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 Sábado 04.09.2010, 05:39 hs l Montevideo, Uruguay
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Sábado Show


¿Cómo es el día a día de la periodista de subrayado?

Las Noticias de blanca

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Por: Miguel Bardesio

Había una vacante en Subrayado. Diez días de suplencia. La ofrecieron a una joven periodista que años atrás había ingresado a hacer investigaciones para distintos programas de Canal 10 y en simultáneo, ejercía la docencia de literatura en un liceo nocturno. Dijo que no. Que el noticiero era un sitio muy complejo, que ella no se imaginaba en ese rol y tampoco tenía tiempo porque daba clases de noche y cursaba un posgrado, así que no, muchas gracias, pero no. Le insistieron. Y volvió a negarse; en el noticiero la gente debía maquillarse y peinarse todos los días y ella gustaba de un estilo más cercano a lo hippie, de jeans y campera todo el día, por lo que no se veía mucho en el informativo. "No creo que pueda hacerlo bien, no tiene nada que ver conmigo", remató. El jefe jugó entonces su última carta: "Blanca, son solo 10 días"... Después de un largo silencio, ella finalmente cedió. "Está bien, 10 días".

Era el año 1988 y nadie imaginaba que los 10 días se transformarían en 22 años. Blanca Rodríguez es hoy la periodista con mayor trayectoria al frente de un noticiero en Uruguay. En 2010, el jurado de los Premios Iris, de El País y Sábado Show, le otorgó la estatuilla a la conducción de informativo y recibió además una serie de homenajes por el aniversario número 20 de trabajo junto a Jorge Traverso. En 1990, se iniciaron como dupla en el aire de Subrayado y desde entonces encabezan la edición central. Días atrás, Canal 10 celebró la continuidad y el éxito de la pareja.

"De todos modos, se supone que todavía soy suplente", se ríe la comunicadora en su oficina de Subrayado, una sala que comparte con su compañero Traverso. Todo es doble en este lugar, salvo un televisor que está en el medio del escritorio y en los hechos lo divide. A la izquierda, Blanca. A la derecha, Jorge. Hay dos computadoras, dos estanterías. Ambos espacios están relativamente ordenados, aunque podría decirse que el suyo gana apenas en prolijidad. La ventana da a un pequeño patio.

Detrás de los aplausos y distinciones, Rodríguez revela lo que para ella es su mayor capital: "La confianza y credibilidad; eso es lo que me desafía todos los días y el capital que los periodistas debemos conquistar. Lo recojo además como una responsabilidad. No pasa por los premios ni reconocimientos, sino que es una cosa mucho más sutil, que una siente cuando las personas te miran, te hacen preguntas, te plantean una inquietud y lo hacen porque te creen. Tienen confianza en que tú vas a manejarte con de la mejor manera. No defraudar eso es mi objetivo primordial".

Habla poniendo el peso justo en la entonación de cada palabra; gesticula poco, sonríe mucho. Y está vestida, como le gusta, de jeans y camperita. Son las 17:00 y por el momento no es tiempo de maquillaje ni de peinado.

Blanca Isabel Rodríguez González fue una niña con intensa inclinación hacia los libros. Hija de un matrimonio de clase media, en el barrio de la Unión. En la adolescencia, se encerraba en su cuarto a leer novelas; cuanto más gordas, más apasionantes. La madre solía retar en los pasillos: "¡Qué voy a hacer con esta chiquilina!, que ni come, se pasa el día leyendo". Terminó el bachillerato y se sumergió en el IPA, desde donde vivió los convulsionados años de la dictadura. Egresó en 1981.

En 1984, Canal 10 hizo un llamado: buscaba una persona para hacer investigaciones. La joven docente, interesada en el mundo de la comunicación televisiva, se presentó. El periodismo volvía a un cause democrático y Ángel María Luna conducía el periodístico Testimonios. A ese ciclo se incorporó Blanca Rodríguez y para él preparó su primer informe que fue acerca de los carritos clasificadores de basura, un tema recurrente hoy, pero casi un tabú entonces. Por el momento, Rodríguez no salía al aire; sus tareas eran de investigación y producción. Sería al año siguiente y junto a Miguel Muto que trabajaría delante de cámaras en el ciclo Reportes.

