SALUD

Meditación para todos

El yoga abre lugar a una nueva moda: la meditación. Miles ya la practican en el mundo.

Meditación. Foto: Pixabay
Meditación. Foto: Pixabay

Son las cinco de la tarde, hora pico en Manhattan, y miles de personas llenan las calles. Julia Lyons, de 31 años, sale del trabajo y corre hacia su oasis cotidiano: media hora de meditación en la joven empresa "Mndfl".

Desde abril de 2016, cuando descubrió este flamante estudio, la empleada de un banco de inversiones dejó el yoga y abrazó esta práctica que los Beatles contribuyeron a difundir en Occidente cuando regresaron de India a fines de los años 1960.

"Medito muy regularmente, probablemente cinco veces por semana, en sesiones de 30 minutos", cuenta Lyons, taza de té en mano, sentada en el sofá del estudio luego de su práctica cotidiana.

"Preciso un tiempo para distenderme: en esta ciudad siempre estamos corriendo de un lado a otro", explica. "Me hace mucho más feliz, me ayuda a tomar mejores decisiones, decisiones más pensadas".

Durante mucho tiempo, estos testimonios fueron comunes solo entre intelectuales, famosos o iluminados. Hoy están en todos lados, desde los hospitales donde la meditación es cada vez más común para lidiar con enfermedades crónicas o graves, a las escuelas que la proponen a veces a los niños, pasando por series televisivas.

Todo esto contribuye a estimular un mercado en plena expansión en las ciudades estadounidenses y a democratizar una práctica que algunos asimilan a una higiene del cerebro, mezclando ejercicios de concentración, respiración y conciencia de sí mismo.

El desarrollo en Nueva York de los estudios Mndfl —diminutivo de "Mindful", o plena conciencia, uno de los aspectos de la meditación— o de otra empresa, Inscape, figuran entre los numerosos ejemplos de esta búsqueda del nirvana, prolongación del yoga que se practica casi en cada esquina. Otros centros han abierto en Los Ángeles, Miami, Washington o Boston.

Lodro Rinzler, de 34 años, "director espiritual" de Mndfl, abrió sus primeros estudios en Greenwich Village a fines de 2015 y ahora tiene otros dos locales en Manhattan y Brooklyn.

Iniciado en la meditación cuando era niño, en los años 70, por sus padres budistas, reconoce que "las cosas marchan bien".

"Las personas que vienen son verdaderamente representativas de todos los neoyorquinos. Con un denominador común, estoy muy tenso, necesito ocuparme de mi cerebro, cubrimos prácticamente a todo el mundo", afirma riendo.

Se niega a hablar de dinero. Solo dice que sus cursos están muchas veces "completos" y que los 75 almohadones numerados de sus tres estudios han sido reservados por internet 70.000 veces en los últimos 18 meses.

¿Las razones de este éxito? Un modelo que permite la iniciación barata de esta práctica ancestral. Según explica, durante mucho tiempo los centros budistas más reconocidos solo ofrecían largas y costosas introducciones a un costo que muchas veces ascendía a varios miles de dólares.

Con cursos a partir de 10 dólares la media hora y abonos sin fecha de vencimiento, los nuevos estudios de Nueva York o Los Ángeles apuestan a un público amplio. Un modelo calcado de los gimnasios, con ambiente zen: luces cálidas y bajas, muros vegetales y té orgánico a voluntad.

La democratización pasa también por las empresas. Cada vez más compañías de Silicon Valley proponen a su personal iniciaciones a la meditación, convencidas de los beneficios a largo plazo para su organización.

Voluntaria.

Emily Fletcher, una exactriz que enseña meditación desde 2012, lanzó una fórmula especial para empresas que tiene un gran éxito desde hace 18 meses.

Comenzó con 150 alumnos el primer año, y ahora ya tiene más de 7.000. Espera llegar pronto con sus cursos en línea a decenas de miles de adeptos, también en ciudades como Cleveland (Ohio) o Tallahassee (Florida).

"En general comienzo enseñando al presidente de la empresa, empieza a sentir los beneficios y me invita a venir a hacer una presentación en su empresa", explica la presidenta y fundadora de Ziva Meditation.

Los empleados participan de manera voluntaria, a veces "por razones muy egoístas: expresarse mejor en público, acercarse a su jefe, ganar más dinero o mejorar su vida sexual", relata esta mujer de 38 años.

Pero eso no importa, porque "si se ponen a practicarlo de verdad, van a aprovechar más su vida, su cerebro funcionará mejor, se enfermarán menos", señala.

Otro aspecto del boom: la multiplicación de aplicaciones de meditación para teléfonos inteligentes. Una de las más populares, Headspace, ya fue descargada 11 millones de veces en la primavera boreal, y tiene más de 400.000 abonados pagos.

Los sitios de culto desiertos, los cerebros abrumados por la hiperconexión debido al abuso de los celulares, la confirmación de los beneficios de esta práctica por parte de la neurociencia: el apetito por la meditación se debe a una multitud de factores.

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