Inéditos de Scott Fitzgerald

En busca de mejor suerte

Cuentos del autor de El gran Gatsby

The Fitzgerald Papers, Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library
F. Scott Fitzgerald  (The Fitzgerald Papers, Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library)

Desde una perspectiva literaria la edición de estos cuentos parece más relevante de lo que es: 18 relatos inéditos de Scott Fitzgerald, en su mayoría escritos en los años treinta, cuando buscaba nuevos temas y enfrentaba el rechazo de las revistas.Había llegado a venderles cuentos por cuatro mil dólares, pero algo había dejado de funcionar en el negocio, precisamente cuando necesitaba más dinero para pagar las internaciones de su esposa en clínicas psiquiátricas, atender sus necesidades y problemas de salud. ¿Los editores no querían que sus relatos se alejaran de las chispeantes historias que le dieron éxito?, ¿o Fitzgerald solo brillaba en los registros alocados de "la era del Jazz"? Son las preguntas que rondan este libro voluminoso y anotado por la encargada del archivo de Fitzgerald en la Universidad de Princeton, Anne Margaret Daniel, que incluyó documentos de los rechazos, cartas del autor, y hasta esos datos ociosos que abultan ciertas ediciones, como la fecha de la inauguración del estadio de la Universidad de Yale solo porque el relato trata de los amores de una chica con jugadores de fútbol universitario vinculados en alguna secuencia a Yale.

CHICAS JÓVENES.

En 1939 Fitzgerald escribió al editor de la revista Collier's, Kenneth Littauer, lo que parece una justificación de sus preocupaciones en aquellos años: "[…] no es demasiado probable que escriba muchos más cuentos sobre amores juveniles. Ya me colgaron esa etiqueta por mis escritos anteriores a 1925. Desde entonces he escrito cuentos sobre amores juveniles. Los he escrito cada vez con más dificultad y menos sinceridad. Sería un mago o un escritor barato si llevara publicando el mismo producto tres décadas. Sé que es lo que se espera de mí, pero en ese sentido el pozo está bien seco y creo que es más inteligente por mi parte no intentar exprimirlo, sino abrir un pozo nuevo, una nueva veta. […] Sin embargo, un número aplastante de directores de revista sigue asociándome con un interés apasionado por las chicas jóvenes, interés que a mi edad probablemente me llevaría a la cárcel".

La correspondencia con su agente Harold Ober, que recibía los cuentos de Fitzgerald y recogía los rechazos, cubre de matices estas afirmaciones, en primer lugar porque la necesidad lo llevaba a escribir historias más preocupado por conseguir dinero que por apostar a una estética diferente. Y luego, porque los textos reunidos muestran leves variaciones temáticas, como la inclusión de algunas historias de hospitales y médicos, o tramas donde se nombran suicidios y drogas, pero el tono ligero y flâneur, la provocación romántica, la precisión y los destellos del humor inteligente son esencialmente los del estilo que le dio celebridad con sus novelas A este lado del paraíso y Hermosos y malditos, los cuentos de Flappers y filósofos, o El gran Gatsby, la novela que, mal recibida en su momento, lo proyectó a la posteridad.

La diferencia más notoria con los cuentos anteriores es que carecen de una buena estructura, y de ambición literaria. Transitan por anécdotas más que por conflictos, en casi todos comparece la chica bonita, inteligente y perturbadora, en varios, el veterano que se encuentra a la vuelta de todo, y son los relatos de tramas juveniles los que finalmente exhiben mayor atractivo dentro de un conjunto muy irregular. Destacan con modestia "Día libre de amor", un pacto de libertad que se da una pareja a punto de casarse y cae en las contradicciones de sus consecuencias, "La perla y la piel", aventura de una adolescente en Nueva York, con encantadores pasos de comedia, "Moriría por ti", que da título al volumen, el encuentro de un oscuro seductor perseguido por las autoridades fiscales, con una actriz de cine durante una filmación, y "La pareja", un matrimonio que está a punto de separarse contrata para el servicio doméstico a una pareja de veteranos muy torpe y muy orgullosa. Esta pieza tiene la rara paradoja de mostrar un desarrollo atractivo y rematar con un chiste de mal tono, rasgo excepcional en Fitzgerald, pero se trata de un manuscrito sin terminar.

La mayoría de los argumentos se encuentran muy cerca de esas comedias de enredos que Hollywood producía a decenas para cubrir de excitación y glamour los años difíciles de la Gran Depresión, después del crack financiero de 1929. La antología incluye cuatro bocetos de guiones de películas —en 1937 Fitzgerald firmó un contrato con la Metro Golden Mayer que lo ocupó dos años como asesor de guionistas— y varios work in progress que por diversos motivos quedaron detenidos. "Pulgares arriba" es un relato de 1936 ambientado en la guerra de secesión con dos finales distintos. La segunda versión titulada "Cita con el dentista", incluida en el volumen, difiere en la extensión, pero con algunos cambios la trama principal es la atracción de una pareja ubicada en posiciones distintas frente a la guerra, y es la misma historia que intentó venderle a la MGM para hacer una película, sin conseguirlo.

ARGUMENTOS PURITANOS.

Delante de cada cuento, Anne Margaret Daniel introduce datos sobre la gestión y el rechazo de las revistas. En algunos casos Fitzgerald se muestra dispuesto a rehacerlos, con tal de conseguir dinero: en otros, los considera bien terminados y se niega a introducir modificaciones. Su agente Harold Ober mediaba frente a las revistas (el Post, American, McCall's, Cosmopolitan, Red Book y Esquire, entre otras), y le transmitía los rechazos o pedidos de revisiones. En la mayoría de los casos los editores los encontraron "insatisfactorios". El tiempo no los mejoró y es posible que ningún lector contemporáneo disienta. Pero llama la atención la frecuencia de argumentos puritanos y el repertorio de sugerencias de eludir referencias a suicidios, al consumo de alcohol o al uso de marihuana, los reproches por falta de cordialidad en el narrador, de simpatía en los personajes, por el tono sexualmente subido de una carta o la excesiva crueldad de una secuencia de tres líneas con las que Tarantino montaría una película entera.

Para vivir de sus cuentos Fitzgerald debía adular el gusto de las revistas, su estilo había coincidido plenamente con la demanda durante los años veinte, pero agotado el pozo de los amores juveniles, es notorio que no encontraba otra manera de brillar. El progresivo alcoholismo y la denostada influencia de Hollywood marcaron el camino de la ruina y de su muerte temprana, a los 44 años, de un ataque cardíaco. No consiguió ser otro ni superar la excelencia de sus primeras épocas, y todo indica que conoció su límite, solo que entonces no lo sabía.

MORIRÍA POR TI Y OTROS CUENTOS PERDIDOS, de F. Scott Fitzgerald. Anagrama, 2018. Barcelona, 499 páginas. Distribuye Gussi.

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