En 1991 dejó la docencia, pero no la literatura. La lectura ocupa hoy gran parte de sus tiempos libres y además, ha escrito varios textos periodísticos: Ministras, una entrevista a las secretarias de estado del gobierno de Tabaré Vázquez es el último. Además, participó con un artículo sobre la selección uruguaya que forma parte de la reciente colección Estallido celeste.

Tiene 51 años y es madre de tres hijos: de 21, de 16 y 12 años. Los acompaña: "Los despierto, desayunamos juntos y luego, cada uno se va a sus actividades". ¿Alguno rumbea hacia la comunicación como la madre? "Parece que el del medio", responde. "Aunque no sé. Aún es demasiado pronto. En todo caso, a mí me da mucha curiosidad y entusiasmo la vida de mis hijos camino a ser adultos; ver eso, ver qué decisiones van tomando, ver qué va pasando con ellos".

En las mañanas, Blanca Rodríguez es la encargada de la comunicación del Plan Ceibal. "Me permite unir mis dos vocaciones; la docencia y el periodismo". Y a una tercera pasión que siempre tuvo: la tecnología. Cuando entró a Canal 10 no había una sola computadora. Hoy. Blanca mira todos los informes del noticiero en la red y conduce con una laptop en el escritorio. Este, tal vez, es uno de los principales cambios del informativo desde su entrada hasta a la actualidad.

Otros refieren al contenido. Noticieros más largos y mayor presencia de policiales. "Hoy yo doy noticias que no hubiera tenido cabida ni soñando hace 10 años. También es cierto que han cambiado las características del delito y la relación del público con esos temas. Hay un público que sigue esos asuntos y los comenta. A mí no me gusta que en el noticiero haya tantas policiales. Es un tema de discusión cotidiana, Pierdo muchas veces en esa discusión. Aunque también creo que hay determinadas cosas del submundo del delito que debemos conocer; nosotros tenemos que saber en qué sociedad nos movemos y cuáles son los riesgos".

Aunque en general es reacia a dar entrevistas ("Mi vida o lo que opine no es interesante"), Blanca respondió a todo.

-¿Cuál sería el criterio para definir si tal o cual noticia forma parte del noticiero?, ¿qué defiende en esas discusiones?

-Yo acepto las decisiones consensuadas. Acepto el consenso interno que señala que esa noticia se define como importante. Creo, además, que todo debe ser enmarcado en un contexto. Hay que dar, vinculado a la noticia policial, el contexto social y de vida en el que la cosas ocurren. Siempre se pueden hallar elementos que aportan para que esa noticia no sea solamente un hecho de sangre, amarillo. No tenemos que olvidar que estamos viviendo una situación vinculada al delito donde operan mucho las adicciones. Es una realidad relativamente nueva. En mi noticiero de hace 10 años no había pasta base en Uruguay. No teníamos individuos que eran absolutamente inconscientes de lo que estaban haciendo. No teníamos cerebros trepanados como tenemos ahora de gente que no sabe lo que hace y que mata por 10 pesos o a veces, por nada. Eso está generando hechos que no podemos ignorar en el noticiero que en definitiva es eso: una pintura diaria de la sociedad en la que vivimos.

-Pero la comunicación reiterada encierra sus riesgos...

-Sí. De todos modos, yo me siento muy responsable para manejar esos temas.

-Uno de los argumentos que aparece es cierta preferencia de la audiencia por los hechos de sangre. ¿Hay que dar al público lo que quiere o se puede fomentar otras preferencias?

-Es un fenómeno que se retroalimenta, obviamente. Los medios de comunicación van alimentando y generando un tipo de público y tal vez, van perdiendo la posibilidad de formar a alguna gente en el gusto por otras cosas. Pasa en el noticiero y también fuera. Hoy tenemos que generar, por ejemplo, un público que se siente a ver un programa periodístico, que tenga la capacidad de escuchar un diálogo interesante e inteligente entre dos, tres o más personas. Hoy tenemos el riesgo de perderlo; estamos en el mundo del clip; todo tiene que ser rapidito y para afuera. Eso me preocupa. Cuando viajo por el mundo, veo los programas periodísticos, veo las entrevistas que hacen los periodistas en EE.UU. o en Europa y a nadie se le ocurre decir que eso es anticuado o que es radio por TV. Los periodísticos generan consciencia crítica y un conocimiento más profundo de las cosas. En el noticiero vamos mucho más muy rápido con la información.

-Usted era profesora de literatura cuando ingresó al periodismo, ¿qué la atrajo?

