VERANO 2016

Bares del puerto a La Barra rebosan de espuma artesanal

El auge de la cerveza artesanal hace florecer tres bares especializados en el Este.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Biergarten queda a 200 metros de la playa Bikini. Foto: Ricardo Figueredo

La elaboración, la venta y el consumo de cervezas artesanales están en boga en Uruguay desde hace un par de años. Pero aún no había llegado con fuerza al principal balneario del país.

Esta temporada, varios restaurantes empezaron a ofrecer alguna variedad en su carta y, además, abrieron tres que la ofrecen de manera exclusiva y noche a noche se ven repletos de gente que cada vez se anima más a salir de las clásicas versiones industriales para probar algo con personalidad propia.

El bar Capi abrió en septiembre de 2015 y fue el primer bar de cervezas artesanales del balneario.

El chef Diego Tarallo, de 35 años, lleva 19 trabajando en la cocina de distintos restaurantes. Hace siete, en Buenos Aires, hizo un curso de elaboración de cervezas artesanales. Aunque la idea era hacerlas para tomar con sus amigos, el hobby fue creciendo hasta que decidió unir su vocación por la gastronomía con la cerveza y cumplir el sueño del restaurante propio.

En Capi (el nombre es el sobrenombre de Tarallo, que era capitán de su equipo de fútbol cuando era niño), se encuentra la mayor cantidad de cervezas artesanales nacionales de Punta del Este.

La idea no era seleccionar algunas. Pensaron: "Esto está bueno, vamos a hacerlo con todas", cuenta Tarallo. Entre la oferta está la Capitán Beer, la de la casa, elaborada por el dueño, en sus versiones ipa, golden ale, roja, negra y de miel.

Capi ofrece más de 40 cervezas tiradas y en botella, de marcas como Dharma, Bimba, Arizcona, Bizarra, León de Aiguá, y Bitácora, entre otras, que cuestan entre $ 140 y $ 180 (con una excepción: la botella de Ipa Davok a $ 220. "Para mí, la mejor", dice Tarallo).

Además, puede pedirse una tabla de degustación de seis cervezas a $ 390. (Es posible encontrarse con que momentáneamente no tienen de algún tipo. Igual, hay sustitutos para todos los gustos).

Del exterior.

"La cerveza artesanal es más cara porque se hace con materia prima de excelente nivel. Los buenos lúpulos, que son las flores que le dan los distintos olores, sabores y amargores, se consiguen en California, Australia… Y sale caro importarlos", explica Tarallo. "Pero es una cerveza para el que quiere disfrutarla. No es la típica chela que te tomás solo para sacarte la sed".

Por otro lado, se destaca la oferta gastronómica de Capi: ceviche, salmón grillé, tabla de mar para dos, parrilla de pescados y mariscos para dos con dos cervezas, nachos con guacamole, hamburguesas caseras…

Aunque Tarallo cuenta que "la idea era: mitad cervezas, mitad cocina", hubo espacio para meter la tercera pasión del chef: el surf.

El diseño y la vibra del lugar, cuenta Tarallo, son para que la gente entre y se desenchufe. Pueden verse adornos alusivos al surf, fotos del "Capi" y sus amigos surfeando en distintas partes del mundo, y una pantalla que pasa todo el tiempo imágenes de surf.

En los individuales que cubren las mesas puede verse un mapamundi con varias líneas que salen desde Uruguay: indican todos los lugares a los que viajó, ya fuera para surfear como para aprender de cocina: México, Chile, Lanzarote, Australia, Indonesia, Buenos Aires, Nueva Zelanda, Brasil, Sudáfrica.

Capi está abierto todos los días de 17:00 a 2:30 de la madrugada (la cocina) y hasta las 4:00 (el bar), aunque, en breve, comenzará a abrir a las 2 de la tarde, con la posibilidad de almorzar en un deck al aire libre. Tarallo pretende mantenerlo abierto todo el año.

Ya sueña, incluso, con abrir otros Capi.

