a Dios que tuviera alguna conexión con el primer material. Este proceso de reclamos podía prolongarse durante 36 horas contínuas y entonces Hunter colapsaba. Luego yo debía pasarme la noche entera tratando de aclarar y pulir y hacer legible el material que enviaba. Cuando él despertaba, volvía a enviarme más material, aunque ahora Hunter se ponía aún más intratable. Finalmente, yo me preguntaba: ‘¿Por qué estoy haciendo esto? ¡No lo necesito!’ Me estresaba, me cansaba, trabajaba solo y a veces, simplemente me ponía a llorar".
Cuando juzgó que la Rolling Stone había perdido su espíritu rebelde, Thompson abandonó a Wenner y empezó a escribir columnas para distintos medios que veían en él al mejor vocero periodístico de la generación perdida. Felton, desde entonces, durmió mejor.
CON EL TANQUE VACIO. Thompson utilizó la fórmula "gonzo" en la maratón de Honolulu en 1980, en la campaña de Bill Clinton, en un torneo de pesca de tiburones, en una entrevista con Muhammad Alí y en una cobertura del fin de la guerra de Vietnam. En la mayoría de los artículos, el método era tan chiflado que el personaje o el evento quedaban reducidos a unas escasas líneas. En gran parte de las notas, no había ni siquiera nota: Hunter consumía el dinero del adelanto, se quedaba sin plata y sin inspiración. En el verano de 1963, ocurrió una historia emblemática: The Observer le encargó cubrir un viaje desde Maine a San Francisco en tren. Aceptó y a mitad de camino dijo que se había quedado corto de dinero. El periódico terminó invirtiendo dos mil dólares en un artículo que nunca salió. Hunter regresó a su casa y por medio de un telegrama se declaró: "física y emocionalmente agotado". Había llegado un momento en que consumía tanta cocaína que buscaba convencer a sus editores de que era un gasto necesario que ellos tendrían que pagar. "La necesito para trabajar", decía. "Así que tienen que considerarla como si fuera un gasto de nafta". Un vecino en Colorado, lo describió así: "Hunter nunca quiso nada más que pertenecer al sistema. Nunca quiso destruirlo. Sólo quiso convertirlo a sus ideas".
A veces estaba tan endeudado que editaba un libro compilando sus artículos para pagar los adelantos que le asignaban periódicos por artículos que jamás completaba. En 1990 fue a juicio, acusado de abuso sexual y posesión ilegal de drogas y armas. Para alguien que, entre sus antecedentes, tenía el de administrador del famoso teatro para adultos de los hermanos Farrell, que era miembro estable de la Asociación Nacional del Rifle y alegre consumidor confeso de sustancias prohibidas, no era una gran sorpresa.
El caso, sin embargo, tuvo un rebote excepcional en los medios norteamericanos. Una ex actriz porno decía que Thompson había intentado abusar de ella. Hunter sostuvo que la mujer era una pesada que había llegado hasta su casa para tener sexo, y él sólo quiso sacársela de encima. Tal vez de una forma no convencional, hay que admitirlo. El currículum de la chica no ayudaba. Y el allanamiento por parte de la policía de la granja de Thompson, concluyó el juez, había representado una violación de la Cuarta Enmienda, que protege la privacidad, entre otras cosas. Cada vez que tiene un micrófono cerca, el pionero y protagonista del "gonzo" afirma que invirtió 150 mil dólares sólo en concepto de abogados. "Es un lujo ser Hunter Thompson", explica Hunter Thompson.
Desde aquella demanda, sin embargo, la vida del periodista transcurrió sin grandes sobresaltos. Se casó con su secretaria, la joven Anita Bejmuk. Colabora con una columna deportiva para la edición on line de la cadena ESPN. Publicó, hace un año, Kingdom of fear, un proyecto de autobiografía que termina por ser un recuento de procesos judiciales, canalladas y resacas. Y se posicionó como una de las voces más críticas de la gestión de George Bush hijo. Y una de las más violentas: "¿Quién votó a estos deshonestos cabeza de mierda?", se preguntaba a poco de salir su último libro. "Ellos son los racistas y los xenófobos, que habitan entre nosotros. Son el Ku Klux Klan. Y yo les meo en la boca a estos nazis".
Los libros
* Los ángeles del infierno (Anagrama. Edición original 1967). Su primer libro periodístico fue un éxito de ventas. Empezó como un artículo para The Nation. Con esta investigación, se ganó el pasaporte para colaborar en medios prestigiosos. Y, por si fuera poco, logró salir de la ruina económica.
* Miedo y asco en Las Vegas (Anagrama. Edición original 1971. Nueva edición en Compactos Anagrama 2003). Su obra cumbre. Empezó como un divertimento. Thompson cubría el caso del crimen de un periodista latino en Los ngeles. Se sospechaba que la policía había sido responsable de su muerte. Mientras ahondaba en el caso, una revista deportiva le asignó escribir sobre una carrera de motos en Las Vegas. Hunter publicó una primera parte del libro en Rolling Stone con el seudónimo Raul Duke, en su edición del 11 de noviembre de 1971. Retrató como pocos a la generación post Woodstock y la culminación del sueño americano. La revista deportiva que le había encargado la nota no quiso publicar la salvaje descripción de su viaje, gérmen de su futura novela.
* La gran caza del tiburón (Anagrama. Edición original, 1979). Prácticamente agotado. Sólo se consigue en unas pocas librerías de saldo. Reúne los artículos de su primera época. La versión en castellano es mucho más breve que la original. Incluye su propia campaña como sheriff del Colorado, donde perdió por escasos votos; una entrevista a una celebridad del esquí; un artículo sobre las armas —una de sus especialidades—; la cobertura del crimen de Rubén Salazar, un periodista latino asesinado supuestamente por policía en Los Angeles; y un torneo de pesca donde por poco lo cuelgan vivo. A juicio de muchos es su mejor recopilación de artículos. Luego vendrían tres más, Generation of Swine (1988), con sus columnas para el San Francisco Examiner, Songs of the Doomed (1990), con novelas incompletas y artículos políticos, y Better than Sex (1994) sobre la campaña presidencial de Bill Clinton, que nunca fueron traducidos.
* Días de ron (Emecé. Edición original 1998). Su primera novela. Tardó más de diez años en publicarla. No es su mejor prosa, pero sirve como anticipación del estilo de lucidez lisérgica que contagiaría su obra y lo haría famoso. El libro narra en tono novelado los años en que Hunter vivía en Puerto Rico, donde trabajaba como editor del Sportivo, y la isla padecía un momento de conmoción política y racial. Allí el protagonista se enamora de la mujer de un amigo, y lucha por resistir al sopor del Caribe, echando mano al ron.