Un parque diferente

Verano al ritmo de la aventura

“Costaventura”, un parque de juegos en Costa Azul donde el visitante prueba su audacia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Costaventura", el parque de juegos de Costa Azul. Foto: Fernando Ponzetto.

Tres hectáreas de aventura y adrenalina para toda la familia a pocos kilómetros de Montevideo. Eso es el Parque Costaventura, un lugar para conocer el mundo del canopy, los "puentes mono" y el senderismo de altura.

Instalado en medio de un frondoso y alto bosque de eucaliptos, en el kilómetro 56 de la Ruta Interbalnearia, en la entrada del balneario Costa Azul, dispone de ocho circuitos de juegos en altura.

Por lo general, los visitantes le dedican al parque un día entero. Recorrer todas las opciones suele llevar entre seis y siete horas. Por eso, en el lugar hay una pequeña cafetería que sirve almuerzos y meriendas livianos para poder continuar el paseo sin inconvenientes.

El parque cuenta con una zona especial para bicicletas todoterreno para lo que dispone de dos circuitos, una pista lisa y otra con obstáculos. También hay dos camas elásticas que, con arneses especiales, permiten realizar saltos espectaculares de hasta 6 metros sin riesgo.

El parque, que está cumpliendo su primer año, fue instalado por la empresa española Vertikalist dedicada especialmente al montaje de este tipo de juegos en todo el mundo. La firma se ocupa de capacitar y hacer el seguimiento profesional de los 30 funcionarios con que cuenta el lugar.

Vertikalist ha diseñado y montado decenas de este tipo de parques en Europa, el primero que construyó en América fue Costaventura.

El negocio fue desarrollado por un grupo inversor venezolano. Para concretarlo dispuso de una cifra superior a 1,8 millones de dólares. La empresa ya anunció que pretende instalar otros 10 parques como el de Costa Azul en los próximos años en otros países del continente.

El jueves pasado llegó parte de la estructura de la que será la nueva sala de conferencias y salón multiuso que se instalará en el lugar. También se abrirá un espacio para pernoctar. La idea de la empresa es recibir a colegios o grupos empresariales durante el otoño y el invierno.

Con estas incorporaciones se procura fortalecer el sentido colectivo y cooperativo en sus clientes corporativos y familiares. En las empresas ese concepto es ampliamente utilizado cuando se intenta mejorar y hacer más productivos los ambientes de trabajo.

A Migue, uno de los monitores, le quedó grabada una situación muy particular. "En uno de los juegos de acción directa, la seguridad del gerente general de una empresa quedó en manos del último empleado que se había incorporado. Estas son situaciones distintas que ayudan mucho al grupo y permiten conocer las habilidades ocultas de las personas", afirmó.

DESAFÍOS.

Uno de los objetivos de este parque es motivar nuevos desafíos para demostrar las capacidades poco probadas de los visitantes.

"Queremos que las personas se reten a sí mismas y que se genere un compromiso grupal entre el equipo que nos visita. Este parque es para el que se anime. Han venido familias enteras, colegios, grupos empresariales y hasta se han realizado despedidas de soltero. También vienen personas solas a las que integramos a grupos ya formados", explicó a El País Natalia Briano, una de las coordinadoras del lugar.

Los juegos de altura son el principal desafío. Tras los temores iniciales, el vértigo queda de lado y comienza un torbellino de emociones que incluye una caída libre desde 10 metros de altitud o caminar sobre cuerdas amarradas a columnas de gran altura.

Una de las propuestas más populares es la "tirolesa", que consiste en deslizarse por un cable de metal de un punto a otro en declive, mediante poleas. Esta prueba se desarrolla, por momentos, a una altura de hasta 10 metros. En el parque hay un circuito de 6 tirolinas, con más de 630 metros de recorrido total.

"Costaventura", el parque de juegos de Costa Azul. Foto: Fernando Ponzetto.

Seguros.

