Plantas medicinales: desde reducir el insomnio hasta prevenir enfermedades, cómo funciona la fitomedicina

Las especies vegetales tienen sustancias químicas llamadas 'principios activos' que pueden consumirse en jarabes, aceites y otros formatos para promover la salud.

Fitoterapia, plantas y hierbas medicinales.
Foto: Freepik.
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Las propiedades medicinales de las plantas nunca han sido un secreto para la humanidad. La civilización persa, el imperio chino, las tribus americanas: diversas culturas a lo largo de la historia han recurrido a la fitomedicina —uso terapéutico de las plantas medicinales— para promover la salud y prevenir enfermedades. Hoy vivimos un retorno a la sabiduría ancestral: “La ciencia sabe que la biodiversidad constituye una reserva de sustancias químicas que podrían ser beneficiosas para el ser humano”, sostiene Alejandro Sequeira en su libro Hierbas: Especies medicinales y aromáticas usadas en Uruguay.

Estas sustancias químicas —explica el autor— se denominan principios activos y son las que otorgan a las plantas sus propiedades medicinales. Alcaloides, mucílagos, aceites esenciales, glucósidos y taninos son algunos de los principios activos que las especies vegetales utilizan para defenderse de los insectos y combatir infecciones causadas por hongos y bacterias. Hasta la industria farmacéutica aprovecha estas sustancias: “Se estima que el 35% de los fármacos que se comercializan en el mercado mundial actual posee principios activos de origen vegetal”, indica Sequeira.

Ventajas de las plantas medicinales.

Para el doctor en Medicina Jesús Costa, la fitomedicina tiene múltiples beneficios para la salud humana. Primero, porque las plantas medicinales, en dosis adecuadas, “actúan sin causar efectos secundarios”. Esto es así porque contienen sustancias químicas naturales, a diferencia de los fármacos que se formulan con sustancias químicas sintéticas, expone.

Además, su costo es menor que el de muchos medicamentos —afirma Costa— y no generan adicción ni sensación de dependencia. Otra ventaja es que aportan antioxidantes, lo que “evita la acción inflamatoria y el envejecimiento causado por los radicales libres”.

Lo anterior no significa que haya que elegir entre lo natural o lo sintético. “Lo ideal es complementar. Estoy haciendo un máster de enfermedades autoinmunes y justamente se utiliza todo; el fármaco convencional, fitoterapia, micoterapia, aceites esenciales”, cuenta el médico.

En la misma línea, Ana Loffredo, codirectora del Laboratorio Matías González, asegura que la fitomedicina “no se contradice con la medicina alopática”. De hecho, enriquece el tratamiento, y se aplica cada vez más en “las nuevas corrientes que ven a la persona como un ser integral”.

También señala que el consumo de plantas medicinales permite aprovechar todos los principios activos de una especie vegetal: “A diferencia de cuando se extrae un único activo, al usar una planta aprovechamos toda una serie de fitoquímicos que actúan en sinergia”.

Algunos de los principales motivos por los que llegan los clientes son el estrés y los tratamientos para adelgazar —comenta—, y también se usa mucho el Aranuri, a base de arándano rojo, para proteger la salud urinaria y vascular, y la Espirulina, a base de alga espirulina, como antioxidante, antiinflamatorio y apoyo al sistema inmunológico, entre otras propiedades.

Una de las plantas más recetadas por Costa es el Hipérico, también llamada hierba de San Juan, que es “un gran ansiolítico y mejora el humor porque promueve la liberación de serotonina, el neurotransmisor del placer”. Otra –agrega– es el Ginkgo biloba que ayuda a la circulación venosa y arterial, y potencia la cognición en las personas mayores.

Influencias de Oriente.

Álvaro Crossa es especialista en Naturopatía Tradicional China y aplica la fitoterapia basado en la teoría y la práctica de la Medicina Tradicional China. Según ésta, la promoción de la salud tiene que ver con la búsqueda de la armonía y el equilibrio interior, y las hierbas y plantas constituyen un elemento clave en ese camino, junto a otras terapias como la acupuntura o el masaje especializado.

