El nuevo iPhone 4 ha sido un producto atípico para Apple. Siempre en la cresta de la ola tecnológica, acostumbrada a hacer que el mercado zozobre con productos novedosos y de impecable diseño, Apple ha alarmado, por primera vez, a sus propios consumidores por un fallo físico en el diseño de su nuevo teléfono, cuya llegada a Uruguay está prevista para mediados de septiembre.
Atentas a la polémica mundial en torno a la antena problemática del prodigio tecnológico de Apple, las representaciones uruguayas de Claro y Movistar buscan lanzar señales claras y garantizar que el producto no presentará inconvenientes a los usuarios que lo compren.
"Todos los equipos que se traen se someten a pruebas reales sobre las redes nuestras y hasta ahora el iPhone 4 no ha presentado problemas de recepción", dijo a El Empresario la coordinadora de medios de Movistar, Soledad Suárez. Por su parte, el gerente general de Claro Uruguay, Horacio Alvarellos, aseguró que "cuando el equipo llegue en septiembre va a estar 100% solucionado" ya que "el problema lo están teniendo con lo que ya se entregaron, no con los nuevos teléfonos".
Con Ancel fuera de competencia -aunque negociando por lograr incorporarse en el nicho-, Claro y Movistar se preparan para dar la batalla local por captar a los clientes más vanguardistas en materia tecnológica y ambas compañías prevén mantener planes similares a los que ofrecían con los modelos anteriores del producto.
Lo que enfureció a Jobs
La comercialización de este nuevo producto ha provocado dudas entre consumidores, blogueros y analistas: ¿Cuán sólida es la relación de Apple con sus usuarios? ¿Hay algo que pueda romper la fe ciega de estos por su marca de referencia? ¿Languidecerá algún día el culto a Mac?
El lanzamiento del teléfono fue, en principio, un éxito. Creó la expectación que se esperaba de él. En una de sus ya clásicas ruedas de prensa, el consejero delegado de Apple, Steve Jobs, presentó las principales novedades del teléfono: dos cámaras para hacer videollamadas, una pantalla de alta definición, una cubierta cristalina. Se agotó en el primer día. En menos de un mes vendió tres millones de unidades. Y, de repente, estalló el antenagate.
El 12 de julio, la revista Consumer Reports, que tiene siete millones de suscriptores, le plantó cara a Jobs. Sus periodistas habían recibido numerosas quejas de que, al sujetar el iPhone 4 con la mano, la cobertura descendía de forma dramática. Hubo centenares de quejas similares. Así que Consumer Reports publicó una crítica en principio elogiosa en la que decía: "Su pantalla y su videocámara son las mejores que hemos visto en un teléfono". Pero añadía: "Los ingenieros de Consumer Reports acaban de probar el iPhone 4 y han confirmado que existe, de hecho, un problema de recepción. Cuando tus dedos o manos tocan el punto en la parte inferior izquierda del teléfono -algo que puede suceder comúnmente, sobre todo con los zurdos- la señal puede reducirse significativamente, hasta el punto de que se puede perder la conexión si se está en un área de mala cobertura". Y la frase que enfureció a Jobs: "Debido a ese problema, no podemos recomendar el iPhone 4".
Alterados, en Apple hicieron algo que no habían hecho hasta la fecha: convocaron a los medios cuatro días después de que se publicara aquel informe. Apple, que nunca responde, respondió. Steve Jobs pidió perdón a regañadientes. "No somos perfectos. Los teléfonos no son perfectos", admitió. "Esto se ha exagerado", dijo. Mostró estadísticas que pretendían ilustrar cómo la mayoría de sus consumidores estaban satisfechos con el teléfono: sólo había habido un 1,7% de devoluciones. Luego enseñó cómo se tenía que sujetar el modelo para evitar problemas, explicó que no se retiraría el teléfono del mercado y que la empresa regalaría cubiertas de plástico para atenuar el efecto de tapón que tenía la piel humana sobre la cubierta metálica del celular. Finalmente, Jobs se reafirmó diciendo que el iPhone 4 era el "mejor producto que se ha fabricado en Apple".
Para muchos analistas, aquello era una muestra de qué especial es la relación que han entablado Apple y sus fieles consumidores. No era Apple quien tenía que reparar el teléfono, era el usuario quien debía sujetarlo de otro modo. Lleva sucediendo así desde hace años: Apple lleva la voz cantante en esa relación. Comercializa productos que deja anticuados en cuestión de meses. En un año, por ejemplo, desfasó el iPhone 3G con el 4.
Jobs buscó además repartir las culpas. Mostró imágenes de cómo, si se sujetaba otros teléfonos del mismo modo, ocurría la misma bajada de cobertura. Específicamente, acusaba a la BlackBerry Bold 9700, al HTC Droid Eris, al Motorola Droid X, al Nokia N97 mini y al Samsung Omnia II. Sus competidores se lo han tomado como el inicio de la guerra sucia.
Los consejeros delegados de RIM (fabricante de BlackBerry), Mike Lazaridis y Jim Balsillie, respondieron en un comunicado el mismo 16 de julio: "La intentona de Apple de arrastrarnos a la debacle en la que se ha metido es inaceptable". En la guerra del antenagate ha entrado Motorola. En un nuevo anuncio de su teléfono Droid aseguraba: "No necesita chaqueta", en referencia a las cubiertas que Apple regala a sus usuarios. "Es lo que nos sucede a las empresas que hemos estado fabricando teléfonos durante 30 años". Se le ha unido Samsung. En el nuevo anuncio para el Galaxy, se lee, en inglés: "Hellllo", con las eles formando la señal de cobertura con plena recepción.
El País de Madrid y Redacción
Curitas para sanar el problema
La entrega de fundas de plástico gratuitas, cuyo precio ronda los 23 euros, es como usar una curita para una enfermedad seria en opinión de los especialistas de la revista Consumer Reports.
"El programa de fundas acaba en setiembre. Nos parece que es algo totalmente pasajero que no resuelve el problema del que hemos informado exhaustivamente", dijo Lauren Hackett, portavoz de la revista. "A nadie se le ocurriría que una funda de plástico es la solución a un problema de ese calado. Lo que se necesitaría es un rediseño", agregó.