Memorias de un ex presidente

Barack Obama en tiempos de incertidumbre

El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aborda en sus memorias temas delicados como la responsabilidad de sus dos presidencias en la llegada al poder de Donald Trump.

Barack Obama
Barack Obama

Estados Unidos ha sido un reservorio moral para una importante mayoría de uruguayos. José Artigas le dedicaba a Thomas Paine (1737-1809), uno de los padres fundadores de esa nación, sendas lecturas. La Constitución uruguaya tomó elementos de la primera norteamericana. Un busto de Artigas, en un sitio destacado del mall central de Washington D.C., dice mucho del respeto construido entre ambas naciones. Todo eso cambió con Donald Trump.

Para comprender este declive acaba de llegar el primer tomo de las memorias de Barack Obama (n. 1961, Hawai), presidente por dos períodos antes de Trump, tituladas Una tierra prometida. En ellas repasa desde que era un desconocido para los norteamericanos hasta los comienzos de su primera presidencia, cuando la captura y asesinato de Osama bin Laden. Han trascendido comentarios que han alimentado chismes en las redes sociales, como lo que Obama dice de Merkel o Sarkozy. Lo importante, sin embargo, aparece con una lectura atenta.

Negro y musulmán

El primer problema que enfrenta el lector es el tamaño del libro: 900 páginas. Lo abriremos con una guía de lectura, señalando lo más importante para los uruguayos.

Todo el comienzo hasta la página 241 trata de su ascenso hasta que es electo presidente. Lo que importa aquí es cómo va manejando su condición de negro o cómo se percibía el vínculo con su padrastro musulmán. Su historia es la de un negro pobre, intelectualmente superior, cuyo primer automóvil no fue un Chrysler, un GM o un Ford, sino un Fiat, algo imperdonable para cierto nacionalismo. Porque en Estados Unidos la raza y el dinero, guste o no, sigue importando. Durante una cena de recaudación de fondos para su campaña en Carolina del Sur, estado que lo recibió “con cariño y hospitalidad, tanto negros como blancos” relata Obama, esas actitudes raciales se hicieron evidentes. “¿Cómo podría interpretar a esa mujer blanca y elegante que en una cena se negó, sombría, a darme la mano”. Lo peor se encuentra escondido muchas veces en el lenguaje, advierte. Cambiarlo, romper con cierta sintaxis para desarmar el resentimiento oculto de blancos y negros, es una tarea no menor que Obama encaró y que también aparece entre líneas en todo el relato. No en vano cuando el Servicio Secreto comenzó a darle protección ante la cantidad de amenazas que recibía, el nombre en código que le pusieron fue “El renegado”.

Algo que importa mucho a los uruguayos son los entretelones de la crisis del 2008. Tuvo su origen en la burbuja inmobiliaria que estalló en Estados Unidos, con ecos devastadores en la economía del mundo entero. Está en el capítulo 9, Segunda Parte, aunque luego reaparece en el resto del libro, porque como el propio Obama afirma, fue esta crisis la que terminó catapultándolo a la presidencia. Va de lo que le sucedió a la gente común hasta las reuniones que George W. Bush convocaba a la Casa Blanca para evitar el apocalipsis de la economía. Relata las decisiones familiares a la hora de adquirir la casa familiar en el año 2000, cuando los préstamos fáciles que ofrecían los bancos ya comenzaban a generar dudas, porque las deudas hipotecarias que la gente asumía se vendían en paquetes como cualquier otro valor en Wall Street (el mercado de las hipotecas subprime). Obama explica los aspectos técnicos de manera simple y didáctica. Pero lo más entretenido es el relato del juego político de bambalinas para conjurar la crisis, sus encuentros secretos con el Secretario del Tesoro Hank Paulson —uno de los más cuerdos del equipo de Bush— y un aliado cuando los republicanos del Senado buscaban embarrar la cancha, pues temían que el agua terminara en el molino de Obama, como terminó. Todo sucede en plena campaña electoral, meses antes de que se defina el nuevo presidente. Las idas y venidas con John McCain, el candidato republicano, no tienen desperdicio.

¿Quién trajo a Trump?

Al cierre está la frutilla de la torta, el asesinato de Osama bin Laden. Desde que le exige a sus aparatos de inteligencia que la búsqueda sea una prioridad absoluta, hasta la operación militar en Abbotabad donde se refugiaba bin Laden, el relato entra en modo vértigo y explica muchas imágenes icónicas que trascendieron en el momento, como esa foto en el salón de crisis siguiendo en directo por video a los comandos SEAL que llegan a bin Laden, con Obama sentado en una humilde silla detrás de sus generales (a su derecha Hillary Clinton se tapa la boca en un gesto de asombro). Para estar allí el presidente tuvo que arrastrar esa silla de otro cuarto.

Otro aspecto importante está en el mea culpa sutil que corre por todo el libro, porque el karma de Obama, tras dos presidencias, fue haber sido sucedido por Trump. ¿Que hice yo para que este tipo fuera electo? es la pregunta implícita que se hace una y otra vez. No elude la responsabilidad. Quizá jugaron las promesas idealistas que su gobierno alimentó y no cumplió, generando un creciente malestar en una parte de la población, cuando no resentimiento y odio hacia la izquierda liberal que los demócratas representaban (Bifo). Obama detecta señales preocupantes en la candidata a vice de McCain, Sarah Pahlin, en su populismo que apeló a lo peor de la gente, aunque remonta el origen de estas prácticas a la era Reagan. El ex presidente sabe que el cinismo es un veneno para la democracia, pues alimenta el pensamiento conspirativo, y tras él, la desconfianza. “Era un signo de los tiempos que estaban por llegar, una realidad más amplia y oscura” remata.

UNA TIERRA PROMETIDA, de Barack Obama. Debate, 2020. Buenos Aires, 906 págs. Traducido por A. Barba, C. M. Cáceres, E. del Valle, M. Pérez Sánchez y F. J. Ramos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados