UN ESTILO QUE NUNCA MORIRÁ

Paraísos del este bajo el pincel

Lejos del modernismo, varios artistas rescatan los paisajes que dieron vida a los balnearios.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Han comercializado sus obras con turistas de todo el mundo. Foto: R. Figueredo

Cada temporada decenas de exposiciones de arte se inauguran en Punta del Este y en los principales balnearios del este, en general con obras "modernas", abstractas o figurativas. Mientras se cumple esta agenda de presentaciones veraniegas, un puñado de artistas nacionales se empeña en el rescate de los paisajes que dieron vida a todos los balnearios: las marinas.

Adolfo "Fito" Sayago lo hace desde hace más de 30 años. Logró vender su obra desde la primera vez que la expuso, en el Cuartel de Dragones de Maldonado, allá por los años 80.

La semana pasada, Sayago presentó su trabajo en el tradicional Hotel Barradas de Punta del Este, pintando "en vivo" y departiendo con el público, dos de sus grandes pasiones.

Sayago explicó a El País que las marinas, hoy su marca reconocida internacionalmente(ver nota aparte), han estado presentes en toda su gráfica vital. "Yo soy de Montevideo y veraneaba en Carrasco, pero de chico iba mucho a Punta del Este y a La Paloma. A los 15 o 16 años, mis padres habían comprado un apartamento acá, en Punta del Este, y yo venía a pasar los veranos. Ya desde esa época empecé a pintar marinas. Siempre veía a un artista argentino, Luis Hourgras, que falleció el año pasado, pintarlas en vivo en el puerto, o en otros lugares. Yo lo seguía, le preguntaba a dónde iba y siempre estaba ahí, al lado. Eso me fue atrapando, si bien empecé a pintar a los 5 años", recuerda.

Sayago comenta que al principio estudiaba el paisaje y sacaba fotos, pero "con el correr del tiempo, cuando vas agarrando el oficio, empezás a jugar con el paisaje, para crear tu propio lenguaje, lo cual a mí me pasó a partir de los 22 o 23 años. El estilo propio a veces es lo más difícil de conseguir".

"Me gusta mucho pintar en vivo, donde puedo terminar un cuadro mediano (40 x 30 centímetros) en una hora y media, o dos horas. En el taller depende del tamaño, pero de repente un cuadro grande lo hago en un día con 12 horas de trabajo. A veces al otro día le hago algún retoque, lo cual me lleva dos o tres horas más, pero soy de empezar y terminar el cuadro", concluye Sayago.

Trabajar para el turista.

El arte moderno puede ser tan vanguardista como advenedizo, tan sorprendente como controversial. Pero si hay algo en lo que existe consenso, es en que la pintura tradicional nunca perderá valor y seguidores. Así lo demuestran los artistas de larga experiencia que venden sus cuadros en la Plaza Artigas de Punta del Este, uno de los paseos casi obligatorios de nuestro principal balneario.

Romeo Sosa nació en Cachimba del Rey, un barrio emblemático de Maldonado. Es docente de arte y vive de la pintura desde hace décadas.

"A los 14 años empecé a dibujar y a pintar con Marta Nieves. Luego, Carlos Tonelli (Fray Bentos, 1937) fue mi gran profesor de pintura", relata.

Sosa trabaja en las temporadas desde hace 30 años; fuera de ellas, se desempeña como docente de plástica y dibujo en la UTU de Maldonado y en también en Gregorio Aznares.

"Trato en lo posible de cambiar la marina tipo, de jugar con una marina creada por mí. El faro de José Ignacio es algo que le ha dado mucho a mi vida personal, pero también Punta del Este. Trato de hacer una pintura abstracta, diferente, muy jugada. Acá, por ejemplo (muestra un cuadro en exposición), tengo unas intervenciones sobre telas españolas en las que estoy dejando que se vea la imagen de fondo (con inscripciones y formas). Es algo no muy visto dentro del arte contemporáneo", señala.

Los precios de los cuadros de Romeo Sosa van de los US$ 300 a los US$ 1.200. "Los norteamericanos han comprado bastante por suerte", señala.

