El retorno de un clásico

Charles Dickens, el que escribió de la miseria y la humillación victoriana

Siempre envueltos en un aura irreal, los cuentos y personajes de Charles Dickens se trasladan por una Londres tenebrosa y llena de peligros.

Charles Dickens
Charles Dickens

Hace tiempo que las librerías se hacen un lugar para los clásicos. Es el caso de Charles Dickens, el escritor fundamental de la Inglaterra victoriana, aquellos años tan contradictorios del siglo XIX. Novelista y cuentista clave, sí, pero también influyente en diversas ramas que escapaban y por mucho al arte de las letras. Cuentos de Navidad, del año 1843, reúne cinco largos relatos que ocurren siempre entre fines de diciembre y pasado el Año Nuevo. La última edición del libro —de tapa dura— es una reliquia imperdible.

Dickens nació en Portsmouth, pero desde muy pequeño vivió en Londres, donde se ambientarán la mayoría de sus novelas. Una Londres que se puede imaginar oscura, tenebrosa, llena de peligros, contaminada de miasmas de las industrias crecientes. Por los años de publicación de Cuentos de Navidad no se había salido de la Primera Revolución Industrial, se estaba entrando en la Segunda, mientras el Imperio Británico se expandía por el mundo, y la plebe invadía las ciudades en busca de pan y trabajo. Pero no encontraba más que miseria y humillación, a costa de una burguesía que se volvía cada vez más rica; hasta los niños tenían que trabajar, tal como le ocurriera a Dickens.

Cuentos de Navidad, además de darle otro cariz a la milenaria celebración, no escapa a la crítica social de la época, ni a la denuncia encubierta de la desigualdad en sus diversas formas, derribando el mito de la moralidad británica. Dickens solía dar larguísimos paseos por las calles londinenses, de cuyas observaciones partiría luego alguna historia.

Podría ser el caso por ejemplo de Ebenezer Scrooge (tiene entrada en la Wikipedia), personaje de “Canción de Navidad”, el primero de los cuentos. Un hombre avaro, incorregible, un lord que siente repugnancia por los pobres, y que no le encuentra sentido a la celebración de la Navidad. Cierto día lo visita un espíritu navideño, un remedo de fantasma con quien mantiene diálogos reveladores. Tanto, que al final el señor Scrooge se hace un hombre bueno y generoso. La trama reseñada, tuvo varias adaptaciones en series de televisión.

El resto de los cuentos —aunque menos populares— van por el mismo camino, con personajes venidos no se sabe bien de dónde, porque todo el libro está envuelto por un aura irreal. Lo importante es que, dentro de ese vodevil de pulsiones, todos tienen un lugar especial: el hombre y la mujer, el rico y el pobre, el niño y el anciano. Y todos terminan felices. Es que no hay otra manera de celebrar la Navidad.

CUENTOS DE NAVIDAD, de Charles Dickens. Traducción de Nuria Salinas Villar. Penguin Random House, 2020. Barcelona, 527 págs.

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