ensayos de hans magnus enzensberger

Chispeante, nunca liviano

Nuevo conjunto de piezas del gran pensador alemán de posguerra.

Hans Magnus Enzensberger
Hans Magnus Enzensberger

Catedráticos, investigadores y críticos concuerdan en que el padre del ensayo es Michel de Montaigne (1533–1592) cuyos textos breves y brillantes, sin importar que traten sobre temas profundos o triviales, convencen al lector de que pensar, además de necesario, puede ser muy placentero. No debe confundirse el ensayo, texto dirigido al lector culto pero no especializado, breve y sin pretensiones de agotar el tema, con los tratados o ponencias especializadas, propios del ámbito académico.

Digno heredero de Montaigne es Hans Magnus Enzensberger (1929), ensayista y poeta, figura ineludible del panorama intelectual alemán de posguerra. En los veinte textos de este volumen, varios de ellos publicados en la revista Der Spiegel, el autor se muestra por demás chispeante. Pero esa liviandad aparente del estilo no debe llevar al engaño: la bibliografía final y el agradecimiento al departamento de Documentación de la mencionada revista alemana, que verificó los datos estadísticos, muestran que tras el ameno ensayista siempre tiene que haber un estudioso.

Tampoco debe llevar a engaño el título del volumen. No alude a la idea del filósofo utilitarista inglés Jeremías Bentham (1748–1732), de una prisión en la que el carcelero pudiese vigilar todo desde un punto central, utilizada luego tanto para construir cárceles como fábricas, y retomada por el francés Michel Foucault (1926–1984) para criticar el funcionamiento de la sociedad moderna. Se inspira en Karl Valentin (1882–1948) cómico de cabaret y escritor alemán que en 1935 llamó “Panoptikum” a un gabinete en que exponía curiosidades y horrores. Así entendido, este panóptico de Enzensberger es un cualquiercosario en el que se expone, con tono a la vez burlón y compasivo, cuánto hay de monstruoso, ridículo y estúpido en comportamientos e instituciones que el ciudadano alemán promedio considera del todo normales. Y mucho de lo que este autor señala para su gente y su tierra es extrapolable a Occidente, incluso a una de sus provincias remotas, como lo es Uruguay.

Aparte del humor, la amenidad y el rigor ya señalados, asombra la independencia de criterio de este autor. En algunos de sus textos se preocupa por temas caros a la sensibilidad de las nuevas izquierdas, como la ecología, pero de pronto sorprende al proponer como solución al problema del sistema de pensiones de Alemania, en jaque por la creciente longevidad de la población, la absoluta libertad de contrato, que permita a la gente que ama su labor seguir trabajando mientras se sienta bien, pero no obligue a los empleadores a mantener en plantilla a operarios cuya ancianidad les impida rendir a satisfacción. Muchos lectores esquemáticos descartarían el volumen en su conjunto, tachando de neoliberal al autor. Este libro propicia un excelente ejercicio de lectura reflexiva: con Enzensberger se puede acordar en algunos puntos y discrepar en otros, pero siempre se disfruta su escritura.

Un factor clave, a la hora de atar humor, originalidad y claridad expositiva, son las asociaciones inesperadas. La reacción inicial del lector es la perplejidad, pero a poco que se le conceden al autor unos párrafos y unos minutos de paciencia todo queda clarísimo. Un ejemplo: los chicles en el piso de los lugares públicos, utilizados para ilustrar lo inútiles, inevitables, omnipresentes y difíciles de detectar que son los servicios secretos.

PANÓPTICO (VEINTE ENSAYOS FULMINANTES), de Hans Magnus Enzenberger. Malpaso, 2017. Barcelona, 144 págs. Distribuye Océano.

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