EN PRIMERA PERSONA

La aventura de la "abogada del pueblo"

Abogada, madre adoptiva a los 60 y elegida como integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos. Esta es la historia de María Josefina Plá.

María Josefina Plá

Esa mañana alguien en Montevideo chocó el auto de la periodista que iba a entrevistar a María Josefina. El accidente  se produjo en Somme e Isabelino Bosch. En esa misma cuadra María Josefina Plá creció y se empezó a formar. En esa misma cuadra vive una amiga de la periodista con la que ese año tuvo una conversación que la motivó a cambiar el rumbo de su vida. Una amiga que se llamaba Beatriz, el mismo nombre de otra mujer que conoció esa periodista este año y que la conmovió con sus historias de servicio social. María Josefina leería este primer párrafo y vería en ella pequeñas pastillas que hilan la historia de una vida, en este caso la de esa periodista, pero también la de su vida.

Cuando era niña María Josefina fue hasta la oficina del padre, él estaba trabajando con un cliente y ella intentó alegrarlo con un juguete. El hombre le dijo animado al padre que esa niña tenía un gran poder de disfrute y él guardó la anécdota en su memoria. Una historia que le contaría años más tarde y que ella la retendría para encontrarle un significado a cada experiencia que la sorprende.

La vida de María Josefina, a quienes algunos la denominan “la abogada de los pobres”, está llena de momentos asombrosos, de esos que uno lee en la biografía de grandes héroes y que cree que no le suceden a alguien cercano. Todo empieza en 1973 cuando se recibió de abogada.

Este segundo capítulo de su vida (el primero dice que es su infancia y su familia), se abre en un momento de oscuridad de el país. El día antes del golpe de Estado María Josefina debía rendir su último examen de la carrera: “Derecho Político”, por lo que el título recién lo recibió el 8 de agosto de ese año. Ante un momento de oscuridad, la joven profesional decidió empezar sus práctica en la defensa legal de trabajadores despedidos por el el decreto que definía como notoria mala conducta el no reintegro de quienes estaban en huelga contra el golpe.

En 1975 llegó otra sorpresa a su vida: la parroquia Santa Gema en Flor de Maroñas, en donde sin querer se encontrarían su profesión con su fuerte sentido de la solidaridad. A los pocos meses de unirse y de ir y venir desde su casa de Parque Batlle hasta el barrio, decidió que ése era el lugar donde debía vivir. Años más tarde, se enteraría que mucho tiempo antes su abuelo era propietario de terrenos donde se ubica su casa actualmente.

Inició una vida en comunidad, a la que denominaron Germán, por el primer niño que bautizaron y ya desde allí, conociendo las historias que la rodeaban se dedicó de manera voluntaria a ayudar a los niños de la zona a conseguir cédulas para que pudiesen ingresar al sistema educativo. Continuó con su trabajo en derecho laboral, desde la obra del Padre Cacho brindó asesoría jurídica en la zona de Casavalle. Finalmente en 2003 se jubiló de AEBU y se alejó del derecho.


Un año antes, sin embargo, la vida la volvería a sorprender. Uno de los casos que atendió para ayudar a un niño a entrar a la escuela, la llevaría a convertirse en madre. Una mujer con 10 hijos precisaba de su mano, ella se la dio y la apoyó para que uno de ellos consiguiera su cédula. Sin embargo, unos meses más tarde, apareció muerta en la Playa Ramírez y sus tres hijos más chicos quedaron a la deriva de asistentes sociales. La contactaron y le pidieron que colaborara con las partidas de nacimiento de los niños.

En 2007 los lazos con la familia se fortalecieron, fueron los primeros que dejó quedarse en su casa porque la situación límite de sus hermanos mayores no les permitía hacerse cargo de ellos. El 30 de agosto de 2008, tras un paseo, una de los tres le preguntó: “¿podemos quedarnos acá hasta mi cumpleaños?”. Ella accedió, pero el 7 de setiembre, cuando debían partir no lo hicieron. Maria Josefina empezó el proceso de adopción y a los 60 años se convirtió en madre.

Un rol que cumple desde hace 9 años y que hoy con los chicos ya casi en la mayoría de edad se dispuso a dejar un poco de lado para poder asumir el desafío de ser parte de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo. A pesar de que reconoce que hoy ya no es una joven, y que identifica al tiempo como su recurso más escaso, los miedos no la frenan y su sonrisa sigue estando a la espera de más sorpresas.

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