SALUD

"Hay que aprender a dar malas noticias"

Especialista en Oncología Médica, formada en la Universidad de Santiago y el Hospital Clinic de Barcelona (centro de referencia en Europa), Mercedes Salgado pasó por Montevideo esta semana para disertar sobre “Cómo dar una mala noticia”.

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Salgado: "Saber comunicar ayuda y protege al paciente". Foto: F. Flores

Participó como investigadora en más de 30 ensayos clínicos, la mayoría en el ámbito de los tumores digestivos. En los últimos 10 años publicó 40 documentos científicos en revistas médicas especializadas, y presentó 65 trabajos en cursos y congresos. En este camino, vio cómo médicos y especialistas concentran sus esfuerzos en formarse y aplicar lo que aprenden pero dejan de lado cómo comunicarlo a sus pacientes, los verdaderos destinatarios de su aprendizaje. En el marco del ciclo de coloquios sobre comunicación en la práctica clínica, organizado por el Sindicato Médico del Uruguay y apoyado por el laboratorio Roche, la médica española, tan cálida en el trato como firme en sus principios, explicó a El País por qué saber comunicar tiene valor terapéutico.

-¿Qué le llevó a concentrarse en la comunicación dentro de la Oncología?

-El hecho de que si analizo las horas que paso de mi ocupación asistencial enfrente del paciente, más de la mitad estoy comunicando. El problema es que la formación que existe es mínima o nula; nos están dando capacidades formativas para ser muy buenos en tener conocimientos y aplicarlos, pero nadie nos enseña a trasladarlos a la persona que está adelante.

—En su exposición plantea que la comunicación tiene valor terapéutico. ¿Cómo es eso?

—Sin duda. Mira, yo he observado que aquellos pacientes con los que consigo una buena comunicación tienen más confianza en mis indicaciones, las siguen y me comentan sus efectos tóxicos con más facilidad, con lo cual yo puedo ajustar el tratamiento y eso hace que los resultados sean mejores.

—¿Qué tiene que tener esa comunicación para ser "buena"?

—Primero, tiene que crear un ámbito de confianza. El paciente cuando tiene un diagnóstico de cáncer se siente perdido. Su proyecto vital era criar a sus hijos o dedicarse a dar la vuelta al mundo y de repente eso se rompe y no saben por dónde seguir.

—¿Por qué ayuda construir confianza en ese momento?

—Porque como médico tienes que intentar que el paciente sea capaz de asumir esa noticia, enfrentarse a ella, tomar decisiones, y encarar un camino que normalmente pasa por terapias complejas que se asocian a efectos secundarios. Tienes que explicar que puedes ayudar en la tolerancia a esos efectos, pero que algunos hay que soportarlos porque el bien que persigues es mayor. Si no creas una relación en la que él te vea con confianza, como su anclaje, el camino va a ser muy difícil.

—¿Influyen los temperamentos de ambos en ese momento?

—Sí, esto es muy fácil con la gente que tienes una sensación de afinidad. Con la gente que no tienes esa sensación tienes que tener armas de comunicación, de relación, que te permitan llevar el paciente al mismo sitio, a que confíe en ti. Recibir malas noticias no es fácil, ¿pero tú sabías que darlas tampoco lo es?

—¿A qué se refiere?

—Todos somos vulnerables e intentamos protegernos. Si yo me identifico con esta paciente, porque su proyecto vital es similar al mío, sufro y digo "qué horror, a mí me puede pasar esto". El corazón es difícil de manejar, entonces, tener habilidades de comunicación hace que poniéndote en el lugar del otro sepas aceptar tu fragilidad, y aún así puedas ayudarlo. Las herramientas de comunicación protegen al paciente, pero también protegen y ayudan al médico.

—¿Qué más hay que tener en cuenta al dar una mala noticia?

—El dar la información de manera fragmentada, porque muchas veces cuando dices "bueno, se han confirmado las sospechas, lo que tenemos no es bueno, es un cáncer", el paciente se bloquea. Todo lo que digas posteriormente no le va a llegar.

—¿Cómo debería actuar el oncólogo en ese caso?

—Tiene que darle tiempo. Ha de concertar otra cita para que esa información sea asumida y el paciente sea capaz de pasar al siguiente paso, que es una programación de tratamientos.

—¿Hay algo más que evitar?

—Hay que cuidar los espacios, no se puede dar una noticia de este tipo en un pasillo abarrotado de gente. Y no la puede dar si luego no tiene tiempo de analizar la situación y contestar preguntas. Si es una ametralladora hablando, a lo mejor el paciente dice: "Oiga, y ¿se me va a caer el pelo?"; "No"; "¡Ah! qué bien, entonces haga lo que tenga que hacer"; y tú estuviste hablando media hora de la biología molecular del tumor, no le importaba eso.

—Es decir, atender más a la reacción del paciente.

—Claro, tener empatía; ser perceptivo para poder graduar la información y saber qué va sintiendo. Quizá al paciente le interesa saber si la semana que tiene la comunión de su hija no va a tener tratamiento, porque no quiere tener efectos secundarios ese día (se posterga la sesión, no es problema y eso le dará mucho alivio); pero si tú no le abres el camino para que te lo cuente le va a dar vergüenza decírtelo. Pero, ¿saben qué? Me da igual, si tienen un médico distante acérquense ustedes a ellos. Piérdanos el miedo, somos personas también.

“Rompan la coraza, no nos tengan miedo”


Nosotros tratamos personas con enfermedades, no enfermedades. Pero nadie nos enseña a que esa comunicación con las personas sea activa, eficaz, para que el paciente pueda llevar una mala noticia de la mejor manera posible”.

Rompan la coraza, lleven su listita escrita de preguntas, y cuando el médico se pare digan: ‘disculpe, ¿le puedo hacer unas preguntas que me dan un poco de miedo?’ Yo creo que muy pocos médicos no harán caso y no le contestarán.”



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