La seguridad es el eje de toda la actividad y Costaventura cuenta con las más exigentes normas europeas. Antes de comenzar a recorrer los circuitos, los animadores realizan una charla para explicar todos los detalles, para evitar inconvenientes. Los visitantes aprenden a colocarse y utilizar correctamente todos los implementos de seguridad. A su vez, mientras realizan juegos "aéreos", un equipo de monitores del parque acompaña a los usuarios en cada momento.

El casco protector y los guantes son parte del "uniforme" para los clientes. Se recomienda llevar ropa y calzado cómodo que permitan hacer distintos movimientos sin mayores dificultades.

Mateo, uno de los monitores, aseguró a El País que las lingas de acero resisten 8.000 kilos y los arneses soportan una presión de hasta 2.500 kilos. Por tanto, todas las actividades pueden ser desarrolladas por personas de todos los tamaños. Por otro lado, en el último año, por los distintos circuitos han pasado adultos de 75 años junto a niños de ocho, la edad mínima requerida.

El funcionario aseguró que "una vez vencidos los miedos iniciales, viene un momento de mucho placer y gozo, muchos dicen que lo más lindo es cuando se viene por segunda vez".

La "lucha aérea" convoca a los más valientes. El equipo se sube a una viga a ocho metros de altura para librar "combates" con los llamados "panchos de piscina". Pierde el primero que cae al vacío. El descenso a tierra es amortiguado por arneses.

Otro atractivo es el denominado "puente mono" o "puente tibetano" que consiste en dos cuerdas, con una separación de un metro aproximadamente, que unen dos puntos. Por una de ellas se camina y con la otra se sujeta la persona.

Pensado para todas las edades, el parque también ofrece juegos recreativos para chicos, como búsquedas del tesoro, voleibol, manchado y un laberinto gigante.

La capacidad admite a 1.000 personas por día. Según la cantidad de días que abra fuera de temporada, puede llegar a recibir 30.000 visitantes por año.

SABER MÁS

Abierto de martes a domingo en el verano

Durante todo el verano el lugar está abierto de martes a domingo en el horario de 11:00 a 20:00 horas. El costo de la entrada es de $ 900 por persona para los que deseen practicar todos los juegos. Para quienes resuelvan quedarse en tierra y hacer otras actividades, el ingreso cuesta $ 300. Con ese precio se puede acceder al llamado "circuito sensorial". Hasta el 31 de enero hay una promoción de dos por uno.

VIDEOJUEGO NATURAL.

Gustavo, un argentino de Córdoba, llevó a su señora y sus dos hijos a conocer el parque. "El tipo de actividad que proponen se puede disfrutar si todo está en orden, sobre todo en los juegos de altura. Allí la seguridad impera y uno se siente muy cuidado en todo momento", afirmó.

El turista aseguró que en el parque no hay tiempo para aburrirse y destacó las condiciones de seguridad que se ofrecen. "La buena calidad de los implementos de seguridad y el trabajo de los instructores permiten hacer cosas que uno no haría en su sano juicio", dijo.

"Si bien hay juegos que los chicos más pequeños no pueden participar, para los que tienen desde 10 u 11 años la propuesta es bárbara. Es todo muy desafiante y ellos lo viven como si fuera un videojuego en la naturaleza por el tipo de pruebas que tienen que superar", afirmó el visitante.

El parque desarrolla un especial cuidado con el medioambiente. En las tres hectáreas hay recipientes para residuos orgánicos e inorgánicos. Está prohibido fumar y afectar la flora. Los visitantes más asiduos cuentan que de vez en cuando, en el atardecer, aparece una liebre que mira el movimiento del parque y sigue su camino.

Torbellino de emociones para retar al vértigo

Los juegos de altura son el principal desafío en el parque Costaventura. Tras los temores iniciales, el vértigo queda de lado y comienza el torbellino de emociones que incluye una caída libre o caminar sobre cuerdas amarradas a columnas de gran altura. Uno de los juegos más populares es la "tirolesa" (foto), que consiste en trasladarse por un cable de metal de un punto a otro en declive, mediante poleas. Esta prueba se desarrolla, por momentos, a una altura de hasta 10 metros. Los más experimentados se animan a deslizarse cabeza abajo.

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