Para diseñar las fórmulas herbales, Crossa mira más allá del síntoma. Por ejemplo, en casos de ansiedad o angustia, no basta con recetar plantas medicinales que regulen el sistema nervioso —explica—, sino que la clave está en conocer la raíz del desequilibrio. “El agua provee energía a los huesos, la médula y el cerebro, y por eso muchas veces los trastornos del sistema nervioso están vinculados al movimiento del agua”, sostiene. Y agrega: “Eso tiene que ver con los meridianos del riñón y la vejiga, y hay hierbas como la canela y la borraja que proveen la energía yang y yin al riñón, respectivamente”. Como terapeuta, cuantifica cuál cara está en desequilibrio, y a partir de allí propone un tratamiento.

No obstante, la fitomedicina es solo un camino dentro de un mapa mucho mayor. Crossa resalta: “Estamos acostumbrados a llevar nuestros problemas a la persona que estudió. Tengo este dolor, dame un analgésico, solucionámelo: así nos criamos. En Asia, el concepto es: ¿Qué has hecho tú con tu cuerpo para estar así?”. En este sentido, ante un desequilibrio, es importante hacerse responsable y realizar los cambios pertinentes: “Si uno fuma y tiene problemas respiratorios, puede consumir plantas expectorantes, broncodilatadoras y desinflamatorias para sentirse mejor, pero, si sigue fumando, seguirá enfermándose”.

Fitomedicina, hierbas medicinales.
Foto: Freepik.

Otras consideraciones.

Hay muchas maneras de consumir plantas medicinales; por ejemplo, mediante infusiones —como el té—, aceites esenciales, emplastos, compresas y ungüentos o jarabes, jugos y licuados. En Hierbas: Especies medicinales y aromáticas usadas en Uruguay, de Ediciones de la Plaza, Sequeira describe estos y otros mecanismos.

En cuanto a los cuidados, Costa indica que, como decía Paracelso —alquimista, médico y astrólogo suizo—, “todo depende de la dosis”. “Hay dosis ya establecidas y por eso la recomendación siempre es consultar a un experto, como un médico o un naturópata”, menciona.

A su vez, Crossa señala que ciertas plantas tienden a subir o bajar la presión y otras aceleran el torrente sanguíneo, así que también sugirió seguir las pautas de un especialista.

En su libro, Sequeira enumera las siguientes precauciones: asegurar que la especie esté bien identificada, corroborar que la planta sea, en lo posible, orgánica, respetar la dosis indicada, conocer qué parte de la planta debe usarse y estar atento a la evolución de los síntomas, entre otros. Además, menciona: “Pueden existir contraindicaciones cuando se toma medicación junto con alguna planta medicinal o en determinadas situaciones, por ejemplo, el embarazo”.

Saberes de otra era: "Casi todo está escrito".

En su libro, Sequeira indica que el texto más antiguo de fitoterapia lo escribió un emperador chino hace cuarenta y cinco siglos. También cuenta que “muchos pueblos nativos de América basaban su conocimiento en una relación de analogía o semejanza de los caracteres de las plantas con las partes del cuerpo humano” –por ejemplo, con forma de corazón para problemas cardíacos o con forma arriñonada para el riñón– o según el color; por ejemplo, “atribuían a las plantas rojas (o a partes de estas de dicho color) una relación con la sangre, a las de color amarillo una relación con la bilis y el hígado”.

Lo cierto es que, como dijo el doctor Costa, especialista en psiconeuroinmunoendocrinología, “casi todo está escrito; ahora la ventaja que tenemos es que las cosas que decían hace 5000 años pueden comprobarse con la tecnología”. Y añadió: “La medicina se ha vuelto fármaco-centrista. Pero el fármaco trata el síntoma, no cura”.

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