JOHN BANVILLE CON SEUDÓNIMO

Benjamin Black y el humo de tabaco

Última entrega de la serie de novelas policiales que tienen como protagonista al forense Quirke, y que se desarrollan en Irlanda de los años 50.

John Banville
John Banville (Foto D. Banville)

El irlandés John Banville (1945), Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, publicó su primer libro de cuentos, Long Lankin, en 1970. A ese volumen le siguieron casi una veintena de novelas, entre las que destacan Regreso a Birchwood (de 1973, que estaba inédita en español y recién acaba de publicar Alfaguara), las que componen la llamada Tetralogía sobre la ciencia integrada por Copérnico (1976), Kepler (1981), La carta de Newton (1982), Mefisto (1986, lejanamente inspirada en Albert Einstein), El libro de las pruebas (1989), El intocable (1997), Eclipse (2000), Imposturas (2003) y El mar (2005, con la que ganó el Premio Man Booker). Pero en 2006 hizo aparecer en escena a Benjamin Black, seudónimo con el que firmaría una saga que ya va por las diez novelas, la mayoría de ellas protagonizadas por el médico forense Quirke.

En 2014 Black (Banville) publicó La rubia de ojos negros, protagonizada por el mismísimo Philip Marlowe, oportunidad en la que Banville reporteó en tono paródico a Black. "Joyce y Beckett son mis grandes referentes literarios. ¿Cuáles han sido los suyos?", le preguntó, y Black le respondió "Los grandes escritores de crimen, de novelas negras, como Raymond Chandler. También Richard Stark, que no es tan conocido, pero es estupendo; o James M. Cain, que escribió la novela El cartero siempre llama dos veces... Estos son mis modelos".

Ubicadas en la Irlanda de la década del 50 del siglo XX, las historias de Quirke recorren algunos tópicos en los que Banville/Black parece responder a un estado de cosas de su nación, caracterizada en aquellas épocas por una devoción eclesial enceguecedora. Pedofilia, chantajes, venta de niños, incestos, pornografía, los tejes y manejes del poder político y de la Iglesia, son el escenario casi excluyente de estas novelas, así como la disfuncionalidad familiar que caracteriza pasado y presente del propio forense, con hermanastros, esposas, amantes, y la presencia siempre conflictiva de su hija Phoebe. Quirke no es un hombre fácil: alcohólico, malhumorado, tenaz, él mismo es una síntesis de ese malestar general que quiere mostrar Black.

En su última entrega, Las sombras de Quirke ("Even the dead" en el original), se da cita un poco de todo eso: un joven aparece incinerado dentro de un automóvil, pero pronto la policía y el propio médico descubren que antes del siniestro el muchacho ya había recibido un golpe brutal en la cabeza. En la investigación irán apareciendo la novia de la víctima, el sempiterno detective Hackett, Phoebe y su empleadora (una psiquiatra austríaca de la que Quirke se enamorará súbita y perdidamente, en uno de los episodios más desafortunados del libro), y algún que otro poderoso conspirador manejando los hilos de una maniobra que implica vender bebés a familias estadounidenses.

El lector acostumbrado a la velocidad de la novela policial norteamericana encontrará en toda la saga Black una lentitud que atenta contra el desarrollo de la acción, contra su eventual suspenso, contra el impacto de las posibles soluciones. Banville es considerado un estilista en su narrativa, pero su alter ego noir solo logra que ese estilismo se transforme en páginas y páginas de pura cháchara, de descripciones y sucesos irrelevantes, de distracciones y reverberos. A modo de ejemplo, en una de las últimas páginas escribe, más allá de los espantos de la traducción: "Quirke sacó la pitillera del bolsillo de su chaqueta y liberó uno de los cigarrillos de la banda elástica que mantenía en su sitio la ordenada hilera de pitillos, se lo puso entre los labios y lo encendió". James Ellroy hubiera escrito "Quirke encendió un cigarrillo" y se habría dedicado a contar algo interesante.

En esta novela todos fuman, a toda hora y en todo lugar, de tal modo que el lector ya no sabe si está en un mundo que pondría a Tabaré Vázquez de la cabeza, o que simplemente Black no sabe cómo desarrollar una acción y lo resuelve con humo de tabaco. Es un libro para ser leído a más de doscientos metros de escuelas y hospitales.

LAS SOMBRAS DE QUIRKE, de Benjamin Black. Alfaguara, 2017. Buenos Aires, 304 págs. Distribuye Penguin Random House.

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