César Bianchi
Cuando hace dos semanas la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea) prohibió el uso del SUN para calentar el agua por considerarlo peligroso, mucha gente puso el grito en el cielo. Era el fin del más notable invento autóctono.
Pero muchos de los entristecidos uruguayos ignoran que, dentro de poco, prescindirán del mozo en un restaurante, porque podrán hacer los pedidos desde una pantalla táctil en su mesa; no necesitarán secarse con una toalla al salir del baño gracias a un mecanismo de vapor llamado dry shower; o quizás algún día hasta lleguen a manejar un auto a aire comprimido, como los que quiere imponer el inventor Armando Regusci desde hace bastante más de dos décadas. Y todo gracias a los cerebros que no se fugaron.
Un millar de inventores uruguayos dedican tiempo y dinero a pergeñar productos innovadores que le faciliten la vida a sus compatriotas o satisfagan las necesidades del nuevo milenio. Apenas algunos de ellos se preocupan por patentar sus ideas, mientras que otros priorizan hallar un nicho en el mercado para sus prototipos. El que se preocupe por evitar que nadie le copie la idea, puede perder el momento de vender algo que quizás sea sólo una simple moda.
Aunque la cifra ha ido en caída, en el último lustro se solicitaron unos 100 trámites de patentes en promedio anual, ante la Dirección Nacional de Propiedad Industrial (Dnpi) del Ministerio de Industria, según indicó su directora, Cristina Dartayerte. En 2009 se recibieron sólo 11 solicitudes de patente de residentes en el país y 43 de no residentes, se concedieron 14 a personas que viven en el territorio nacional y 41 a residentes extranjeros. En comparación, el año pasado se concedieron 55, en 2008 fueron 161 y hace tres años 265.
Hay tres tipos de solicitudes: de diseños industriales, de modelos de utilidad y las llamadas patentes de invención, que implican una novedad absoluta en el campo tecnológico. El modelo de utilidad (o "pequeña patente") es para aquellos que introducen mejoras o avances a un producto ya inventado, y los diseños industriales plantean un nuevo formato para algo que será comercializado industrialmente. Las cotizaciones de las tasas (ver recuadro) están pensadas -dijo José Villamide, director de la oficina de Patentes- para que los inventores independientes y pymes paguen menos que las empresas o laboratorios.
Pero no todos los inventores inician el largo y engorroso trámite de patentes. Para muchos, lo importante es crear y venderlo cuanto antes, a riesgo de la copia. Es el caso de Gabriel Kann, ex presidente de la Asociación de Inventores del Uruguay, ahora desvinculado de la misma.
Kann, de oficio programador web y diseñador gráfico, inventó en 1983 el practi-memo. En sus palabras: "una tablita con un clip y una ventosa que se incorporaba al parabrisas del auto, con una libretita y unos ganchitos con una lapicera y una piolita de plástico. Para tomar apuntes". Inició la solicitud de patente, pero finalmente no pagó los derechos anuales para mantener la autoría y no le fue concedida.
Como se sabe, muchos taxistas incorporaron el practi-memo a sus unidades, aún sin saber el nombre del invento.
Kann también creó una silla de metal que simulaba ser de bambú. Le vendió decenas a reparticiones del Estado, exportó a Brasil pero tampoco patentó el diseño. Y también innovó con un sistema publicitario de tres carteles que al girar proyectaban la imagen de al lado. Desestimulado por la demora de la Dnpi tampoco lo patentó y tiempo después vio cómo una agencia de publicidad ponía "sus" carteles en la rambla. "También inventé la primera guía de correos electrónicos cuando apareció internet. ¡Tengo tantas cosas inventadas!", exclamó Kann, quien ahora trabaja en un proyecto para seguir trámites on-line y prefiere no dar más datos.
Kann, claramente, no es el inventor tipo. Según la directora de la Propiedad Industrial, la doctora Dartayerte, aquel que se pasaba horas pensando una novedad es un perfil en extinción. "Ese tiende y debe desaparecer, porque la invención y la patente van ligadas a un desarrollo industrial y a un proceso. Aquel loco al que se le ocurrían cosas es parte de un estadio anterior en el desarrollo tecnológico", dijo. Hoy predominan los investigadores que trabajan en equipos multidisciplinarios, formados en las facultades de Ingeniería, Química o Medicina.
"Uno de los debes", reconoce Dartayerte, "es la vinculación entre la academia y la empresa que lo comercializará. Que todo eso que se investiga pueda llegar, a través de licencias, a la industria".
