Salud

Verduras, ¿una moda pasajera?

Cada vez se habla más de alimentación “consciente” y “saludable”: ¿pasará o es una revolución silenciosa?

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Uno de cada seis estadounidenses sufren enfermedades por ingerir comida contaminada. Archivo El País.

El replanteo sobre lo que comemos y su estrecha relación con el cuidado de la salud son temas de los que se habla cada vez más; ¿moda pasajera o un verdadero cambio de paradigma?

Llama la atención ver la fuerza que ha cobrado la oferta de comidas vegetarianas y la proliferación de ferias naturales como una forma más responsable de comprar, y que pone en contacto directo a los productores con los consumidores.

"Los alimentos que comés pueden ser la más poderosa y segura medicina para tu cuerpo o el más lento proceso de envenenamiento", escribió Anne Wigmore, nutricionista norteamericana, precursora de la alimentación consciente, en 1960.

Lentamente, este despertar de consciencia que ella hizo hace 50 años comenzó a fluir en silencio y ha llegado a todos los rincones del mundo para hacernos un replanteo sobre lo que ingerimos y la responsabilidad que asumimos al hacerlo, sobre lo sagrado del acto de comer y la estrecha relación entre comida y salud.

Fue la primera en poner luz sobre el daño que estaba ocasionando el exceso de harinas y azúcares en los alimentos industrializados y su posible relación con las enfermedades degenerativas.

Historia familiar.

Los números hablan por sí mismos. Según un informe de la OMS de 2012, las cardiopatías son el primer factor de muerte en el mundo y están muy ligadas a nuestra alimentación. También se ha comprobado que la diabetes, el cáncer y las enfermedades degenerativas como el Parkinson, el Alzheimer, entre otras, tienen mucha relación al tipo de vida que llevamos y los hábitos alimentarios.

Los hábitos alimenticios están ligados a nuestras emociones, a nuestra cultura, por eso es que son difíciles de revertir. Sólo la inminencia o amenaza de un problema de salud nos lleva a enfrentar un cambio.

Giselle Rodríguez es docente y diseñadora y no se sentía bien con su sobrepeso. Un día, mirando un programa de televisión sobre temas de salud, decidió enfrentar su problema y cambiar su dieta. Acudió a una especialista y en su casa todos empezaron a comer diferente.

"La rutina vertiginosa en la que estamos sumergidos nos lleva a comer lo más práctico. Ahora, el 90% de mi dieta son frutas, verduras, semillas, cereales, huevos, y agua", explica.

Hablar de revolución silenciosa es usar un oxímoron que refleja lo que realmente hoy sucede en el mundo: este cambio de consciencia alimentaria representa un cambio cultural muy fuerte que es resistido por intereses económicos y miedo a lo diferente. A ninguna de las industrias involucradas en el tema de la alimentación quieren que esto cambie.

Si bien no hay datos oficiales, el Río de la Plata tiene cada vez más restaurantes, cafés y locales con propuestas vegetarianas en todas sus variantes. Se replican los envíos de verduras orgánicas a domicilio, ferias de productos naturales y opciones gourmet especialmente para este tipo de comensales.

Más opciones.

Ximena Díaz Alarcón, directora de la consultora Trendsity, evalúa esta tendencia y ve que en las principales capitales del mundo se da un crecimiento de opciones veganas y vegetarianas, pero sin descuidar diseño y sabor como tendencia.

"Antes había menos opciones y el consumidor tenía que resignar sabor en el consumo. Hoy quiere lo mejor de todos los mundos: natural, sano, rico, lindo e idealmente accesible de precio también. Esto último no se da siempre, y es una de las barreras de ingreso a la tendencias de parte de los consumidores de niveles socioeconómicos más bajos", considera Díaz Alarcón.

Los locales de comida rápida también se sumaron a esta ola y han incorporado ensaladas, frutas y opciones vegetarianas a sus menús clásicos, algo que les valió la acusación de hacer Greenwashing (prácticas empresariales para mostrar su compromiso con el medio ambiente).

Rosario Etchegaray es pastelera profesional y hace 3 años fundó Girasol Conservas, un emprendimiento de viandas de comidas sanas (vegetarianas, veganas y/o aptas para celíacos) que apunta a satisfacer la demanda en empresas, casas de familias y colegios.

"Soy feliz haciendo esto. Vivo de mi trabajo y lo hago con la conciencia de que aporto al cambio. Me doy cuenta de que me encanta propagar esta forma de alimentación. Mucha gente me escribe porque le gusta lo que hago y le mando la receta, para que lo haga en la casa", reflexiona.

En Estados Unidos, uno de los países con mayor tasa de obesidad en el mundo, la National Restaurant Association (NRA) hizo una encuesta a alrededor de 1.300 cocineros profesionales de ese país y los resultados mostraron que las tendencias gastronómicas apuntan a restaurantes con huerta y/o granja propia, preferencia por la producción local, mayor compromiso ambiental y nutricional, productos no procesados, comidas infantiles saludables y reducción de los desperdicios alimentarios.

Silenciosamente, este cambio de paradigma se está afianzando en todos lados, es subterráneo, lento, pero profundo. Cuando se instala, allí queda. No suele haber vuelta atrás.

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