Gonzalo Schwarz
Gonzalo Schwarz

La movilidad social

La movilidad social es uno de los temas más importantes que se juega este domingo. Sin embargo, fue uno de los grandes ausentes en el último debate presidencial. 

Lo que hubo fue mucha alusión a la movilidad social pero equivocadamente como una discusión sobre desigualdad económica, disfrazada de igualdad de oportunidades.

Una minoría, en su envidia o falta de conocimiento de la evidencia puede estar convencida y animada por la falsedad de que si unos tienen mucho es consecuencia directa de que otros tienen poco. Pero para la mayoría de los uruguayos, uno de los motivos principales por lo que se preocupan por la desigualdad es porque cuando ven que la brecha se agranda, se preocupan que los pobres se están quedando atrás.

Y dicha preocupación es justificada y bien intencionada. Existen barreras importantes e injustas que previenen que los pobres puedan subir en la escala económica, barreras que las clases media y alta pueden sobrellevar más fácilmente. Pero en vez de pretender que nuestros problemas desaparecerán si políticos y economistas pueden ajustar el nivel de impuestos y redistribución, nuestro enfoque debería ser el eliminar las barreras a las que se enfrentan los más vulnerables entre nosotros e incrementar la movilidad social.

En primer lugar, hay que partir de la afirmación que la mejor y muchas veces la única opción de incrementar la movilidad social sosteniblemente, es mediante un trabajo que brinda la principal fuente de ingreso a una persona o una familia. Sin embargo, las políticas públicas relacionadas a la movilidad social se centran en dos premisas equivocadas.

La primera es que para aumentar la movilidad social hay que reducir la desigualdad, lo cual no ha sido avalado por los estudios más importantes en este campo que solo muestran una relación en la que no está determinado cuál factor causa al otro.

La segunda premisa es que los planes sociales son las herramientas de política social más importantes en este debate. Los planes sociales pueden ayudar a darle sustento a personas que más lo necesitan y que se encuentran en situaciones precarias. Pero en el mejor de los casos deben ser un trampolín y no un colchón ya que representan un alivio a la pobreza, pero no una fuente sostenible de movilidad social ascendente.

Por lo que volvemos al punto principal que la mejor política social es un empleo. Y la mayor parte de los empleos se crea en el sector privado, con menos trabas al emprendimiento y legislación laboral más flexible que genera un crecimiento sostenido inclusivo dando lugar a una gama más amplia de diferentes tipos de trabajo.

Ese es el caso de países con mayor movilidad social y menor desigualdad como lo son los países escandinavos, que muestran un ambiente para hacer negocios simple y abierto, una gran flexibilidad laboral, mucha apertura comercial y los mejores puntajes en lucha contra la corrupción.

Y si partimos de ahí, la situación en Uruguay y la perspectiva de movilidad social y falta de oportunidades es alarmante. Los hechos muestran que los últimos años en el Uruguay el ambiente para hacer negocios se ha deteriorado. En el Índice Doing Business del Banco Mundial, que muestra la facilidad de hacer negocios en el país, Uruguay está en el puesto 101 y viene cayendo hace algunos años. Los parámetros en que peor estamos son la inserción internacional, protección jurídica a inversionistas, la presión impositiva a las empresas y poder conseguir permisos de construcción.

Traducido al mercado laboral y como señalan diversos analistas, se han perdido 60.000 empleos en los últimos años y como destacó recientemente Isaac Alfie, el desempleo ha subido de 6,8% en 2014 a más de 9.7% actualmente. De igual manera los países que mayor movilidad social y menos desigualdad, como ser Dinamarca y Noruega, tienen tasas de desempleo juveniles menores a 10% y en el caso de Suecia llega a 15%. Sin embargo, en Uruguay el desempleo juvenil promedia casi el 30%.

Siguiendo con este hilo conductor un reciente informe del Centro de Estudios para el Desarrollo muestra que a pesar de que ha habido mejoras en indicadores monetarios, se ha dado un fenómeno que denominan la nueva pobreza urbana, donde la brecha sociocultural continuó ampliándose en cuanto al aumento de la violencia, los tipos de empleos y en el clima educativo por barrios.

Estas barreras pueden ser sobrellevadas por las clases media y alta con más facilidad que la clase baja. En el ámbito de la seguridad las personas con mayores recursos pueden mudarse o contratar seguridad privada. En cuanto a la educación las personas de mayores recursos pueden poner a sus hijos en colegios privados o enviarlos al exterior. En cambio, los más vulnerables no tienen esas oportunidades. Pero cabe preguntarse, ¿el problema aquí son los que tienen más, o el problema principal son las barreras y problemas estructurales que no se están enfrentando ?

Un régimen de políticas públicas basado más en planes sociales que en prosperidad económica y crecimiento es más una gestión de pasivos que un enfoque que quiera potenciar y empoderar a los más necesitados entre nosotros.

Pablo Bartol, exdirector de Fundación Los Pinos, resume muchos de estos puntos claramente en un reciente discurso. En primer lugar, sostiene acertadamente que las políticas sociales tienen que tener un último escalón que es un trabajo. Un trabajo que provea sentido, dignidad y que la persona sienta que se lo ganó. Y más aún, Bartol señala que para poder cambiar un país y una sociedad, empezando con una persona a la vez, hay que mostrarle a la gente que se merece más, que se merece lo mejor, aunque esté en el medio de circunstancias desfavorables que le hagan sentir o pensar lo contrario.

Cuando la búsqueda de igualdad de resultados se disfraza de búsqueda de igualdad de oportunidades nunca podremos realmente enfrentar los problemas de fondos y salir adelante. Enfrentar los problemas estructurales de frente, buscando una mayor movilidad social mediante una mayor igualdad de oportunidades, nos llevará a sensibilizarnos y enfocarnos en las capacidades y potencial que tienen todos los uruguayos.

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