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JUAN DUBRA
La emigración hoy no es un tema importante para Uruguay, donde hay mucha gente gestionando permisos en Cancillería para volverse. Pero entender las consecuencias de los movimientos de gente y las trabas que existen a su libre movilidad, son hoy el principal problema económico del mundo. Para ver la importancia del problema imaginen el revuelo que provocaría un cambio en la política que produjera un incremento de 20% en el PIB mundial; eliminar las trabas a los movimientos de gente, probablemente lo incrementaría en 5 ó 6 veces esa magnitud.
Por un lado, están los grandes beneficios que se apropia la gente que emigra y, por otro están las consecuencias para los países receptores y expulsores. La emigración y en particular el "brain drain" (la fuga de cerebros, la emigración de personal calificado de países más pobres a naciones más ricas) son una fuente de preocupación en América Latina y el mundo en desarrollo más generalmente. Se lo acusa de ser un freno al crecimiento y un riesgo para los sistemas sanitarios, por llevarse a la gente educada y a los médicos, por ejemplo. Sin ir más lejos, en Uruguay faltan médicos en el interior, y hay médicos que emigran.
Hoy solo voy a mencionar algunas de las razones por las que el brain drain es bueno. Luego analizaré los números sobre cuánto se pierde a nivel global por trabas a la emigración.
VENTAJAS EN ORIGEN. En primer lugar, y como cosa más obvia, si alguien elige irse, es porque prefiere eso, y no quedarse. Aunque no es un argumento para decir "seguro le hace bien al país, si le hace bien al que se va", es al menos un argumento para decir "probablemente le haga bien a la familia, si la decisión de `mandar un miembro de la familia` fue una decisión del núcleo familiar". En muchos países de Centroamérica, la decisión de un miembro de la familia de irse, es tomada en el seno de la familia, como forma de conseguir una fuente de remesas.
En algunos de esos países, las remesas son una de las principales fuentes de ingresos para las familias y para el país como un todo. Uno podría pensar que si las remesas son una forma de "asistencialismo", en realidad le hacen mal al receptor pues no atacan la causa de la pobreza; pero no ahondaré en ese argumento tampoco.
De todas maneras, el gráfico adjunto, tomado de Gibson y McKenzie 2011 (parte de un simposio sobre emigración que se puede bajar en forma gratuita de la página del Journal of Economic Perspectives), muestra que las remesas provenientes del brain drain no son importantes para Uruguay.
Para ver el segundo mecanismo por el cual la emigración puede ser buena para un país, imaginemos que de entre todos los que se gradúen de economía este año, se irán a las mejores universidades de Estados Unidos solo diez personas. En la medida que eso funciona como un incentivo a estudiar más (para tratar de ocupar una de esas diez plazas), aquellos que estudien más, y no logren irse, tendrán más capital humano y se quedarán en el país. El saldo neto es ambiguo en teoría, y en la práctica las estimaciones no son muy creíbles.
En tercer lugar, mucha de la gente que se va, vuelve, y lo hace con un nivel de preparación que no podría haber obtenido en su país natal. Pensemos en la cantidad de doctores graduados en Estados Unidos y Europa poblando nuestro Banco Central, y Ministerio de Economía. En el caso de África, además, una parte importante de los movimientos independentistas (de las otrora colonias europeas) fue liderada por africanos que estudiaron en Oxford y lugares similares. Quizás los movimientos hubieran sido liderados antes por esa misma gente si no se hubiera ido; pero resulta difícil creer que el contacto con una democracia funcional sea "menos bueno" para educar a "libertadores" que quedarse en la colonia.
PÉRDIDAS POR TRABAS. La emigración y el brain drain deberían preocuparnos, al menos, porque las mayores distorsiones a nivel global hoy, son las trabas a la movilidad de recursos humanos desde países subdesarrollados. Por ejemplo, Gibson y McKenzie documentan incrementos salariales de entre US$ 40.000 y US$ 60.000 por año para los buenos estudiantes que emigran; esas diferencias solo pueden ocurrir con barreras gigantes a la movilidad. Y el brain drain no es solo un problema de cuál es la asignación eficiente de una persona educada: cuando la gente calificada emigra, bajan los sueldos relativos de la gente menos calificada, afectando también la distribución en el país de origen (también, como contrapartida, bajan los salarios relativos de la gente calificada en el país receptor; como dato "curioso" y "extremo", el 47% de aquellos que tienen un PhD y trabajan como "computer or software engineers" en Estados Unidos, nació en un país en desarrollo).
La emigración puede ser muy importante para los países expulsores. Por ejemplo, 40% de los adultos en el cuartil de países más pobres quiere emigrar, y en Guyana y Sierra Leona, el 60% quiere emigrar (sobre estos datos, y lo que sigue, ver el trabajo de Clemens en el simposio del Journal of Economic Perspectives). Una fuerza mayor que detiene esos esfuerzos son las restricciones en los países receptores (por ejemplo, en las loterías de visas de 2010 en Estados Unidos, se presentaron casi 14 millones de personas para 50.000 visas).
Para ver cómo eliminar las barreras a los movimientos de gente puede incrementar tanto el producto global, hagamos la siguiente cuenta. En el mundo hay 1.000 millones de personas en países ricos ganando US$ 30.000 al año, y 6.000 millones ganando US$ 5.000 al año. Supongamos que después de emigrar la "primera" persona en emigrar lograra obtener 60% de la brecha (incrementar su sueldo en 15.000) y que luego de la emigración de 3.000 millones de personas, la ganancia promedio fuera de 30% de la brecha (aumento promedio en los salarios de 7.500). Los que emigraron habrían ganado 23 billones (millones de millones) que es el 38% del PIB global. En esa cuenta no se incluye la posible caída en los sueldos en las zonas ricas (y la suba en las pobres), o el crecimiento en el retorno al capital en los países ricos (y su caída en los pobres). Clemens dice "combinando esos factores con las ganancias de los emigrantes, podríamos imaginarnos ganancias totales del orden de 20-60% del PIB global".
Si eso fuera así, sin dudas es el problema más grande de la economía hoy. El cuadro adjunto muestra, con estimaciones de varias fuentes distintas, que muchos de los problemas por los que nos preocupamos los economistas suelen tener efectos muy chicos en relación a las trabas al movimiento de gente entre países.





