SALUD

Kiva: la promesa contra el bullying

El programa eliminó los casos en 79% de las escuelas de Finlandia y los redujo en 20% de ellas; lo aplican en América Latina.

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Solo dos de cada 10 casos se animan a contarlo, dice la psicóloga Silvana Giachero. (Foto: Shutterstock)

"Todas tus bromas y juegos estúpidos/ Ya no funcionan/ No me hacen daño." Las alumnas de 4°, 5° y 6° del colegio Michael Ham, en Olivos (provincia de Buenos Aires) tararean la canción de Grace WanderWaal, esa chica de 12 años de un pueblo del estado de Nueva York que ganó el concurso America’s Got Talent.

Están reunidas en un patio para la presentación del programa KiVa, contra el acoso escolar, un éxito en Finlandia que se aplica en casi 20 países europeos, y que se ha empezado a usar en Argentina.

También ha comenzado a implementarse en América Latina, en países como Chile, Colombia y Perú. Las experiencias en el continente aún son pocas, pero en Finlandia y luego de unos años de haberse implementado el método, creado en 2007 por un grupo de investigadores de la Universidad de Turku, se realizó un estudio en 234 instituciones educativas y 30.000 estudiantes entre siete y 15 años, y los resultados constataron que los casos de bullying habían desaparecido en un 79% de las escuelas y se habían reducido en otro 20%.

¿De qué se trata este método contra el bullying del que habla todo el mundo? La base de KiVa está en las acciones universales focalizadas de intervención.

Según los expertos, y a contramano de otros métodos que a la hora de intervenir se centran en la víctima y el acosador, KiVa intenta cambiar las normas que rigen al grupo.

"Dentro del grupo hay chicos que no son los acosadores, pero que son testigos. Están los que observan, los que se ríen y así refuerzan la acción del acosador, y los que no están de acuerdo pero callan. Y aquí el programa va dando pautas para comprometer a esos otros a que cambien su actitud", explica Mariana Gallagher, vicedirectora académica del Michael Ham.

"El objetivo no es pedirle a la víctima que cambie. Si el que se ríe deja de hacerlo es un gran paso. Si el que se queda callado pero no está de acuerdo se anima a intervenir o a pedir ayuda a un adulto, es un cambio positivo. Y siempre se trabaja con los alumnos desde la posibilidad, no desde la imposición".

Por otra parte, según explica Gallagher, el objetivo no es etiquetar a las personas, sino los roles. El acosador está cumpliendo un rol, y si el público no lo sostiene ni lo refuerza existe la posibilidad de que esa persona cambie su actitud.

Laura Alcocer trabaja como directora del Centro de Terapias Cognitivas Infanto Juveniles (Ceteco), en La Plata, y destaca, al igual que Gallagher, la posibilidad que ofrece KiVa de contar con un protocolo de actuación cada vez que se presenta un caso de bullying.

"En cada institución hay un equipo KiVa que se pone en acción en cuanto tienen conocimiento de una situación de acoso. Se trabaja con la víctima para darle apoyo y contención; se trabaja con el acosador para que sea consciente de sus acciones, pero nunca se los junta ni se los enfrenta. La mayoría de los programas no dan una pauta de cómo trabajar en este sentido. Y en KiVa hay un protocolo a seguir. Tampoco es el director de la escuela el que se ocupa de estos temas".

Durante el programa, docentes y alumnos tienen material de apoyo y se dictan diez lecciones por año. No se puede modificar el orden de las clases y el contenido es específico según las edades.

"Hay manuales, videojuegos, reuniones, trabajos y charlas con los padres. Durante los recreos también hay dos personas del equipo con chalecos, con la doble función de ser reconocidos fácilmente y recordarles a los alumnos que su tarea es velar por la seguridad de los chicos", agrega Alcocer.

En la fase preventiva, KiVa trabaja con los alumnos para reconocer, mediante videojuegos o representaciones, cuándo se trata de un caso de acoso y cuándo no.

En Finlandia, el 90% de los colegios de educación primaria adoptaron el sistema luego de un esfuerzo conjunto entre la comunidad educativa y el gobierno. En Argentina, los colegios afrontan el costo de la licencia (aunque ninguno quiso revelar el monto), y un canon correspondiente por alumno. En base a LA NACIÓN

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