Sobre la Ruta 10, a mano izquierda, pasando unos 200 metros la entrada a Playa Bikini, se instaló este verano el espacio Biergarten. En un área común que mezcla a la perfección lo rústico y lo sofisticado, se instalaron tres locales: Bacanal, Crepas y Bier. Decenas de jóvenes y no tan jóvenes se juntan en esta zona, en las mesas y bancos de madera que hay al frente o en el fondo, en un jardín con una huerta.

“Nosotros venimos de Argentina, donde hace unos diez años viene creciendo mucho la cerveza artesanal, y nos enteramos que acá también se estaba poniendo de moda”, cuenta Ignacio Asad, uno de los cuatro dueños de Biergarten. “Nos inspiramos en el concepto de los biergarten (jardines de cervezas) de Alemania”.

En el local de Playa Bikini se ofrecen pintas (500 ml) o vasos (330 ml) de cerveza Volcánica, O’Neill o Davok (esta última, provisoriamente, vendida en botellas), a $140 o $100, respectivamente.

La propuesta, innovadora, se sale de la estructura clásica de un bar y propone un espacio abierto en el que también se han llevado a cabo toques al atardecer, bajo la consigna “De Tarde Ser”, con promociones de 2x1 en cervezas artesanales.

Aparte de los ya conocidos crêpes dulces y salados de Crepas, con su enorme variedad de gustos, Bacanal ofrece chivitos y sándwiches de mar por $ 300, a cargo del chef argentino Tom Urban.

“Quisimos darle un toque moderno al clásico chivito uruguayo”, explica Urban.

Un panadero local les prepara dos tipos de pan: pita e integral negro con semillas, y el menú ofrece tres opciones: El Jefe (tradicional chivito), Nasty (una versión más “americana”, con cebollas asadas, panceta y salsa barbacoa) y el Gourmet (el “elegante”, con rúcula, cebollas caramelizadas y queso roquefort). Los sándwiches de mar pueden ser de pejerrey con rúcula y mayonesa de alcaparras, el de langostinos con guacamole o el de pesca del día con palta.

Biergarten está abierto de 10:00 a 2:00 de la mañana. A veces, previo aviso por redes sociales, abre las 24 horas.

"Esto es algo que te va enamorando"

Guillermo Sterenstein, dueño de Lupulus, coincide con el "Capi" Tarallo: "Entrás en el mundo de la chela artesanal y es un viaje de ida", dice.

Así lo sintió cuando dio sus primeros pasos en la producción artesanal de cerveza junto a dos amigos. Esa sensación, sumada a su eterno deseo de abrir un bar, derivó en Lupulus: un local que abrió este verano sobre la rambla del puerto de Punta del Este, en un espacio amplio y pulcro con una gran barra central en la esquina de El Foque, debajo del restaurante El Mercado.

Su hermano, Alejandro Sterenstein, explicó que Lupulus no se pensó como un restaurante. "La idea era que fuera un bar de picadas", dice.

Entre la amplia carta de opciones de cervezas nacionales se cuentan Bizarra, Volcánica, Davok, ONeill, Buenas Costumbres o Mist (estas tres últimas, de Maldonado). Además, "la de la casa", una botella sin nombre ni etiqueta que Alejandro muestra orgulloso.

Lupulus ofrece también cerveza Fullers, de Londres, para satisfacer la demanda de turistas de todo el mundo que recorren la zona del puerto.

Aunque Alejandro cuenta que muchas veces la gente "tiene miedo" de salirse de la típica cerveza industrial, cuando se les hace una recomendación y prueban algo distinto, suele gustarles. Además, en Lupulus, la carta de comidas (con precios razonables, entre los $ 150 y $ 400) va siempre de la mano de una opción de maridaje.

"Acá, muchas veces, vienen y te piden una cerveza bien fría. Y esta cerveza no se toma así. Esta cerveza tiene vida adentro. La levadura sigue leudando ahí", señala Alejandro.

"La cerveza artesanal es algo que te va enamorando", agrega.

La idea de los dueños es que Lupulus funcione todo el año. En verano, abre al mediodía hasta bien entrada la madrugada. La recomendación de la casa: una cerveza IPA con croquetitas de cordero acompañadas de salsa sweet chili.

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