Basta saber el “estilo de pensamiento” para adivinar la música que lo emociona

Canciones que pueden delatar

Hay algo más personal que tus gustos musicales? Esas canciones que te llegan al alma o te ponen a cien, que alcanzan el centro geométrico de tu emoción y alteran sin intermediarios tu estado de ánimo, ¿no son el producto más destilado de tu elección consciente? Bien, pues, en una palabra, no.

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Foto: Archivo.

Los psicólogos experimentales de la Universidad de Cambridge han demostrado que los gustos musicales de la gente son por demás predecibles. Basta conocer el estilo de pensamiento de una persona —si tiende a empatizar o a sistematizar— para adivinar qué música le gusta. Y los pormenores son muy interesantes, sigue leyendo.

La cuestión no es si a uno le gusta el jazz o el tango, la clásica o la cumbia, el rock o el pop. Esas son unas cuestiones no solo vastas, sino también bastas: la clase de pregunta cuya respuesta no sirve para nada. La cuestión es mucho más sutil e interesante: si dentro del jazz lo que te gusta es Billie Holyday o John Coltrane; si como oyente clásico prefieres a Mozart o a Bartok; si al escuchar pop te ponen los Beatles o los Stones, y qué canciones de los Beatles o los Stones. El diablo mora en los detalles.

David Greenberg y sus colegas de la Universidad de Cambridge muestran empíricamente en la revista especializada PLoS ONE que la música que le gusta a una persona se puede deducir fácilmente de su estilo de pensamiento, un parámetro psicológico que divide a los humanos en dos grandes categorías: los empatizadores, que basan su comportamiento en evaluar y responder a las emociones de los demás (y, por tanto, son más de Mozart); y los sistematizadores, que se dedican más bien a descubrir las pautas y regularidades que esconde el mundo (y se quedan con Bartok). Esta teoría se debe al psicólogo de Cambridge Simon Baron-Cohen, que firma el trabajo como segundo autor.

REDES SOCIALES.

Un número creciente de investigaciones psicológicas y sociológicas utiliza como materia prima las redes sociales, y la de Greenberg y sus colegas es la última de ellas. Reclutaron a 4.000 participantes mediante la aplicación myPersonality de Facebook, que pide a los voluntarios someterse a una serie de cuestionarios psicológicos. Los científicos pidieron a esos voluntarios escuchar 50 piezas musicales y ponerles nota. Las piezas pertenecían a 26 géneros y subgéneros musicales, para asegurar que el género daba igual, y que eran las preferencias dentro de cada género las que importaban.

Los resultados fueron estadísticamente nítidos: los empatizadores preferían el rythm & blues, el rock suave —nadie ha compuesto baladas más sentidas que las fieras del heavy—, la canción melódica y los cantautores. En la otra fila, los sistematizadores prefieren darle al rock duro, el punk, el jazz de vanguardia y otras construcciones melódicas complejas y sofisticadas, la clase de música que nunca se oye en un ascensor. Seguro que ya sabe en cuál de los dos grupos se sitúa.

A diferencia de las personas empáticas (que les resulta fácil ponerse en el lugar de otros), las sistematizadoras analizan, exploran y desarrollan un sistema claro de reglas según las que comportarse en cada medio. La sistematización incluye el análisis de los rasgos de un sistema y su observación repetida lleva a descubrir las reglas que los rigen.

"Sería posible", dice David Greenberg, primer autor del trabajo, "mirar los me gusta de Facebook de una persona o sus listas de reproducción en Spotify, y predecir su estilo de pensamiento". Greenberg es estudiante de doctorado en Psicología y un saxo tenor de jazz formado en Nueva York.

Uno de los parámetros que utilizaron los científicos de Cambridge es la "profundidad cerebral" de una canción. ¿Qué es eso? "Se basa en la complejidad estructural que suele escucharse en los géneros de vanguardia", responde el psicólogo y jazzman.

"La estructura armónica de Giant Steps (obra de John Coltrane, músico de jazz a la altura de Louis Armstrong) cumple sin duda esas características. Pero la música de Coltrane es tan interesante porque no solo tiene todo ese nivel de profundidad cerebral, sino también una gran profundidad emocional".

El psicólogo Greenberg jamás habría concebido este experimento de no ser por el músico Greenberg. "Mientras estudiaba jazz en Nueva York, me di cuenta de que algunos de mis profesores enseñaban con un enfoque empatizador, y otros con una estrategia más sistematizadora. Eso me dio la pista de que los estilos cognitivos, las formas de pensar podrían explicar las diferencias individuales en que la gente interactúa con la música".

Si te molesta desnudarte en público, evita poner música en las fiestas. La psicología experimental concluye que basta saber el "estilo de pensamiento" de alguien para adivinar qué canciones le emocionan.

LAS CLAVES.

1 - Delata.

Psicólogos experimentales de Cambridge han demostrado que los gustos musicales de la gente son por demás predecibles. Basta conocer el estilo de una persona —si tiende a empatizar o no— para adivinar qué música le gusta.

2 - Temas.

Para darse cuenta si uno es empático o sigue estructuras rígidas, basta ver detalles de la música que escucha. El tema no es si le gusta el jazz o el tango. El punto es más sutil: si escoge a los Beatles o a los Stones y qué canciones de cada uno.

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