La distribución y las librerías

Amazon, el libro, y la apropiación simbólica que hizo Jeff Bezos

Jorge Carrión lleva adelante una cruzada en su penúltimo libro,  Contra Amazon, para salvar a las librerías, el último reducto para disfrutar del encuentro con los libros que nunca olvidaremos.

Jorge Carrión
Jorge Carrión (foto Pedro Madueno)

Nadie sabe de dónde Jorge Carrión saca toda esa energía para escribir en The New York Times y otros medios, publicar revistas digitales, grabar podcasts, tuitear, escribir novelas, o presentar libros a ambos lados del océano. Quizá esconde algo de kryptonita, quién sabe. Lo cierto es que, tras una demora curiosa, acaba de salir en Uruguay Contra Amazon (Galaxia Gutenberg), su penúltimo libro, ya muy traducido. Penúltimo porque en el ínterin acaba de publicar otro en España, Lo viral. Para evitar mayores demoras Contra Amazon tuvo una impresión local, que Carrión iba a presentar en Montevideo, viaje que debió suspender debido a la pandemia. Por eso nos recibió de forma virtual en su hogar de Barcelona.

—El título Contra Amazon es violento.
—El título es una intervención, un gesto, una llamada de atención, en efecto, pero también es una opción clásica para titular un libro. Pensemos en Susan Sontag: tituló su libro Contra la interpretación con el título de uno de los ensayos breves que lo componen, uno de los más emblemáticos. Yo hago lo mismo, escojo el título de una de las diecisiete piezas de no ficción, el más contundente. Intuyo que ahora mismo somos dos los tipos de lectores, aunque haya como en todo zonas de intercambio e hibridación: los que solamente compramos en librerías y los que compran casi todos sus libros en Amazon. Con la pandemia éstos no han parado de crecer. Como el poder de la multinacional. Creo que la conciencia de su peligro y el compromiso con las librerías son más importantes ahora que a principios de este año.

—Pero fue un libro escrito antes de la pandemia, ¿Debe ser leído de otra forma ahora? The Economist afirmó que Amazon se ha vuelto esencial.
—El libro comienza con "Contra Amazon" y termina con "Contra la bibliofilia". Entre un extremo y otro, entre las plataformas como empresas logísticas que no creen en la cultura, y los libros como fetiches u objetos de lujo, allí hay viajes librescos por los cinco continentes con la voluntad de mostrar todo aquello que no encuentras en las pantallas. Amazon te puede traer un libro a casa en un tiempo récord, pero no le puede dar una historia previa a esa lectura, ni una épica ni una lírica, ni un contexto. Cuando compras en Amazon el único relato está en los datos que envías o regalas, de modo que, desde el momento del clic hasta que llega el paquete y el repartidor lo escanea, esa historia le pertenece al algoritmo, que es su único lector. A mí, en cambio, me interesa recordar cómo llegué a un libro, quién me lo recomendó, dónde lo compré, dónde lo empecé a leer y por tanto a subrayarlo. A menudo un encuentro entre un lector y un libro tiene que ver con otros lectores. Me interesan esos círculos.

—Tú afirmas que la historia de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, es la historia de una larga apropiación simbólica.
—Para él el libro fue, desde el principio, un nicho de mercado. En estos momentos ya ni siquiera es la parte más importante del negocio. La migración del beneficio del papel a la Nube, a través de servicios de almacenamiento de datos, o a la Inteligencia Artificial, demuestra que el libro no fue más que un modo de ganar dinero para invertirlo en otro tipo de negocios y de intereses, que no tienen nada que ver con la cultura del libro de la que se apropió en un primer momento. Hace, aunque parezca mentira, un cuarto de siglo. Amazon ya es un clásico.

—¿Por qué dices que este proceso es hipócrita?
—Porque todavía sigue siendo lucrativo para Amazon que muchísima gente los identifique con una gran librería, con una gran editorial (de auto-publicación), porque la literatura y el libro gozan de un gran prestigio social. Amazon se ha aprovechado de ello, aunque no crea en la tradición literaria, en la edición de calidad, o en el propio objeto libro. No les costaría nada empaquetar los libros en cajas de otro color; no lo hacen porque para ellos no hay diferencia entre un libro y una cafetera.

—En Uruguay, y creo que también en la región, hay grupos editoriales que han optado por la venta a través de Mercado Libre, salteándose a las librerías. Ello ha instalado una polémica.
—Es tirar piedras sobre el propio molino, porque acelera la transición, dándole más poder a las plataformas, a los distribuidores. Hay una queja general en el sector del libro sobre el poder y el porcentaje de las distribuidoras. Amazon, Alibaba o Mercado Libre crean la ficción de que esa intermediación desaparece, que la distribución es más directa. Pero eso no solamente significa que los repartidores son invisibilizados y, en consecuencia, explotados; también conlleva que esas empresas de logística acumulen más poder de negociación, y con el tiempo exijan cada vez más porcentaje de beneficio. En las ciudades en que Uber tiene el monopolio, cada vez se quedan con más dinero de sus conductores, que no pueden hacer nada.

—¿Qué librería te enamoró?
—De las que aparecen en el libro quizá The English Bookshop, de Upsala, sea la que más me sorprendió y fascinó. A raíz de que la mencionara en Contra Amazon, en el artículo de las mejores librerías del mundo, porque ganó el premio de la Feria del Libro de Londres como tal, me invitaron a ir a Upsala a presentar mis libros y me quedé fascinado con la comunidad de lectores cómplices que han creado en Suecia. Jan Smedh es un librero extraordinario.

—¿Qué biblioteca te enamoró?
—Muchas. De las de Contra Amazon, la Biblioteca Nacional de Argentina. Ya la conocía, pero nunca la había visitado en serio. Tuve la suerte de contar con Alberto Manguel como cicerone. El fantasma de Borges late en todos los rincones de ese edificio.

—¿Qué librero te gustaría siempre encontrar ?
—El librero ideal tiene, en mi cerebro, atributos, cualidades, detalles de muchos libreros y libreras que he conocido en los últimos veinticinco años. La generosidad de Natu Poblet, de Clásica y Moderna de Buenos Aires, por ejemplo, con la memoria de Pepito, de la librería Antígona de Zaragoza; el don de gentes del ya mencionado Jan de The English Bookshop, o de Xavier Vidal, de la Nollegiu de Barcelona; la visión empresarial de James Daunt, de Daunt Books de Londres; la fuerza de Lola Larumbe, de la Rafael Alberti de Madrid... Podría seguir durante horas, saldría el perfecto librero... Frankenstein.

—¿Un libro que te dejó una impronta imborrable?
—En la crónica sobre Nápoles hablo de la obra de Curzio Malaparte. La piel no te puede dejar indiferente. Era un salvaje realmente brillante.

—Hay muchos viajes reales en Contra Amazon. ¿Van en paralelo al viaje metafórico de la lectura?
—Supongo que la lectura es lo que cose todos los viajes. De algún modo todos empezaron en libros y todos confluyen en mi biblioteca. Ahora todos mis libros están reunidos en un único espacio, ordenados, y me ayudan a recordar las experiencias vitales y de lectura en aviones, trenes y ciudades de todo el mundo. Mi biblioteca es mi memoria externa.

—¿Serías propietario de una librería?
—No. Sería un pésimo gestor, porque solamente querría encontrar tiempo para escribir y leer.

Contra Amazon Jorge Carrión
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