Para eso, precisamente, hace cinco años se abrió la Fundación Julio Ricaldoni en la Facultad de Ingeniería. Según su director, Gerardo Agresta, surgió como un instrumento para vincular a los investigadores con las empresas.
El nuevo perfil de inventores que expone Dartayerte se puede apreciar en algunos proyectos exitosos surgidos del ámbito académico.
En 2001 el ingeniero Horacio Failache desarrolló el biliLED, un inédito equipo de fototerapia para el tratamiento de la ictericia (la acumulación de bilirrubina en la sangre) en recién nacidos. Siete años después, el presidente Vázquez citó el invento como ejemplo del compromiso de la Universidad de la República (Udelar) con la democratización del conocimiento al inaugurar el Foro de Innovación de las Américas.
De las bondades del biliLED -en uso en el Pereira Rossell y el Hospital de Clínicas- se ocupó la primera edición de la revista Enlaces, de la facultad de Ingeniería. En otras ediciones dio cuenta de otros inventos académicos como un sistema integrado de tratamiento de residuos orgánicos que patentó la facultad y se utiliza en industrias lácteas. El mecanismo convierte hasta el 95% de los desechos orgánicos en combustible. La Cooperativa de Leche de Melo (Coleme), por ejemplo, lo utiliza desde 2004.
La fundación Ricaldoni, por su parte, apadrina emprendimientos de estudiantes avanzados de la carrera, así como de otros investigadores, desde hace dos años. De esa iniciativa, que dota de 2.500 dólares a los jóvenes investigadores, surgieron cosas como el sistema de secado a vapor que se prevé utilizar en principio en el Centro Nacional de Quemados; el AcruxSoft, un software 3D interactivo dirigido a la pesca industrial, o Jaime, un sistema que maneja distintas líneas de controladores mediante comandos de voz. "Que alguien entre a su casa y al decir una palabra se prendan las luces o al decir `música` se prenda el equipo de audio", ejemplificó Agresta. Como en las películas de Hollywood, pero pensado acá.
Pero hay otros apoyos a la invención acunada en investigaciones universitarias. La Agencia Nacional de Investigación e Innovación (Anii) tiene un programa llamado Proyectos de Apoyo a Prototipos de Potencial Innovador con el que da subsidios de hasta 70.000 dólares a las mejores propuestas. El AcruxSoft, por ejemplo, es una idea apoyada por la Anii con 57.000. La agencia gubernamental cuenta, además, con los fondos Clemente Estable (para investigación básica) y María Viñas (para investigación aplicada) con presupuestos de hasta dos millones de dólares cada uno para más de 700 proyectos.
Por su parte, la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Udelar impulsa proyectos de investigación y desarrollo con montos de unos 20.000 dólares.
"Nosotros tenemos que incentivar a los docentes a que tomen ese camino, porque el investigador científico no necesariamente es un inventor", opinó Agresta. "Llegar al invento y desarrollarlo funcionalmente tiene una serie de dificultades que pueden ser muy aburridas. Desde los detalles legales hasta elegir el tipo de engranaje para que quede perfecto. Si resolviste el problema clave desde lo científico, ¡lo demás que lo haga otro!".
Lejos de la caricatura de un Girosintornillos que decía "¡Eureka!" cuando se le prendía la lamparita, el perfil del inventor uruguayo exitoso hoy es el de un emprendedor con visión comercial, que sabe defender su producto en el mercado, tal como explicó Cecilia Martínez, asesora legal del sitio www.inventayemprende.com.
Ensayo y error. Guillermo Bouissa ilustra bien al inventor aggiornado al modelo mundial. Tiene un aserradero que fabrica envases de madera (palets, cajones) para las distintas necesidades de sus clientes. A pedido de ellos, creó un sistema de pala y válvula para introducir en el acuífero Raigón y retener la arena a la hora de hacer excavaciones. Luego diseñó una piscina desmontable para que personas con discapacidades puedan hacer fisioterapia y hasta una método indoloro de extracción de sangre con una jeringa que se acciona con solo apretar un botón. También pensó en un sistema de calefacción que aproveche la luz solar.
Viajó a Estados Unidos a colocar sus piscinas desmontables a base de fibra de vidrio en el mercado, pero regresó sin éxito. También conversó en España con inversores que le sugirieron comience los trámites de patente internacional ante la exigente Unión Europea.
