La cuestión. ¿Cuál es la relevancia histórica de la revolución conservadora que lideró Ronald Reagan?
La respuesta / La historia de la libertad en EE.UU.
El concepto de libertad está en la base misma que los padres fundadores legaron a Estados Unidos. Sin embargo, el alcance de esa libertad ha cambiado dependiendo no sólo del presidente de turno sino también de los intereses nacionales. Por eso es bien enriquecedor este trabajo de Eric Foner, La historia de la libertad en EE.UU. (Península, 600 pesos) que relata los últimos 240 años de la principal potencia mundial a partir de su bien de exportación más preciado, sí, pero en nombre del cual muchas veces han hecho cosas que el mundo les ha criticado.
Todo un experto en materia de liderazgo simbólico, Ronald Reagan asoció su figura a los emblemas de la nacionalidad (en especial a la bandera) e invocó en reiteradas ocasiones la intemporal retórica de la misión (o mandato divino) de Estados Unidos como "faro de la libertad". (...) Muchas de las políticas concretas de Reagan -desde los recortes fiscales y la reducción de las regulaciones públicas hasta los grandes aumentos del gasto militar- se habían iniciado ya en tiempos de Carter. Pero fue Reagan de todos modos quien se hizo valedor de las mismas empleando el vocabulario de la libertad. De hecho la "libertad" se convirtió en santo y seña de la revolución de Reagan quien, en sus apariciones en público y en sus documentos de Estado, empleó el término con mayor frecuencia que ningún otro presidente hasta entonces (o desde entonces). Los años de Reagan en el cargo concluyeron el proceso por el que la libertad, tras haber sido abandonada progresivamente por los liberales y la izquierda, pasó a quedar identificada con los objetivos y los valores conservadores. (...)
La administración Reagan señaló el fin del New Deal como conjunto dominante de políticas públicas, ideas y alianzas políticas. Como Roosevelt y Johnson antes que él, Reagan también habló de "libertad económica" y propuso una "Carta de Derechos económica". Pero a diferencia de sus predecesores, que utilizaron esas expresiones para favorecer la creación de puestos de trabajo, combatir la pobreza y mejorar la Seguridad Social, para Reagan, la libertad económica significaba desmantelar las regulaciones económicas y reducir el poder de los sindicatos con el único fin de garantizar el derecho del individuo a "contratar libremente los bienes y los servicios que desee".
(...) La presidencia de Reagan puso de manifiesto las contradicciones que encerraba el núcleo mismo del pensamiento conservador moderno. En el plano retórico, el presidente trató de abordar los temas que preocupaban a la derecha religiosa y, por ello, se oponía firmemente al aborto y abogaba por una "vuelta a los valores espirituales" como modo de fortalecer las familias tradicionales y las comunidades locales. La libertad, según insistía él, acarreaba responsabilidad: "No se nos deja libres para que nos convirtamos en esclavos del pecado". Pero, al mismo tiempo, como la mayoría de los conservadores, eximía a la economía de su (por lo demás) generalizada aversión al comportamiento egoísta interesado y de su exigencia de comportamiento moral en cualquier otro terreno: en el campo económico, pues, el único árbitro de lo correcto y lo incorrecto era la rentabilidad pura y descarnada. Al final, la revolución de Reagan terminó por minar los mismo valores y las mismas instituciones sociales que los conservadores profesaban tener en máxima estima.
(...) Pocas figuras han conseguido cambiar el lenguaje de la política como Ronald Reagan. En la década de 1990, casi ningún político se reconocía ya como liberal. Los presupuestos conservadores a propósito del carácter sagrado del libre mercado y de los males de una administración pública y un gobierno "desproporcionado" dominaban los medios de comunicación y los debates políticos y eran aceptados sin reservas tanto por el presidente Bill Clinton (un demócrata) como por muchos republicanos. En lugar de actuar como vehículo del progreso social o racial, durante la década de 1990 el Estado en todos sus niveles se esforzó por reducirse así mismo y por renunciar a la tradición de combatir la desigualdad social.
Profesor famoso
Eric Foner es uno de los principales historiadores estadounidenses. Es catedrático de la Universidad de Columbia y presidente de la Asociación de Historiadores de Estados Unidos.