Naturaleza

Las "supererupciones" volcánicas son más frecuentes de lo que se pensaba

Un nuevo estudio asegura que la ceniza que envía a la atmósfera una supererupción volcánica pondría en riesgo a toda la civilización y que son más frecientes de lo que se consideraba.

volcán
Foto: Pixabay

Las "supererupciones" volcánicas, que pueden amenazar a nuestra civilización lanzando miles de millones de toneladas de ceniza al aire, pueden ocurrir con más frecuencia de lo que se pensaba, afirma un estudio basado en datos estadísticos.

Un equipo de la Universidad de Oxford calculó que el lapso de tiempo estimado entre dos "supererupciones" sería en promedio de unos 17.000 años.

"Es más corto sustancialmente que las estimaciones anteriores", subraya el estudio aparecido el miércoles en la revista Earth and Planetary Science Letters.

Esto "indica que los volcanes representan para nuestra civilización humana un riesgo más grande de lo que se creía", agrega el texto.

Los anteriores cálculos de frecuencia de los cataclismos realizados en 2004, consideraban que las supererupciones ocurrían en promedio entra cada 45.000 y 714.000 años, indica Jonathan Rougier, profesor de ciencias estadísticas de la Universidad de Oxford y principal autor del estudio.

"Hemos reevaluado este intervalo que situamos ahora entre 5.000 y 48.000 años, considerando que la frecuencia más probable es de 17.000 años", agregó.

Las supeerupciones son entonces "mucho más frecuentes de lo que se pensaba con anterioridad, aunque siguen siendo excepcionales", declaró el investigador a la AFP.

Los vulcanólogos calificaban de "supererupciones" a las gigantescas erupciones explosivas, capaces de lanzar al menos 1.000 millones de toneladas de materia volcánica a la atmósfera.

O sea lo suficiente para cubrir un continente, ensombrecer el cielo durablemente y enfriar el clima del planeta por décadas.

La última supererupción registrada en el planeta fue la del Taupo en Nueva Zelanda, hace alrededor de 25.000 años.  Hubo también la de Aira en Japón hace unos 27.000 años.

Cada una de esas erupciones lanzó a la atmósfera alrededor de 1.000 gigatoneladas (1.000 millones de toneladas) de restos y cenizas.

"De cierta forma hemos tenido suerte de no haber experimentado una supererupción desde entonces", subrayó Jonathan Rougier.

"Pero eso no quiere decir sin embargo que la próxima supererupción esté retrasada", añadió.

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