Una vida en la pintura.

Miguel Ángel Rapshy es otro de los artistas que vende sus marinas en Gorlero. "Viví toda mi vida en los barrios de Montevideo de la costa y ahora estoy permanentemente en Maldonado. También tuve casita en Aguas Dulces; o sea que Valizas, Cabo Polonio, todo eso, lo conozco bastante. Ése es el motivo por el cual pinto marinas. Me gusta el mar, el cielo, las gaviotas y los paisajes", relata a El País.

"Desde 2008 estoy en la plaza permanente, todo el año. En verano, todos los días que pueda. Y en invierno los feriados, o cuando hay tiempo agradable para poder estar al aire libre. En diciembre hay muchos europeos y norteamericanos que nos visitan; los argentinos vienen permanentemente. De Montevideo llega mucha gente también y ahora están viniendo más del interior, porque han comprado propiedades. En toda la edificación que se ha hecho debe haber muchísimos cuadros míos", añade Rapshy.

El pintor define su estilo como "impresionista"; le gustan mucho las manchas y la paleta más bien subida de tonos. "Edwin Studer (un exdiscípulo de Torres García, fallecido en 2003) fue mi primer maestro. Le robé bastante el oficio y estuve muchos años en contacto con él. Aparte, trabajé en una empresa de pinturas muy grande y ahí manejé bastante los colores", recuerda.

"Un cuadro grande me lleva unos 15 días, aunque no trabajo en ese solo, porque me gusta rectificar el dibujo, mejorarlo. Un cuadro no se termina nunca, uno podría tenerlo todo un año mejorándolo, pero hay un momento que lamentablemente hay que comercializarlo", agrega Rapshy. Los precios de sus obras van de los $ 500 a los US$ 550.

Sayago, los japoneses y los símbolos en la pintura

Entre los pintores uruguayos de marinas, "Fito" Sayago ha tenido una proyección internacional excepcional. Expuso por primera vez en Tokio, Japón, en 1999. Aquella muestra duró cinco días, y la obra —más de 40 cuadros— se vendió en menos de 48 horas. Durante casi una década viajó más de 15 veces y expuso en ciudades como Osaka, Kobe e Hiroshima.

Gracias a Japón, como él mismo dice, sobrevivió a la crisis económica de Uruguay a comienzos del 2000. Y también gracias a los nipones, en 2002 compró la esquina de Yacaré y Piedras, frente al Mercado del Puerto, y fundó la galería MVD, donde vende su obra y la de un grupo integrado por más de diez colegas.

Los japoneses han visto en la obra de Sayago un correlato con sus propias vidas y tradiciones.

"Japón es una isla y por tanto toda la gente tiene algo que ver con el mar, por eso fue fácil para mí insertarme en ese mercado. Aprendí muchas cosas allá, mi obra para ellos tiene mucha simbología: el faro es la guía, la ola es la fuerza, la gaviota es la libertad, las barcas de pescadores representan algo de familia y de nobleza que une", explica el artista al ser entrevistado en Punta del Este.

Artistas destacados en la zona de La Barra

Otra artista uruguaya, Andrea Gelsi, tiene su taller en la zona de La Barra y se ha hecho conocida por sus marinas. Gelsi nació en Montevideo en 1956 y comenzó su formación en dibujo y pintura en el taller de Edgardo Ribeiro, también discípulo de Joaquín Torres García. Aunque no pinta exclusivamente motivos vinculados al mar, tiene una interesantísima mirada retrospectiva sobre los arribos de los inmigrantes a los puertos uruguayos.

En la calle 27 y Las Sirenas, también en La Barra, está el atelier de Oscar Rocha, con marinas y paisajes sorprendentes. Así definió su obra el diario La Nación de Argentina: "El talento creativo de Oscar Rocha no podía circunscribirse a un solo ámbito, sino pulsar cuerdas distintas. Cualquier especialización podía cortar sus alas. Por eso se expande hacia distintos rumbos del horizonte. Por eso los pájaros pueblan reiteradamente su imaginería, por eso sus telas tratan de aprisionar vanamente ciclos, porque en sus límites se afirma su libertad".

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