"Me interesa solucionar problemas. El inventor piensa, recicla, pone plata. Yo voy a una chatarrería y se me ocurren ideas... Las cosas están ahí, el tema es conectarlas para que funcionen", sostuvo. "Me gustaría vivir de mi habilidad para inventar, pero el gobierno no ayuda mucho", agregó Bouissa.
No es tan así. Para eso está la Anii, organismo dependiente de los ministerios de Economía, Ganadería, Educación, Industria y la OPP, que forman el llamado "gabinete de innovación".
De todas formas, no fue el único que le achaca la culpa de la falta de estímulos al Estado. Regusci, inventor del hidrosvol y otros vehículos a aire comprimido, se ha quejado constantemente de no contar con apoyo. Su caso es distinto: cree que se ensañaron con él porque se enfrentó al poder capitalista. "Los gobiernos de turno nos han cortado la cabeza. Intenté importar tanques de fibra de carbono de Francia que valen 500 dólares y para sacarlo de la Aduana nos cobraban 5.000. Y ni siquiera me dan permiso para circular en el auto libremente", señala Regusci, quien culpa de su fracaso al poder de las grandes petroleras.
Kann, un inventor de la vieja escuela, también habló de carencia de políticas que incentiven la innovación. "El Estado piensa en invertir en el agro y no en la producción masiva porque cree que traería desocupación a gran escala. Pero hace acuerdos comerciales con China, les vende productos agropecuarios y a cambio los chinos nos dan mercaderías baratas de baja calidad. Eso también genera desocupación, porque ¿dónde están las industrias?", se preguntó.
El abordaje político de algunos inventores no es antojadizo. Hay quienes, incluso, creen que este es el momento oportuno para golpear las puertas del nuevo gobierno y hacerse oír.
Dos estilos, un objetivo. Alberto Rodríguez Carassús y el mencionado Regusci representan dos tipos distintos de inventores. El primero, usualmente de traje, corbata y lentes de armazón, es un ingeniero civil que ya inició el trámite de patente del assemblock, un sistema constructivo integral que le permite a cualquier persona levantar su propia casa de bloques, aunque ignore los preceptos básicos de albañilería. Sólo es cuestión de encastrar el premoldeado como si fueran piezas de un lego.
"La idea es tener un bloque fácilmente manipulable por personas no idóneas en la construcción", cuenta Rodríguez Carassús. Y muestra en forma práctica cómo funciona su invento: toma bloques y los encastra con facilidad. Los bloques están hechos de arena con portland, más fibras de acero en su interior, lo que los dota de una fuerza que hace innecesaria la mezcla o mortero para pegarse a la unidad de al lado. "Así se pueden levantar paredes y lo hace cualquiera. Uno se puede levantar su propia vivienda y quedará con una terminación profesional porque el encastre no permite ninguna desviación", concluye.
Regusci, en tanto, fue de pantalón de vestir y championes a la entrevista. Da la imagen de un quijote desangelado por la cantidad de rechazos y falta de apoyo que signaron sus invenciones de vehículos a aire comprimido desde los años setenta.
El fernandino, de 70 años, dice que lo de él está en los genes, porque el abuelo de su abuelo fue Volta, el inventor de la pila eléctrica. Se ilusiona contando que mediante un motor eléctrico o molino de viento se mueve un compresor (que también patentó), y así se produce el aire comprimido. Con los dichosos tanques de fibra de carbono -que tanto le cuesta importar- puede lograr una autonomía de 200 a 300 kilómetros con una sola carga. "De todos los vehículos ecológicos que no producen polución, el mío es el mejor en el mundo. Me copió un francés, Guy-Negre, pero el de él es con cigüeñal, entonces le gano en eficiencia", se jactó.
En 2006 Regusci fue a Canal 4 y llamó a interesados en ser accionistas del auto no contaminante del futuro. Vendió 5.000 acciones a un dólar, otras 5.000 a 10 dólares, y muchas más a 100 dólares. Pero asimismo vendió acciones más caras de 5.000, 10.000 y hasta una de 20.000 dólares. Así fundó la Regusci Air Company, a la que aportó el 90% del paquete accionario. Abrió un galpón, compró terrenos y pagó patentes. Y mientras siguió trabajando, un día recibió la visita de un inversionista árabe que desde Abu-Dhabi quiere catapultar sus autos al mundo entero.
Además del oficio de inventores, Rodríguez Carassús y Regusci comparten una inquietud: quieren llegar al propio José Mujica para conseguir apoyo e inversionistas.
