"Ahora que pasó esta desgracia, cuidá a mi nietito", pidió ayer a su esposa María del Carmen Silva, el padre que ultimó a su hijo drogadicto de un disparo en el rostro en una calle del barrio Unidad Casavalle.
Con su abuelo preso a espera de una decisión judicial y su padre muerto, el nieto depende ahora de toda la ayuda que le pueda proporcionar Silva, quien quedará al frente del negocio mayorista de recolección de papeles de los hurgadores del barrio Borro y adyacencias.
A la 1 de la mañana de ayer, el viejo camión Bedford tosió dos veces antes de apagarse frente al depósito situado en Enrique Castro y bulevar Aparicio Saravia.
El propietario del vehículo, de 49 años, y su esposa se bajaron del rodado. En la puerta del depósito los esperaba el sereno.
"Su hijo estuvo acá. Estaba armado. Vino de pesado. Entró al depósito y se robó unas cuerdas del camión", relató el sereno según la versión de la madrastra del drogadicto ultimado.
El joven delincuente era el mayor de los dos hijos del dueño del depósito. Tras robar las cuerdas de su padre, caminó varias cuadras en dirección del barrio Borro y las vendió por $ 80.
Tras enterarse del robo, el padre salió a buscar a su hijo para tratar de ubicar la "boca de fumo" donde este había vendido las sogas hurtadas a cambio de pasta base. Media hora más tarde, el padre regresó al depósito sin haber encontrado a su hijo.
"Lo voy esperar afuera. Sé que él va a volver por más", dijo el hombre a su esposa.
La mujer caminó hacia el fondo del depósito e ingresó en el departamento de tres habitaciones amobladas en forma austera, pero con una distribución cómoda.
El matrimonio sabía que cada vez que el joven drogadicto caía en una crisis, visitaba el depósito unas diez veces durante la noche con tal de conseguir unos pesos para comprarse más pasta base.
Unos diez minutos más tarde, el padre regresó al depósito. Desde la entrada del galpón, le dijo a su esposa que había peleado con su hijo drogadicto.
Se subió al auto y dijo: "llamá al abogado. No sé si lo lastimé. Me vino a ver y estaba armado. Era él o yo. No me dio alternativa alguna".
Horas más tarde, en un rápido encuentro que se realizó en la Seccional No. 17, el padre matador explicó a su cónyuge que "había forcejeado" con su hijo y que el disparo del revólver impactó en el rostro del joven, dijo Silva a El País.
Según fuentes policiales, el herido caminó unos metros hacia un pasaje ubicado detrás del depósito y murió.
DUREZA. El galpón del padre homicida está ubicado en Enrique Castro y Aparicio Saravia. Este bulevar es uno de los ejes del barrio Unidad Casavalle. Bajando por Aparicio Saravia hacia Enrique Castro, a la izquierda hay varias manzanas formadas por rancheríos donde la mayoría de sus habitantes se dedican a clasificar basura.
Gallinas y gallos de riña picotean la tierra de pequeños patios. En una sola cuadra, hay dos pequeños almacenes cuyas ofertas colocadas en pizarrones tienen gruesas faltas de ortografía.
En la otra vereda, en la margen derecha de Aparicio Saravia, las viviendas son de materiales. Sin embargo, los pasillos y senderos llevan a decenas de ranchos de lata que constituyen el "corazón" de la manzana.
Según altas fuentes policiales, el hurto en fincas y las rapiñas son los principales delitos de esa zona montevideana. Pese a que el nivel de violencia en Unidad Casavalle triplica a los guarismos del Centro, las denuncias son escasas porque los afectados temen las represalias de los ladrones.
SECUELA. La madrastra conoció a sus hijastros cuando estos eran unos adolescentes. "En esos años, ese muchachito era un amor. Muy trabajador. Lo crié como si fuera mi hijo. A los 20 años empezó con la maldita pasta base", recordó Silva.
Su primer hurto conocido fue a un sereno de su propio padre, quién casi lo mató de varias puñadas y de dos disparos. Después robó un microondas a un travesti. Por ambos delitos, fue encarcelado durante un largo tiempo en el penal de Santiago Vázquez (COMPEN).
Según la madrastra, el padre le enviaba comestibles todas las semanas. Cuando salió de la cárcel, el hijo volvió a las andanzas pese a esfuerzos paternos para que dejara la droga.
"Sé que mi esposo sufre por haber matado a su hijo -dijo Silva-. Eso será una secuela que lo perseguirá toda su vida".
Maldita pasta
"Era trabajador, un amor. Después empezó con la maldita pasta base", según la madrastra
Datos
Un estudio de la Junta Nacional de Drogas concluyó que la pasta base es la droga de mayor consumo en los estratos más bajos de la sociedad. "La pasta base es la droga de los pobres, está destinada a liquidar a los pobres", dijo el secretario General de la Junta Nacional de Drogas, Milton Romani.
El 80% de los consumidores de estos alucinógenos son menores de 21 años, indica el informe de la Junta. El 70% de los adictos a las drogas reconoce que probaron pasta base en alguna oportunidad.
Mientras que una dosis de cocaína ronda los $ 400, una dosis de pasta base se abona a $ 35 según su pureza.
Con una dosis de medio gramo de pasta base, el adicto se "engancha" con "la lata". Los drogadictos llaman así a la pasta base porque usan una lata para poder consumirla. Genera rápida dependencia.