TECNOLOGÍA

Un gorro que comunica

Desarrollan una interfaz cerebro-máquina y logran que gente con “síndrome de cautiverio” pueda responder preguntas.

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La técnica aprovecha la oxigenación de la sangre en el cerebro. Foto: Reuters

Los pacientes que padecen del síndrome de cautiverio o enclaustramiento ni siquiera pueden abrir o cerrar los párpados. Para los afectados la comunicación con el mundo exterior es imposible, pero están alerta: oyendo, oliendo o pensando.

Sin embargo, científicos europeos han desarrollado un "gorro" que les permite comunicarse. Se trata de una interfaz cerebro-máquina que le ha permitido a cuatro de ellos responder preguntas de sus cuidadores o familiares. Los cuatro dijeron ser felices a pesar de su estado.

Las causas que provocan el síndrome de cautiverio pueden estar relacionadas con una lesión en el tallo cerebral o una enfermedad que afecta a las neuronas motoras. Otra de sus causas es la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que va inmovilizando todos los músculos de forma progresiva.

En los casos más extremos se produce una oftalmoplejía, que impide el movimiento voluntario de los ojos, por lo que los afectados están como encerrados dentro de su propio cuerpo. La única forma de sacarlos de su encierro es leer directamente su cerebro.

Según informó El País de Madrid, un grupo de investigadores intervinieron a cuatro afectados, tres mujeres y un hombre.

Los pacientes habían usado durante años el parpadeo de sus ojos para comunicarse. Pero el avance de la enfermedad había terminado por paralizar también los músculos oculares. Ahora, por medio de este gorro con sensores, pudieron decir cómo se sentían.

Funcionamiento.

El dispositivo registra los cambios en el flujo sanguíneo en áreas del lóbulo frontal del cerebro. Las diferentes respuestas a una determinada pregunta generan patrones distintos. La parte máquina de la interfaz relaciona los cambios de patrón con las respuestas.

Según su estudio, publicado en PLoS Biology, luego de varias sesiones de entrenamiento todos los pacientes lograron responder adecuadamente en más de un 70% de las veces.

Los investigadores formularon preguntas personales con respuestas conocidas y preguntas abiertas que necesitaban ser respondidas con "sí" o no", como por ejemplo "¿El nombre de tu esposo es Joachim?" y "¿Sos feliz?". En 7 de 10 obtuvieron respuestas correctas.

Según explicaron los autores del trabajo en la revista científica, la técnica aprovecha la oxigenación de la hemoglobina de la sangre en el cerebro, y la variación en este flujo es captada mediante una especie de escáner.

"Vimos que los cuatro participantes eran capaces de responder a las preguntas personales que les hacíamos, usando solo sus pensamientos", dijo el neurocientífico del Centro Wyss de Bio y Neuroingeniería de Ginebra (Suiza), Niels Birbaumer.

"Si logramos replicar este estudio en más pacientes creo que podríamos devolver la capacidad de comunicarse a las personas con el síndrome de cautiverio", añadió el especialista esperanzado.

Reparos.

Sin embargo, los investigadores reconocen que existe aún un problema. Si bien pudieron comprobar un incremento en la oxigenación de la hemoglobina, cuando los pacientes respondían afirmativamente a unas preguntas, el efecto de las respuestas negativas a las otras no fue tan evidente.

Además, como reconoció Birbaumer, el patrón cerebral de cada paciente fue "diferente" al de los demás.

A pesar de esto los autores del estudio están convencidos de que el sistema se podría refinar en pos de captar pensamientos más elaborados.

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