-Las ganas de hacer cosas. El periodismo era un universo que me interesaba mucho y cuando nosotros salimos de bachillerato, no existía la carrera a nivel académico.

-¿Por qué dejó de dar clases?, ¿se hizo incompatible?

-Seguí hasta el 1991, pero después se fue haciendo más complejo. Trabajaba en un liceo nocturno, con adultos, en el 19, que era el liceo de mi barrio. Mis alumnos eran las mismas personas con la que me encontraba en los comercios, en las calles. Es muy bueno que los docentes trabajen donde viven porque se tiene un conocimiento claro de la problemática. En realidad, pasa lo contrario: cuando el docente vive en barrios complicados, a medida que va escalando en la graduación, se va alejando de esos lugares, que es donde se necesita la experiencia. Yo disfruté mucho esa etapa: hice grupos de teatro, publicaciones, mucha cosa. Pero después nacieron mis hijos y se complicaba la multiplicidad de actividades. Y el mundo del periodismo me fue absorbiendo: estaba en el noticiero y seguía haciendo investigaciones para otros programas. Me surgieron ciclos propios también, así la vida me fue llevando para este lado.

-A la distancia, ¿fue la decisión correcta?

-Sí, estoy muy gratificada. Pasé por distintas tareas: hice investigación, producción, edición, grabación, notas en la calle… el balance es netamente positivo. Además, la literatura no me abandona, ni yo la abandono a ella. Mis mejores momentos, en los tiempos libres, siguen vinculados a los libros. Para mí, ese ratito que puedo tener de sumergirme en una lectura es maravilloso.

-¿Cómo nació la dupla con Jorge Traverso?

-Yo estaba ya en el noticiero y Jorge hacía Hablemos. En 1990, se define que íbamos a formar una dupla conductora, al igual de lo que estaba ocurriendo en varias partes del mundo. En Uruguay, Canal 10 fue pionero en que sea una pareja, con igualdad de roles, la que condujera el noticiero. Fue un elemento de innovación en lo que el Canal estuvo atento. Jorge acompañó y yo, de verdad, no me descuidé ni un minuto.

-¿Cuál es la base de la relación con Traverso?

-Tenemos una relación fantástica. Uno de los pilares es el respeto. Podemos tener diferencias, pero siempre nos damos la posibilidad de conversarlo todo. Siempre nos hemos defendido mutuamente y defendemos lo que hacemos. La otra columna vertebral es el sentido del humor. Nosotros la pasamos muy bien, necesitamos pasarla bien. Porque este es un ámbito muy estresante. Yo no soy fácil de estresar, pero aquí se trabaja bajo presión y además, nos toca estar en la cara más truculenta de las cosas. Lo peor pasa por el noticiero. ¿Qué es lo que es noticia? Es un ejemplo manido, pero no es noticia que un millón y medio de personas llegaron sanas y salvas a su casa; la noticia es que dos chocaron y murieron. Entonces, creo que en nuestro caso, el sentido del humor nos permite exorcizar lo que estas noticias generan. Además, nos conocemos mucho. En 20 años nos han pasado tantas cosas, enormes alegrías y también tragos amargos.

-¿Es televidente?, ¿qué programas mira?

-Muy poco, en realidad. Soy muy cinéfila, consumidora de DVDS y de libros. En TV, me interesan los programas periodísticos.

-¿Volvería a hacer un periodístico?

-Puedo volver a hacerlo. Depende de muchas cosas. He tenido la fortuna de hacer ciclos periodísticos y me gustaron. Pero hoy tengo un nivel de exposición cotidiana que me exige mucho. Y uno tiene que cuidar eso.

-¿Cómo se maneja con la exposición?, ¿la afecta?

-Depende de uno. Creo que se puede hacer que la exposición se limite al horario en que uno sale al aire. Perfectamente se puede en este país. Cada uno, maneja su vida la maneja como quiere. Hay personas a las que le gusta que la exposición toque zonas de su vida privada. Y a otras, no nos gusta. Además, el rol de un periodista no es el de una estrella de la TV, el de una actriz. Es diferente. Están más claros los límites. Yo puedo hacer una vida cotidiana no digo anónima, pero casi. Nadie me hace sentir que yo no pueda hacer la vida que quiero llevar, nada me limita. Al contrario: lo que suelo recibir es la gratificación de un saludo amable, de una felicitación, de hacer llegar una inquietud. La gente en Uruguay es bastante respetuosa, discreta. Circulo por la vida, hago las compras, voy al cine, trabajo, llevo a mis hijos. Hago la vida de cualquier mujer que trabaja en Uruguay. No me complica para nada la exposición; en todo caso, me produce algún buen momento.

