TECNOLOGÍA

Twitter y filosofía

Evitar caer en el egocentrismo y el narcisismo es hacia donde se debe apuntar en la red social.

Más de 3.400.000 retuitearon la foto de Ellen DeGeneres en los Oscar. @TheEllenShow
Más de 3.400.000 retuitearon la foto de Ellen DeGeneres en los Oscar. @TheEllenShow

El 3 de marzo de 2014, la actriz Ellen DeGeneres hizo historia cuando, durante la entrega de los premios Oscar, se sacó una selfie con un grupo de actores y la tuiteó. La locura se desató y 3.435.426 personas la retuitearon y a otras 2.418.283 les gustó. Pero en abril de este año, otro tuit la destronó. Se trata de Carter Wilkerson, un estudiante que le preguntó a la cadena de comida Wendy’s cuántos retuits tendría que conseguir para lograr un año de nuggets gratis. La respuesta fue: 18 millones; su tuit fue replicado 3.653.270 veces y 1.014.580 personas lo marcaron como favorito. No consiguió alcanzar la meta, pero sí lograr el récord de retuits.

Si bien estos dos casos parecen más un juego que una verdadera forma de comunicación, hoy las redes sociales son el nuevo medio por el que se puede llegar a los otros. Pero no es uno cualquiera. "Las comunicaciones digitales han cambiado mucho el escenario de nuestras relaciones", dice Adriano Fabris, profesor de Filosofía de la Universidad de Pisa, en Italia.

Invitado por la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica para participar en un seminario, este filósofo ha concentrado su estudio en esta nueva comunicación y, especialmente, cómo Twitter la moldea.

"Hoy, simplemente, no tenemos relaciones reales, tanto en el sentido habitual de la palabra como en las diversas maneras en las cuales estamos acostumbrados a vivirlas", asegura. Además del cambio cultural y generacional, este reemplazo de lo real por lo virtual es un problema que tiene que ser enfrentado por la ética. Esto, porque las redes sociales tienen una estructura específica, que conlleva varias consecuencias sobre nuestra conducta.

En ese aspecto, aclara el experto, se produce una transformación del sentido de muchas palabras y de experiencias cotidianas. "Por ejemplo, la amistad que se desarrolla en Facebook puede ser afirmada con un like, pero sin argumentar el porqué de esa decisión. El problema es que esta transformación del sentido de las palabras más cotidianas es mediada por las redes sociales y olvidamos eso", explica. Esto es tan así que hoy solamente se piensa en la forma de vivir en la red, solo experiencias inmediatas, asegura.

La filosofía nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre esta nueva situación. Así, la ética ayuda a decidir basándose en el bien y argumentando las decisiones. "Pero hoy tenemos la tentación de confiar en los progresos tecnológicos sin tomar actitud crítica alguna. Y ahí está el riesgo", opina.

En este sentido, Twitter resalta entre el resto de las redes sociales porque tiene una estructura vertical y jerárquica; hay un personaje que tuitea y otros que reciben esos tuits. "Estas personas pueden responder, pero no hay reciprocidad en la relación", asegura el filósofo. En efecto, tanto el Papa como el Presidente de los Estados Unidos están en Twitter y no en Facebook.

Aunque Facebook tiene muchos más usuarios, Twitter, localmente, lo supera con creces, "puede abrir, en mi opinión, varias posibilidades en nuestra experiencia", dice. Lo primero es que obliga a la síntesis, a decir en pocas palabras lo esencial. También ofrece la posibilidad de un contacto directo entre las personas que poseen informaciones y contenidos. "Permite comunicación a través de palabras, imágenes o videos, la que es muy sencilla, esencial y que puede acompañar sin molestia nuestra vida cotidiana", dice. La pregunta está en qué profundidad tiene esa "conversación".

Como sucede con toda forma de comunicación, Twitter también aborda y restringe las habilidades de expresión. "Por ello, si la usamos, nos obliga a confrontarnos con su lógica: con la tendencia propia de cada medio de moldear y absorber el mensaje", agrega.

Si bien permite al sujeto expresarse en persona, también favorece la concentración en sí mismo, el egocentrismo, el narcisismo, asegura el experto. Algo que se debe evitar.

Discurso compartido.

Adriano Fabris es autor del libro "Twitter y filosofía". En él relata un experimento que hizo con sus seguidores de Twitter con los que construyó un relato conjunto. "El discurso se desarrolló extensamente, con muchas intervenciones, volviéndose un ejemplo verdadero del discurso compartido", afirmó, algo posible gracias a las redes sociales.

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