El serio ingeniero civil vio como una bendición esta nota justo dos días antes de la asunción de Mujica. "Al gobierno le puede servir la utilidad social de mi invento. Para que un fabricante se decida a lanzarlo es necesario un interés manifiesto del Estado. Creo que las autoridades del nuevo gobierno tienen la sensibilidad de querer solucionar los problemas de vivienda", dijo.
Por su parte, Regusci es más ambicioso. Hasta la entrevista mano a mano con el próximo presidente no para. "Había una canción que decía: `Peeepe, Pepe con la gente`. Pero tengo un amigo que es muy amigo de él y me aclaró que es difícil llegar a él. Quiero que me reciba", sostuvo.
Pretende que, como mínimo, se aliente su trabajo exonerándolo de impuestos para poder importar productos para sus autos. Y que le permitan desplazarse en él, claro.
Trámite largo, no costoso
Iniciar una solicitud de patente de modelo de utilidad o diseño industrial cuesta 2,5 unidades reajustabless (UR), 1.100 pesos. Una patente de invención, el doble. La presentación cuesta 10 UR para patentes de invención y la mitad para las otras categorías. Los trámites de diseños industriales llevan seis meses pero los otros pueden demandar hasta seis años.
Auge de fórmulas químicas
De diseño
Desde garitas a envases cervezas, son ejemplos de estas patentes.
De modelos
Constantes avances de las Unidades Potabilizadoras de Agua (UPA).
De invención
Abundan las fórmulas químicas para desarrollar medicamentos.
20
años dura la vigencia de la patente, desde que se inicia la solicitud del trámite.
40
por ciento de las solicitudes de patentes son concedidas, según la Dirección de Propiedad Industrial.
La muerte del popular `SUN`
Si a usted le piden que mencione un invento uruguayo, seguramente diga: "el SUN" o "el zum". Pues bien, el más famoso invento oriental es este práctico artefacto para calentar agua, té o cualquier líquido. Fue creado en 1962 por Carlos Caggiani, quien lo patentó al año siguiente. SUN significa Soy Una Novedad.
El 12 de febrero pasado la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea) prohibió su uso por considerarlo "peligroso". La Ursea argumentó que el sun no cumplía con los requisitos mínimos de seguridad relacionados al adecuado aislamiento establecidos por la norma UNIT 335/1.
Emilio González, director de la Ursea, le dijo a radio El Espectador que la comercialización del sun estaba prohibida desde 2002 pero nunca se puso salir a inspeccionar por falta de personal. Según un relevamiento de El País en kioscos y supermercados costaba 20 pesos y cada comercio solía vender una decena por semana. "Los requisitos esenciales de seguridad tienen que ser vigilados por los propios fabricantes o importadores, salvo una lista de artículos a los que inmediatamente se les exige una certificación, si no, no pueden ser comercializados. Como el universo de equipamiento eléctrico es tan grande, en el año 2002 se sacó esa primera lista de artículos de uso doméstico más `peligrosos` y luego se fueron incorporando otros artículos incluyendo qué norma debían cumplir y el sistema de certificación que se iba a exigir", dijo González, quien especificó el alcance de la norma UNIT que lo prohibe. "Todo equipamiento eléctrico de baja tensión debe tener adecuado aislamiento. Esa aislación está caracterizada con un número (0, 1, 2, 3, 4). La clase 0 está prohibida por el reglamento, la que sólo tiene una aislación básica y la protección depende del entorno en que se encuentra el aparato", explicó.
Inventores
WC autónomo
Elio Saravia patentó un dispositivo de cisterna que se descarga sola. Pero a diferencia de los similares que hay, por ejemplo, en el Aeropuerto de Carrasco, el suyo incluye desinfectante y economiza agua. "La idea la tuve en el 98, en el 2000 encontré el camino de lo que quería y de ahí al 2005 la perfeccioné". Para ello, este técnico en refrigeración y aire acondicionado, debió invertir tiempo y 6.000 dólares. Autodidacta, está negociando con un posible inversor en Uruguay para su prefabricación.
Pela tiburones
Marcel Rodríguez es veterinario pero tiene 32 años en la pesca. Inventó una máquina que permite quitarle la piel al tiburón sin que se rompa. "Te saca la piel íntegra y pasa de ser algo contaminante a ser un objeto industrializante", dijo. Normalmente en Uruguay se "pela" el tiburón congelado a cuchillo, a jirones, contra la carne, que suele quedar inutilizable. El país exporta grandes cantidades de pieles de tiburón a Brasil. Luego de un intento fallido, hoy estudia interesados en México e Italia.
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