Sobre Borges y los clásicos

Para aprender a leer mejor

Carlos Gamerro investiga la capacidad de los grandes lectores como Borges para influir en nuestras lecturas de cada día.

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Jorge Luis Borges

Dos clases de lectores pueden gozar y sacar provecho de este libro: los que ya tengan trato frecuente con Borges y los clásicos y aquellos otros que, no teniéndolo aún, quieran dar los primeros pasos por sendas tan arduas. A los primeros, felicidades. A los segundos, paciencia, que el premio al final del camino – y también durante – paga con creces el esfuerzo. También podrá este librito servirles a los snobs, siempre en busca de algo con lo que dárselas de leídos en sus charlas intelectualoides, pero a ellos debe aplicárseles lo que Virgilio le recomendara a Dante: “Non ragioniam di lor, ma guarda e passa” (no hablemos de ellos, sólo mira y sigue).

Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962), narrador a la vez que investigador y docente universitario, está por esa doble condición más que calificado para presentar a Borges en sus facetas, conexas entre sí, de lector de los clásicos y escritor que los reelabora, contribuyendo así a que sigan siendo clásicos. Las cinco partes este volumen tienen la virtud de haber sido en su inicio conferencias, a las que el autor apenas retoca y añade sólo las notas imprescindibles, con lo que preserva el encanto de lo oral. Y aunque lo oral, en su versión académica, no sea sinónimo de llano, ameno y conversacional, este autor tiene el toque preciso para introducir pinceladas de coloquialismo y humor que “airean” el discurso. Es admirable también la manera personal y sincera, aunque no irrespetuosa para el oyente/lector, en que Gamerro explicita su preferencias y sus fobias literarias (y las de Borges).

Cinco son los autores, abordados por Borges en las tres vertientes de su obra –narrativa, ensayística y poética– a los que Gamerro dedica sendos trabajos: Homero, Dante, Cervantes Shakespeare y Joyce. De modo claro a la vez que sugerente, el autor desarrolla en cada caso las claves que Borges aporta para leer a cada autor, que a su vez se convierten en claves de lectura de la obra borgeana. Pero el volumen no agota en esto –que no es poco– su riqueza.

No sólo porque, de pasada, en pinceladas breves y certeras, deja apuntes sobre la relación de Borges con Walt Whitman o Chesterton o Keats. O sus juicios sobre Proust o Lugones. O guías para entender mejor el concepto de canon literario. O argumentos a favor de que leer traducciones es una experiencia literaria tan valiosa o más que leer en la lengua original del autor. Al estudiar el trabajo de Borges con los clásicos que lo influyeron, Gamerro logra a la vez poner de manifiesto que leer a Borges es un buen camino para aprender a leer mejor – los clásicos o cualquier texto que pueda leerse – y un excelente maestro de escritura, porque enseña a cada paso a admirar sin caer en la imitación servil.

El mérito de la breve introducción –“Borges lector”– no es menor que el de las conferencias. Presenta a Borges como “el lector más intenso e interesante del siglo XX”, por su capacidad de mostrarle a otros lectores lo que iba descubriendo en sus lecturas. Importa la definición que Gamerro hace de lo que es un “gran lector”, por lo orientadora que es no sólo para los escritores, sino también para los críticos literarios y docentes de literatura: “…un gran lector es quien logra transformar nuestra experiencia de los libros que ha leído y que nosotros leemos después de él (…) Un gran lector no se agota en los placeres de la lectura solitaria; debe comunicar sus lecturas.”.

BORGES Y LOS CLÁSICOS, de Carlos Gamerro. Eterna Cadencia, 2016. Buenos Aires, 176 págs. Distribuye Escaramuza.

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