EXPERTO EN META DATOS

Cuando la Big Data se convierte en un arma peligrosa

Walter Sosa Escudero explica, en su libro, qué pasa cuando la Big Data se separa de la ética y lo legal. 

Walter Sosa Escudero
Walter Sosa Escudero. Foto: Francisco Flores

Walter Sosa Escudero, además de escritor, es Director del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés de Buenos Aires. Licenciado en Economía de la UBA, con un doctorado de la Universidad de Illinois, desde 2014 escribe en el diario La Nación de Buenos Aires. Sus dos últimos libros publicados por Siglo XXI (América Latina) son Qué es (y que no es) estadística (2014) y Big Data (2019), que ya va en su cuarta edición. Sobre su evolución desde el estudio científico y la docencia hasta la comunicación y la escritura, hablamos en una tarde montevideana luego que finalizara su intervención en la Jornada Anual de Economistas, organizada por el Banco Central del Uruguay.

—Tu facilidad para comunicar, ¿dónde nace?

—La docencia es un ejercicio excelente pero es una comunicación acotada a los alumnos, a un determinado grupo de interés. En el caso de un libro de interés general el receptor es muy variado. Desde hace unos años escribo en La Nación y eso me dio herramientas fantásticas. Como escritor uno es reflejo de lo que lee. Me gustaba la lectura larga, extensos ensayos y novelas. Viejos periodistas me recomendaron que leyera textos cortos. Truman Capote, por ejemplo, y grandes cuentistas como Jorge Luis Borges. Inevitablemente eso terminó afectando mi forma de escribir. También hice algún taller de escritura con escritores amigos.

—Tus textos tienen la virtud de ser amenos, ¿es algo buscado?

—Es un objetivo. Los temas científicos suelen tratarse en forma seria y solemne. El desafío es sacar la solemnidad sin que se pierda la seriedad. En Matilda de Roald Dahl, dentro del colegio donde iba la protagonista había un cartelito que decía “Si te estás divirtiendo no estás aprendiendo”. Al principio entendí que se podía aprender divirtiéndose hasta que me convencí de que en realidad es muy difícil aprender algo si no te divierte. Hay un conflicto con la amenidad porque se la confunde con banalidad. Pero es el antídoto necesario contra la solemnidad para lograr que el lector aborde temas complejos perdiéndoles el miedo, y los comprenda.

No al tremendismo.

—Facebook cedió a Cambridge Analytica datos de sus usuarios y ésta los utilizó en la campaña del Brexit o la elección de Donald Trump ¿Qué implican estas anomalías para el desarrollo del manejo masivo de datos?

—Cuando aparecen tecnologías nuevas, la gente tiende a pensar en el peor y el mejor de los escenarios. Pasó con la revolución de la genética a través del descubrimiento de micro organismos de hace unas décadas. Los optimistas entendieron que era un fantástico avance y posible solución a todos los males. Los pesimistas pensaron un futuro con la genética de cada uno manipulada, las calles llenas de mutantes o con individuos clonados. Hay que encontrar un punto medio que no debe ser inocente. Todavía no entendimos el alcance de los datos y de los algoritmos. Estamos en una investigación de prueba y error. En el caso del incidente que mencionás, ¿Facebook ganó o perdió? Más allá de la millonaria multa que se le impuso.

—Se ha generado desconfianza en esas empresas. Eso puede ser una derrota.

—Sin embargo el objetivo que tienen es ganar dinero. Si fuera dominar el mundo estaríamos en problemas. Mientras mantengan ese objetivo, que también puede ser ganar una elección, me deja tranquilo porque son previsibles. Cuando comenzaron las compras por Internet yo saqué una tarjeta con un límite de doscientos dólares. Compré por Amazon un libro que valía quince dólares y asumí que se iban a apropiar de todo el dinero de la tarjeta y que nunca vería el libro. A la semana lo recibí y solamente me descontaron el monto del precio. El objetivo de Amazon es vender, no robarte el dinero de tu tarjeta, aunque podría hacerlo. Facebook sabe que si vuelve a manipular en forma ilegal los datos que posee, se le puede terminar su negocio. La gente solamente se acuerda de los algoritmos cuando estos funcionan mal o lo perjudican. Es como los árbitros de fútbol, nadie los recuerda cuando hacen bien su trabajo pero cuando se equivocan todo el mundo habla de ellos.

—No tenés una visión tremendista.

—Episodios como el de Cambridge Analytica son esporádicos. Utilizamos bancos de datos y aplicaciones todo el tiempo desde nuestro celular, en los bancos, para ubicar donde estamos, para lo que sea y nos parece normal porque nos ayuda. Si esos elementos se utilizan en forma equivocada hará peligrar el futuro de quienes lo hagan. Apuesto a que la inteligencia humana sepa utilizar estos avances, como lo ha hecho con otros en el pasado, desechando a los que se separen del camino de la ética o lo legal.

—Al Derecho se le hace difícil regular esos cambios.

—No quiero sonar demagogo pero las disciplinas que van a crecer en el futuro son la ética, el derecho y la comunicación. La formación ética es muy importante. Muchas cosas pueden determinarse a través de algoritmos pero lo importante es saber si se debe llegar a determinados resultados. La pregunta no es tanto si se puede sino si se debe. Es difícil regular normas sociales cuando la tecnología se mueve todo el tiempo. El desafío para el Derecho es crear reglas que se sabe irán cambiando. Cuando mi hijo era chico decía que no se quería bañar porque después se iba a volver a ensuciar. Yo le dije: entonces te volvés a bañar. Esas disciplinas no pueden optar por el inmovilismo porque todo va cambiar. Van a aparecer otras cosas y se las regulará hasta que aparezcan otras y se reitere el proceso.

La ciencia de los datos.

—¿Cuál fue tu interés por escribir sobre estadística y sobre el fenómeno de la Big Data?

—La economía estudia un tema fuerte pero también el método para hacerlo es importante. Más que la economía me interesó cómo abordar el fenómeno, la parte metodológica que permitía estar dentro de la política y la sociología, que es lo que más me importa. La estadística no es una disciplina que tenga entidad propia. En Argentina hay una sola licenciatura en Estadística. Recomiendo que el que quiera dedicarse al tema lo estudie en un lugar donde haya un buen departamento de medios, de informática, de comunicación.

—¿Estudiaste sólo en Argentina?

—Viví en Estados Unidos desde 1993 a 1998. Época de la revolución del PC, el abaratamiento de todos los insumos informáticos, la explosión de Internet, la creación de los sites. El mundo de la estadística también tiene un crecimiento explosivo en ese tiempo como disciplina aplicada. Toda la infraestructura y personal que se necesitaba para recabar y organizar datos, comenzó a hacerlo una sola persona. La ciencia de datos tiene razón de ser por ese proceso de integración.

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