|
||||||||
Diego, Gaspar, Iñaki y el Piñe se sumaron a la movida del stand up.
Por: Mariel Varela
Gaspar Valverde tuvo la iniciativa, agarró el teléfono y armó el cuadro. Como buen anfitrión, se puso el equipo al hombro y se encargó de la cuestión comercial, de meter para delante y andar atrás de sus otros tres compañeros.
Diego González nunca había visto una obra en su vida. Jamás había entrado al teatro. "No es que no me guste, me río. Voy a ver Hamlet y me mato de la risa". Su primer ingreso lo hizo desde arriba de las tablas el pasado jueves 3 de noviembre en el Lorente, donde debutó con el stand up Yo y tres más.
A quince días del estreno, Jorge Piñeyrúa no se sabía la letra, se le complicaba para recordar de memoria y con fluidez los temas que le tocaría encarar en este debut y reconocía que no se tenía nada de fe. No suele atender el teléfono y fue el más complicado de ubicar y convencer pero terminó aceptando. Rafa Cotelo y Pablo Fabregat le dieron para adelante: "Tirate al agua", alentaron. Gaspar le secuestró a los mellizos y no tuvo otra alternativa que dar el sí. "Acepté a último momento porque no me tenía confianza, pero estar con gente con la que uno se lleva bien fue un empujón para decidirme. Conociéndome a mí es matar o morir: puede ser genial o puede ser una de las frustraciones más grandes de mi vida", asegura el conductor de Segunda Pelota y Bendita TV.
Parece que Iñaki Abadie es el más responsable del grupo y fue el único que hizo el curso de stand up en el Club de Comedia. Se aceitó bastante con las actuaciones en Mess bar pero nunca había estado parado en una sala tan grande donde 600 personas tuvieran la mirada puesta en él durante los veinte minutos que dura su monólogo. "El miedo es pararse ahí, hacer el chiste que vos sabés que es un chiste y que la gente no se ría", comenta.
Diego, Gaspar, Iñaki y el Piñe estrenaron Yo y tres más el jueves 3 de noviembre a las 21:00 horas en Lorente y tienen previsto hacer cuatro únicas funciones. La idea del nombre es jugar un poco con los egos de cada uno de estos hombres de televisión que se animaron a estar tras bambalinas.
"Tiene sentido porque muchos van a venir a ver al Piñe, otros a Gaspar, otros a Iñaki y otros a mí. Cada uno tiene un público pero también los cuatro tenemos un público más o menos parecido. Si bien alguno va a venir a ver a uno solo, de rebote va a ver a los otros tres también", cuenta Diego a propósito del nombre del espectáculo. "Es una forma divertida de decir que éramos cuatro, ¿no? Yo y tres más", simplifica el Piñe.
El cuarteto principiante en el área de los monólogos recibió a Sábado Show en Lorente días antes del estreno y contó entre risas y chistes constantes cómo se fue armando Yo y tres más; algunos entretelones divertidos de esta camada de amigos y ahora también compañeros de elenco.
cupleteros hacen stand up. Juan Pablo Olivera, productor de Yo y tres más, fundador y docente de Club de Comedia, estaba trabajando con Karina Vignola en los monólogos del tránsito lento. Quería armar un show de stand up y pensó en Gaspar como una opción atractiva. Se lo comentó a Karina, cuadraron un par de situaciones y nació Yo y tres más. Gaspar llamó a Diego e Iñaki porque eran amigos. El último en recibir la oferta fue el Piñe, que lo meditó, dudó un poquito más pero hoy es uno más del proyecto.
"Por un lado tenés el miedo de que te vaya mal porque es algo nuevo, pero por el otro, puede ser alucinante. Volver a vivir esos nervios, la incertidumbre de cómo te puede ir. Tiene ese doble juego que es genial: el miedo al fracaso pero también la posibilidad de que la gente se muera de risa y eso debe de ser fantástico. Así como la cámara te protege y no ves al público, tampoco lo ves cuando las cosas salen bien. Y ver la reacción de la gente debe de ser una energía...", comenta el Piñe.
Diego asegura que lo de ellos está más cerca del cuplé que del típico stand up. Tuvieron que aprender a manejar el lenguaje y los códigos que exige esta modalidad arriba del escenario: tiempos, remates, chistes, risas.
No estuvieron solos en ese proceso de absorción de conceptos. El cuarteto trabajó junto a un comedy body (partainer de comedia). Es decir, un egresado del Club de Comedia capaz de entenderles la cabeza para trasladar lo que querían decir y transmitir al lenguaje del stand up, que dista bastante de lo que ellos estaban acostumbrados con la radio y la televisión.
