POÉTICAS

No está

A Ulises no le interesaba la poesía, y mucho menos la que no está donde está la poesía.

Eduardo Milán

La poesía no está donde está la poesía. Esa podría haber sido una divisa de gran parte de la poesía del siglo XX. Fue y no fue. Para un criterio de innovación por delante al estilo aullido, no de Ginsberg, hacia adentro, sino hacia arriba, de coyote. Para las conciencias que partían de su "lugar de origen" con la fascinación de nuevas tierras (lugar) en la mirada —en la suya, en la del que está enfrente o volviendo la cabeza hacia atrás, acompañando el giro de media rueda gigante que se queda parada contra el cielo: siempre la cuestión del otro lejos, la ilusión del otro lejos, el otro nunca cerca, el que está cerca es como yo, Joyce no pudo nunca haber sido mi compañero de pupitre en la escuela No. 2 de Rivera en 1957, si es como yo no es otro, JE EST UN AUTRE —dijo, y se mandó para Abisinia— la poesía nunca está donde está la poesía. Si no es un movimiento, si no es esa vida-movimiento que nos lleva y nos lleva, no puedo creer que sea una parada en el camino frente a la gasolinera ¿dónde está el tipo que atiende?, una vuelta a la madre gasolinera que dio de beber a mi generación —mi generación de alma norteamericana— con el sol del desierto en la cabeza. Si Ulises no cayó de cabeza ante el desgarramiento melódico, el silbido que atraviesa un reguero de crestas de olas, rasante, y no sale del borde del agua sino que brilla su lomo —el lomo del silbido bajo el sol del océano —van dos soles: Trilce son tres— que no se sabe de donde realmente salió, si de la boca de la encantadora mujer pez de mirada honda, negra que anticipaba la sola noche de los campos de algodón: de la hondonada de sus ojos, ojos de la sirena, nació el blues del Mississippi— algo queda claro: a Ulises no le interesaba la poesía y mucho menos la que no está donde está la poesía. Faray un vers de dreyt nien (hice un poema de la nada): eso no está donde parece estar, una estrella que yo sé y que brilla todas las noches ni siquiera brilla todas las noches. Aquel griego lejano navegó temprano sobre las aguas del cálculo.

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