-¿Cómo es su día?

-Me levanto muy temprano. 6:30. Despierto a mis hijos que se van a sus actividades. 12, 16 y 21. Desayunamos juntos, ellos se van a sus cosas. Yo hago una primera incursión por Internet, chequeando los portales, los diarios. Después trabajo en el Ceibal. Generalmente almorzamos en casa al mediodía. De tarde, me vengo para el Canal.

-Es la mujer con más permanencia en un noticiero uruguayo, está a la derecha en la pantalla. Para muchos tal vez represente una especie de símbolo, de una mujer que llegó muy alto en un espacio de gran visibilidad, ¿lo siente así?

-No lo sé. En todo caso, a mí no me gusta nada hablar de mí. Estoy muy agradecida con los reconocimientos que he tenido. Pero es también una de las cosas que recojo como una responsabilidad. En la gente, a veces se genera un fenómeno de confianza y de empatía por la credibilidad. Eso es algo que me pesa en el buen sentido, me cuestiona diariamente. Y lo vivo como uno de mis logros; es el capital que los periodistas tenemos que conquistar. El de la credibilidad es nuestro desafío. Cuesta mucho ganársela y es muy fácil perderla. Un capital volátil, si uno no se maneja criteriosamente. Sobre todo, en un desempeño tan público, como el nuestro. La gente puede evaluarlo todos los días. Todo lo que hago en el noticiero se ve; lo que digo o no digo, lo que gesticulo. ¿Qué es lo que recojo entonces? Siento eso. Que hay depositada una confianza y una credibilidad que es mi mayor orgullo. Eso no pasa ni por los premios ni reconocimientos; es una cosa muy sutil, que una la siente cuando las personas te miran, te hacen preguntas, te acercan una inquietud y lo hacen es porque te creen. Tienen confianza en que vas a manejarte de la mejor manera. No defraudar eso es mi objetivo cotidiano.

-¿Ser mujer le implicó algún tipo de obstáculo en su carrera?

-Varios. Muchos menos ahora que somos más. Cuando yo entré al noticiero éramos muy pocas, aunque aquí hubo pioneras: Cristina Morán, Graciela Bacino. A las mujeres nos costó mucho más ganar la confianza del público; durante mucho tiempo no manejábamos ciertas temáticas: los temas financieros o de política dura. Eso no. Lo que nadie nos sacaba era la meteorología y la quiniela. Poco a poco, tuvimos que demostrar que podíamos desarrollar esos temas con propiedad. Igual, creo hay gente que todavía nos tiene a prueba. Se espera mucho de las mujeres. Incluso desde el punto de vista físico. Los hombres pueden estar con calvicie en un noticiero o en un programa, por ejemplo. La exigencia física, entonces, también es mayor. Creo que el examen nos los siguen tomando.

-¿Cómo vive esa exigencia por la imagen, por arreglarse?

-Descontraídamente. No debe haber trabajo más inútil que tratar de ser lo que no sos. Eso te agrega un estrés absurdo. La pelea contra el tiempo está perdida de antemano. Tratemos de ir al lado, porque de otra manera es complicado. Lo vivo descontraídamente, entonces. Me interesa sentirme bien, verme bien. Pero no estoy dispuesta a ningún dolor, ni sufrimiento ni sacrificio excepcional por eso. La vida es muy gratificante y cada etapa tiene situaciones encantadoras. Además, no quiero una sociedad en la que único valor sea ser joven. En una sociedad, alguien tiene que tener 40, 50 años. No pueden tener todos 22. ¿Qué pasa con los referentes para los adolescentes? Si los adultos damos la imagen que no queremos ser adultos, si los adultos somos los tipos que peleamos contra el tiempo, que vivimos pendientes de combatir las arrugas, si nos quejamos del trabajo, de la vida, ¿quién va a querer ser adulto? Yo quería ser adulta: quería recibirme, trabajar, quería casarme, tener hijos. El mundo adulto era una atractivo, era el mundo de la autonomía. Pero hoy, si ser adulto lo pintamos casi como una tragedia. ¿quién lo anhelaría?

-¿Sigue el trabajo de los colegas?