Los encuentros fueron asiduos durante dos meses. Hubo cervezas, extensas charlas de por medio y gran química con el fin de generar una relación de intimidad porque la pieza esencial para que la dupla funcione y el espectáculo sea exitoso es la honestidad. El comedy body debía seguir la línea de pensamiento y sensibilidad y así convertirse en el alter ego de estos cuatro principiantes.
El Piñe nunca llenó la planilla que le pidieron al comienzo pero los otros tres sí lo hicieron. De ahí se dedujeron gustos, intereses y cuestiones personales de cada uno. Diego ya conocía a su guionista porque habían hecho otro trabajo juntos. Prendió el grabador y habló durante una hora y media. Al día siguiente ese material había quedado reducido a 17 minutos. "Quedé de cara. Toda la pelotudez de relleno que tenía", indica.
Las siguientes reuniones sirvieron para hacer correcciones, afinar, marcar pautas, chistes, remates e intercambiar ideas. Después, a ensayar frente al espejo o donde le quedara más cómodo a cada monologuista.
Una historia similar a la de Diego se repitió con Gaspar y el Piñe pero no así con Iñaki que se guionó a sí mismo y recibió poca ayuda externa, ya que conocía los códigos por haber hecho el curso.
La esencia del stand up es hablar desde uno mismo, sincerarse con quienes están en la sala y ser lo más honesto posible. El público ya los conoce, los tiene vistos pero la idea es que se acerque a ellos desde una posición distinta a la que están acostumbrados, dejando ver un costado más personal, mezclando intimidad con cierta dosis de humor y risas.
Los temas responden a la historia de vida de estos cuatro muchachos y se resume en veinte minutos para cada uno. El Piñe es el hilo conductor del show. Presenta a sus tres compañeros al tiempo que mecha sus anécdotas: "El cagazo que me produce todo esto, mi relación con el sexo opuesto, mi primera chuponeada", lo mal que se lleva con la tecnología y el inglés son los tópicos que recorre.
Gaspar habla del embarazo, las hijas mujeres, la convivencia y la experiencia de trabajar con su mujer. Iñaki cuenta el antes y después de trabajar con Omar Gutiérrez: "Cómo mi padre tiró la plata mandándome a un colegio aristocrático de Carrasco y yo terminé siendo el movilero de Hola vecinos. Y Diego se mete con la gordura, la comida, los viajes, los turistas uruguayos en el exterior y Julio Alonso, a quien recomienda que vaya recién en la tercera función así la gente lo alerta, le explica de qué va todo este asunto y le evita pasar un mal rato.
compromiso. "Llegamos medio tarde con esto del stand up", se sincera el Piñe. Pero ese desembarco tardío puede llegar a tener una ventaja importante: hay incertidumbre; la gente está a la expectativa de qué podrán hacer estos cuatro, con qué se van a despachar. "Yo creo que mucha gente también va a venir a vernos fracasar", agrega el conductor de radio y TV.
Desde la vieja a los niños y todo lo que está en el medio: ese dice Diego que es el público que los sigue. "Somos gente popular pero no en el sentido de que nos conoce mucha gente sino que tenemos un público amplio, no estamos sectorizados".
No sólo comparten la pantalla de Canal 10 sino también su condición, que el Piñe la define como gente normal. "Acá no hay grandes actores. Es gente que es divertida naturalmente. Aparte es bastante terrenal, no vas a encontrar nada demasiado rebuscado ni intelectual. Es una cosa sencilla. Me parece que es el humor de la gente común. Por lo menos es lo que buscamos porque es lo que sabemos hacer".
La tele se prende y ellos están ahí. El público no tiene que dar nada a cambio. En teatro está el dinero de por medio. "Pagaron la entrada para reírse. 600 personas mirándote y vos paradito, ahí solo", señala Iñaki. Eso les pesa y lo asumen como un compromiso. "Tenés que darles algo buenísimo para que se vayan re contentos", asevera Diego.
Están seguros de que contarán con el apoyo de la gente y que podrán llenar la sala pero quieren dejar una buena impresión y hacerlo bien. "La gente va a estar. El miedo que tenemos no es ese", dice Diego. "El miedo es que la gente que venga, sea mucha o poca, se vaya diciendo, qué bueno que estuvo, y no que se vayan diciendo, pah, no los veo nunca más en la tele", añade el Piñe.
Y redondea la idea: "No nos paramos solamente en eso de que somos conocidos. Estamos tratando de hacerlo bien. La idea es subirnos y quedar bien parados. En vez de decir, la gente nos conoce, capaz que nos quiere venir a ver, al contrario, para nosotros es una responsabilidad. La gente nos conoce, nos va a venir a ver, tenemos que responder", concluye Jorge Piñeyrúa.








