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Uruguayos tras la historia

Dos investigadores uruguayos lograron identificar detalles del comportamiento de un roedor que habitó el hoy territorio uruguayo hace cuatro millones de años. América del Sur ya se había dividido de África pero aún no se había unido con América del Norte y en la región vivía un roedor gigante con dientes capaces de romper un cráneo al morder o tirar un árbol para comer sus hojas.

Ayer, publicaron junto a un colega inglés los resultados de su investigación, para la cual usaron una tomografía realizada en el Hospital de Clínicas y tecnología que Londres emplea en el diseño de puentes. El País dialogó con los científicos acerca del valioso fósil.

En una de las calles más transitadas de la Ciudad Vieja de Montevideo descansa uno de los fósiles más valiosos del mundo. Los ejecutivos pasan por la vereda apurados, los autos se apuran para llegar a casa y la mayoría no solo desconoce que allí se encuentra el Museo de Historia Natural sino que dentro, está el fósil que en la tarde de ayer arrojaba más de 10.000 resultados en Google.

Al entrar al museo, el paleontólogo Andrés Rinderknecht (arriba derecha), lamenta que no hay buenas condiciones de accesibilidad y pide disculpas por los tres pisos que hay que subir por las escaleras de mármol de la antigua construcción (pronto se trasladarán a otra edificación). Arriba, una claraboya hace sentir el rigor del calor de enero.

Tras una breve presentación junto a Ernesto Blanco, profesor grado 4 del Instituto de Física de la Facultad de Ciencias, van por la pieza que analizaron junto a Philip Cox, investigador inglés en el Centre for Anatomical and Human Science de la Hull York Medical School , Reino Unido. Los resultados fueron recogidos ayer por la revista Journal of Anatomy, prestigiosa publicación internacional y de su mano, en sitios de todo el mundo. El trabajo es parte de la tesis de doctorado de Rinderknecht, actual curador del museo.

Rinderknecht llega con la pieza en los brazos y la sostiene como si acunara a un ser vivo. La comparación no es casual porque, a través de sus huesos, uruguayos e ingleses lograron reconstruir cómo lucía en apariencia el roedor más grande que haya existido en la historia del planeta Tierra.

Pero eso no es lo más sorprendente: descubrieron que sus dientes tenían una fuerza totalmente desproporcionada con la que necesitaba para comer, ya que eran herbívoros. ¿Por qué los necesitaban entonces? ¿Qué usos les daban? Fueron algunas de las preguntas que se plantearon los científicos.

Al detalle.

A la vista de cualquier desentendido, la estructura ósea podría ser confundida con el cráneo de un vacuno que pueda verse en cualquier pradera uruguaya. De hecho fue encontrado en la década del 80 por un paleontólogo aficionado y permaneció sin ser reconocido hasta 2008, cuando Rinderknecht y Blanco difundieron el resultado de lo que habían encontrado en él.

Con plena conciencia de lo que tienen en sus manos, los uruguayos cuentan a El País que la nueva publicación reafirma detalles que habían sido ya difundidos en una revista científica de menor envergadura en 2011. La principal novedad, comenta Rinderknecht, es la técnica que se empleó esta vez.

Los científicos enviaron a su colega inglés una tomografía hecha al cráneo en el Hospital de Clínicas ("llevamos un paciente de 4 millones de años", bromea el curador del museo) y el especialista se valió de modelos computacionales para simular los músculos que emplearía en la utilización de estos dientes y la fuerza que aplicaría. Este tipo de técnicas se utilizan en ingeniería mecánica para calcular la resistencia de puentes, por ejemplo, comentan los uruguayos.

"Llegamos a la conclusión que la fuerza de mordida anda en el entorno de lo que sería la fuerza de mordida de un jaguar; una de las formas de matar a la presa de este felino es atravesando los huesos del cráneo", explica Blanco. Una de las hipótesis es que los utilizaran para protegerse de depredadores como las llamadas "aves del terror", aves carnívoras no voladoras, de tres metros de altura. Al ser ellos del tamaño de un búfalo y similares al carpincho es posible que no pudieran correr con agilidad ni esconderse fácilmente.

Otra hipótesis es que les dieran el uso que el elefante da a los colmillos: pelear entre miembros de la manada y derribar árboles. "Probablemente este animal hiciera cosas parecidas y por eso tenía incisivos tan grandes", apunta Blanco. Actualmente trabajan con estadounidenses para conocer más sobre el mundo en que vivía (ver nota aparte).

QUÉ HACER


1980. Sergio Viera, un paleontólogo aficionado, descubrió en una playa del departamento de San José un bloque que se había desprendido de las barrancas y lo donó al Museo de Historia Natural. El paleontólogo Álvaro Mones la conservó.

2008. Siguiendo la sugerencia de Mones, Rinderknecht lo estudió y junto a Blanco descubrieron una especie nueva hasta entonces. El hallazgo mereció amplia repercusión internacional y se incluyó en un documental de National Geographic.

2015. Junto a un colega de Londres difunden que el mayor roedor conocido tenía una mandíbula con dientes frontales muy largos y la fuerza de un tigre, tenía el tamaño de un búfalo y pesaba alrededor de una tonelada. Curiosamente es el padre de los cuis.

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