-Sí. En el Canal hubo personas que fueron importantes en mi carrera. Luna fue un individuo que abrió mucho las puertas. Después, tengo colegas de mi generación son referentes. En el equipo converso mucho con Martín Less, somos amigos desde siempre. Después tenemos algunos grupetes de periodistas mujeres que nos juntamos y la pasamos bien. Tengo íntimos amigos en medios con los que competimos. Una muy buena relación con Iliana Da Silva, con Fernando Vilar, Claudia García me parece una muy buena conductora. Soy muy amiga de Ana María Mizrahi. De María Inés Obaldía, de Daina Rodríguez. Alfonso Lessa, el gerente de Telemundo, es uno de mis grandes amigos. Tenemos una relación personal y de la vida que va por encima de esta competencia circunstancial.

-¿Mira los números?, ¿el rating?

-Para nada. Puedo estar en el último lugar o en el primero. que no me entero, salvo que alguien lo comente delante mío. Pero no es algo que yo busque ni me perturbe. Mi sueldo no cambia. Si estoy última, por suerte, no me lo bajan. Y si estoy primera, lamentablemente, no me lo suben. Por lo demás, doy siempre lo mejor de mí todas las noches.

-Diría que su carrera ha sido planificada, de ponerse metas...

-Para nada. Yo voy caminando y las cosas aparecen. He dicho que no muchas veces. Hay un director en el Canal que me dice que tiene todos mis "no" guardados en un cajón. Hay propuestas muy tentadoras cuando a uno le va bien, pero se corre el riesgo, de pronto, de estar en cinco programas a la vez. Siempre fui muy cuidadosa en todo lo que hice. Y en el Canal, por suerte, siempre respetaron mis no.

-Ha pensado qué circunstancias la llevarían a dejar Subrayado; ¿se fijó una fecha o una situación de renuncia?

-La verdad es que no. No lo he pensado. Son 24 años aquí. ¿Cuánto tiempo transitando por estos pasillos? Es como una segunda casa. Nunca he pensado en dejarlo, por ahora.

-¿Qué anhela para el futuro?

-Nada en especial. Espero estar muy cerca de mis hijos. Uno siempre acaricia la idea de que va a tener más tiempo; tener más tiempo para las montañas de libros que tengo para leer es mi sueño. Recuperar el tiempo de la adolescencia en que podía estar un día y una noche de corrido leyendo. Horas y horas sin responsabilidades, sin obligaciones, dedicarme solo a leer o conversar con amigos. Añoro muchísimo ese tiempo.

-¿Qué le preocupa?

-Me preocupa esta situación que estamos viviendo de adicciones y de consumo que nos está jaqueando seriamente. Yo no tengo vocación por hacer tragedia de las cosas, de estar exagerando pero estamos viviendo un fenómeno que nos está cercando. Y que erosiona la vida de generaciones y generaciones que consumen. No quiero estigmatizarlos, quiero ayudarlos, prevenir, contener. ¿Alguien sabe cómo hacerlo? ¿Cómo tratar este tema? No sé si en el mundo hay respuestas. Se han planteado muchas cosas, si el tratamiento compulsivo, si encerrarlos en una chacra, si enseñarles… no sé qué es lo mejor, pero se necesitan respuestas urgentes. Me preocupa que los adolescentes se miren con recelo entre ellos; en mi generación eso no ocurría. La pobreza no era motivo para nadie fuera observado de otra forma o estuviera bajo sospecha solo por ser pobre.

-¿Fue víctima alguna vez?

-No, más allá de algún arrebato de cartera, que puede sufrir cualquiera. Nada más grave que eso.

-¿Qué le hace reír?

-Jorge; tiene un humor increíble. Siempre me sorprende.

-¿Cómo definiría su personalidad?

-Soy muy exigente. Conmigo y con los demás, pero muy exigente. Lo era con mis alumnos también. Aunque tengo mucho sentido del humor. Diría además, que soy una tipa feliz con la vida que tiene, con la educación y con la familia que tiene.

-¿Se mira en videos de archivo?

-No. No soporto verme. Al principio lo hacía como forma de corregir de errores. Pero hoy, ni loca. Siempre digo que nada me estresa, pues no es verdad: me estresa mirarme.

-¿Blanca Rodríguez cocina?

-Mmm, muy poco, en verdad. No tengo mucho tiempo.

-¿Plato favorito?

-Pastas y pizza. Si bien provengo de una familia gallega y me gusta mucho su comida, por el lado del gusto prefiero más lo italiano.

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